Balonmano

El Recoletas se desconecta tras el descanso y cae ante el Anaitasuna

Adrián es bloqueado en su intento de penetrar en la defensa navarra. /Rodrigo Jiménez
Adrián es bloqueado en su intento de penetrar en la defensa navarra. / Rodrigo Jiménez

Los de Pisonero, que llegaron a tener cuatro goles de ventaja, encajaron un parcial de 2-10 tras el descanso

Miguel Ángel Pindado
MIGUEL ÁNGEL PINDADOValladolid

El Recoletas Atlético Valladolid echó por tierra su oportunidad de abandonar la zona mediocre de la clasificación con toda una exhibición de sus defectos en un partido en las que se las prometía muy felices después de la victoria en la cancha de Logroño.

28 Recoletas Atlético

Calle (18 paradas), Diego Camino (2,1 de penalti), Héctor (1), Abel (7, 3 de penalti), Roberto, Miguel Camino (3), Manu García (5) –siete inicial–, Víctor (2), Río (2), Adrián (4), Nico López, Mouriño (1), Dani Pérez (1),

29 Anaitasuna

Bois (7 paradas), Gastón (2), Bazán (2), Meoki (1), Krsmancic (2), Barricat, Vaquer –siete inicial–, Marcos Cancio (7 paradas), Ugarte (3), Nantes (2), Chocarro (4), Méndez (2), Ceretta (7, 2 de penalti), Etxeberria (4), Pujol.

Marcador cada cinco minutos:
0-3, 2-4, 7-5, 9-8, 13-9, 15-12; 18-15, 21-17, 22-20, 23-24, 23-27 y 28-29.
Árbitros:
Monjo Ortega (Madrid) y Martín Soria Fabián (Valencia). Excluyeron a Héctor (min. 9) y Víctor (min. 26 y 41), del Recoletas, y a Bazán (min. 10 y 33), Ugarte (min.13 y 59), Vaquer (min. 16 y 47), Meoki (min. 40) y Etxeberria (min.53), del Anaitasuna.
Incidencias:
Encuentro disputado en el Polideportivo Huerta del Rey ante unos 2.032 espectadores. En el descanso se rindió homenaje al Regimiento Farnesio. Diego Camino consiguió, con sus dos tantos, alcanzar la cifra de los 500 goles en Asobal.

Quizás ese triunfo les hizo creerse más de lo que son y saltaron a la pista de Huerta del Rey convencidos de una superioridad que en esta Liga Asobal solo se demuestra sobre el parqué. Cierto es que los colegiados estuvieron tan desacertados que contribuyeron al desbarajuste general de los vallisoletanos, pero sería otro error achacarles la culpa de la derrota. El Recoletas, que comenzó pésimamente el encuentro, encajando un parcial de 0-4, supo rehacerse con juego, con defensa, con contragolpes y con variedad en ataque ante un Anaitasuna que ponía voluntad. Y después de remontar, de obtener una cómoda ventaja de cuatro goles, el equipo se desarmó, se cortocircuitó sin que ninguno de sus hombres fuese capaz de poner un mínimo de orden ni en ataque ni en defensa. Lo que había funcionado en la primera parte se convirtió en un suplicio a partir del minuto 40. Y tampoco desde el banquillo, pese a los dos tiempos muertos solicitados, se arregló absolutamente nada. Es más, tras cada conciliábulo de Pisonero, el equipo regresaba a la pista aún más desordenado y deslabazado, con una auténtica obsesión por penetrar por el centro, olvidándose de la continuidad y de unos extremos que en la primera parte habían anotado siete de los 15 goles del equipo. El Anaitasuna, con su adelantada defensa 5-1 logró desnortar tanto a Diego como a Adrián, los encargados de dibujar las jugadas y el equipo se convirtió en un rosario de errores, precipitaciones y malas elecciones, lo que facilitaba la defensa navarra. Además, si en la primera parte, Calle, con sus trece paradas, propició la remontada, en la segunda fue el júnior navarro Marcos Cancio el que arruinó las escasas opciones de recuperación vallisoletana. Porque el Recoletas tampoco fue capaz de poner orden en su defensa 5-1 que, si bien funcionó durante 40 minutos, después se convirtió en un coladero donde los navarros penetraban con facilidad. De esta forma, los del Atlético anotaron dos goles en quince minutos y el Anaitasuna solo tuvo que ir goteando el marcador poco a poco para lograr un parcial de 2-10 que dejó sentenciado el partido.

Y es que los de Pisonero entraron con mal pie. Fallaron sus cuatro primeros ataques por faltas técnicas infantiles que provocaron los contragolpes directos de los navarros hasta colocarse con un 0-4. Consciente de que su equipo podía reaccionar, el técnico ni siquiera solicitó un tiempo muerto y ciertamente sus hombres, con un Calle excelente, fueron lentamente recuperándose en el marcador hasta que Abel anotó el 6-5 que les ponía por primera vez por delante.

A partir de ahí, los de Pisonero tomaron velocidad de crucero y las paradas de Calle y las exclusiones de los navarros propiciaron una cómoda ventaja que obligó a Anaitasuna a parar el partido (12-8, min. 22). Pero todo parecía cogido con alfileres. El ataque estático local no funcionaba y la defensa navarra cada vez se hacía más impenetrable. Solo en superioridad el Recoletas había sido capaz de jugar con orden, pero una vez que Anaitasuna recuperaba a sus hombres el juego local se volvía más espeso.

El descanso, al que se llegó con 15-13, no cambió nada en el Recoletas, mientras que los navarros se decantaron por defender aún más abierto y tapando las líneas de pase hacia el pivote Abel. Durante diez minutos, el partido se movió por los mismos derroteros, sin que el Recoletas fuese capaz de aumentar su ventaja de cuatro goles y con un Anaitasuna que no arrojaba la toalla y se mostraba especialmente intenso en defensa con la permisividad arbitral. Mal lo venía Pisonero cuando solicitó un tiempo muerto (22-20, min. 44) ante la incapacidad de su equipo de resolver una superioridad y encima encajar gol. Pocos minutos después, la misma situación de ataque de seis contra cinco volvió a salirle cruz a los del Recoletas, empeñados en penetrar por el centro y olvidándose por completo de la eficacia de Manu y Dani en los extremos. El Anaitasuna, pese a sus cinco exclusiones en esta segunda parte, se colocó con un 23-26 fruto del desbarajuste local en ataque, donde las pérdidas absurdas eran casi una constante, como de la endeblez de una defensa 5-1 que no funcionaba ante los uno contra uno de Etxeberria, Meoki o Krsmancic. Se llegó a los últimos cinco minutos con cuatro goles de desventaja, algo inaudito que ni siquiera la grada se explicaba. El Recoletas intentó recurrir a la épica, con presión en toda la cancha, pero el Anaitasuna no podía dejar escapar la ocasión y celebró la victoria como si de una final se tratara.

El único que consiguió su objetivo, sin duda amargo por la derrota, fue Diego Camino, que tras fallar el primer penalti, tuvo la oportunidad de anotar dos goles que le permitieron alcanzar los 500 goles en la Liga Asobal.

Y este miércoles, el Recoletas visita la cancha del Ademar.

Pisonero, decepcionado

«Estoy decepcionado con el resultado. Teníamos el partido para rematarlo, pero no hemos tenido la suficiente tranquilidad y madurez», lamentaba David Pisonero, que tampoco acababa de explicarse muy bien la derrota. «Hemos empezado mal, algo que ya se ha convertido en habitual y que debemos mejorar, pero luego hemos encauzado bien el partido, hemos remontado y hemos tenido la ocasión de dar la puntilla. Sin duda esa ha sido una de las claves ya que los jugadores se han desorientado cuando lo han tenido tan cerca», razonaba el técnico vallisoletano, que también reconoció que su equipo no había sabido atacar la defensa 5-1 del Anaitasuna.

«Los que tienen que llevar el partido se han mostrado cansados y no hemos tenido la frescura mental para salir de esa mala situación. Ni siquiera en superioridad hemos sabido resolver con acierto y no es normal», comentaba Pisonero, que explicó que en los tiempos muertos de la segunda mitad pidió «mas continuidad en las jugadas, pero entiendo que cuando vas por debajo no es fácil y tampoco estábamos muy finos. Sin duda, esta derrota ha sido una sorpresa».

Por su parte, el técnico navarro Iñaki Aniz reconoció que esta victoria les había dado la vida «porque la derrota nos hubiera hundido en la clasificación. Hemos tenido calma cuando íbamos abajo y la defensa 5-1 les ha bloqueado por completo».

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