Carrera de obstáculos

Miguel Pinto gana la Diablo Race

Miguel Pinto. /Santiago Bermejo
Miguel Pinto. / Santiago Bermejo

La lluvia complicó y endureció la prueba celebrada en Laguna de Duero

JESÚS NIETOLaguna de Duero

Fue segundo el pasado año y este año ha sido el vencedor de la categoría Elite. Miguel Pinto, leonés, cruzó ayer el primero la meta de la Diablo Race de Laguna de Duero, una dura prueba de ocho kilómetros de recorrido en la que los corredores tenían que superar una serie de obstáculos y que ayer la lluvia contribuyó con un plus de dificultad, ya que a los atletas se les hacía imposible superar los metálicos en los que debían colgarse porque con la humedad las manos resbalaban.

«Algunos obstáculos se nos han atragantado a todos. Todo lo metálico cuando llueve se vuelve imposible. Había uno con unos cadenas que yo creo que no ha pasado nadie», señaló el vencedor de la prueba, Miguel Pinto, tras cruzar la línea de meta. «Por lo demás, el recorrido ha sido muy bonito, por el canal, por el bosque…».

Y es que justo cuando comenzaba la primera de las tandas, la categoría Elite, comenzó una persistente lluvia que no cesó en todo el tiempo que duraron las pruebas, una lluvia que además de hacer imposible colgarse de obstáculos metálicos, formó más barro en algunos tramos del recorrido e hizo más resbaladizos otros.

En total fueron 255 las personas que tomaron la salida ayer a partir de las 15.30 horas en la Diablo Race, con salida y llegada en el parque recreativo de Los Valles, donde los corredores pasaron por obstáculos naturales en caminos, zonas de pinar y el canal del Duero, además de otros obstáculos durante el circuito como trepa de cuerdas, muros, pirámides, porteo de bidones, alambradas, monkey bars o weaver.

La prueba constó de dos modalidades: la Tanda Elite y la Tanda Popular. Los atletas que se inscribieron en la tanda Elite recorrieron los ocho kilómetros bajo la normativa OSO (Obligatorio Superar el Obstáculo). La Tanda Popular también fue de ocho kilómetros, pero en este caso, los corredores pudieron recibir ayuda de sus compañeros o resto de participantes de la prueba. Los que tuvieron dificultades para superar el obstáculo con ayuda, debieron pagar una penalización (burpees) que indicó el juez o voluntario que se encontraba en el mismo.

La lluvia restó público a una de las pruebas más espectaculares que se celebran en Laguna. Pero los que no faltaron fueron los incondicionales de los corredores. Así por ejemplo, los hijos de corta edad de Miguel Pinto fueron los primeros en felicitarlo y los que más orgulloso se sentían de él. «Has ido todo el tiempo el primero», decía uno de ellos, mientras el otro informaba quien le quisiera escuchar: «Ha ganado mi padre».

 

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