A la quinta fue la vencida

Eduardo Fernández trata de zafarse de un contrario./Antonio de Torre
Eduardo Fernández trata de zafarse de un contrario. / Antonio de Torre

El Viveros Herol BM Nava, que realizó una gran primera parte, perdió su imbatibilidad frente a un buen BM Logroño (27-31)

Fernando Arconada
FERNANDO ARCONADASegovia

Que alguna vez tenía que llegar la primera derrota era algo esperado (aunque no hubiera estado mal que hubiera tardado un poco más) y lo curioso es que ha tenido que ser el equipo que entrena un navero, Miguel Ángel Velasco, el que con su equipo, el BM Logroño, haya terminado con esa condición de invito que tenía el Viveros Herol BM Nava. No ha sido a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera... ha sido a la quinta. Un quinto malo. El técnico visitante regresaba a la que fue su casa para enfrentarse al equipo en el que se formó. Nava no le olvida (el club le hizo entrega de un detalle conmemorativo), pero una vez que empezó el partido, los sentimientos quedan al margen.

Eso sí, no le resultó tan sencillo al conjunto visitante, uno de los fuertes de la Liga Asobal, sobre todo en una primera parte en la que el conjunto que entrena Dani Gordo estuvo muy entonado en la faceta defensiva y también en ataque, sobre todo con sus extremos. Nada de perder de vista al partido, ni al rival, ni tener que remontar en esa primera media hora de partido una diferencia abismal, y siendo generoso en su esfuerzo, aunque al descanso se llegara con dos goles de desventaja (15-17). El equipo de Velasco sabe explotar al máximo los errores del rival, pero también es que hizo muchas cosas bien, sobre todo en el comienzo de la segunda parte en la que fraguó su victoria.

Fue un encuentro entretenido, con un alto ritmo de juego en esa primera media hora (el Nava se esforzó al máximo), con un buen balonmano por parte de los dos equipos. Antonio Llopis, desde los siete metros, fue el encargado de dar la primera ventaja al conjunto local, en el primer minuto, jugada en la que fue excluido Miguel Sánchez-Migallón. Un minuto después, la jugada a la inversa. Fue Dapiran (gran partido el suyo con ocho goles en su cuenta particular) el encargado de empatar el choque también desde los siete metros, tras la exclusión de Carlos Villagrán. Darío Ajo Martín daba de nuevo ventaja a los naveros 2-1, el parcial de esos primeros cinco minutos, lo que da idea de la defensa. Y esa fue la única ventaja que tuvo en el marcador el conjunto que entrena Dani Gordo.

De un 2-1 se pasó a un 2-5 en el minuto 10. Parecía una seria amenaza. Lejos de venirse abajo, el BM Nava no quería que la historia de los últimos partidos se repitiese. Y en apenas un minuto se puso con un 4-5 para igualar de nuevo el choque (5-5) frente a un Sergey que apenas pudo demostrar su condición de internacional con un Nava acertado en los extremos. Algo más de trabajo tenía Yeray Lamariano, solventado con acierto por parte del guardameta del conjunto navero.

El partido entró en una fase más equilibrada, en la que el BM Logroño lograba mantenerse gracias a los latigazos Dapiran, de Kusan, de Ligetvari. Empate, ventaja de Logroño, de nuevo empate... ahora tú, ahora yo... Como la intermitencia de un coche (ahora luce, ahora no...). Los naveros se agarraban al partido, aunque no lograban remontar frente a un rival que aceptaba esa propuesta, sobre todo con Doripan y también con Kukic Lazar (cinco goles en el partido). De ahí que se fuera al descanso con esos dos goles por debajo (15-17). Nada que se saliera del guion, ni de lo que Dani Gordo tenía estudiado.

La segunda parte comenzó con una parada de Yeray Lamariano y Sergey hizo lo propio. Más entonados los porteros en este inicio, sobre todo el guardameta del conjunto riojano, que poco a poco fue entrando en calor y se fue entonando, hasta el punto de que el conjunto navero se quedó anclado durante muchos minutos en 17 goles, mientras Logroño, apoyado también en su defensa rompía el partido. De un 15-18, y con algún balón para haber acortado más las diferencias, se pasó a un 17-22 y el siguiente parcial iba a terminar con 18-25. Siete goles de diferencia, que se antojaba ya una renta, esta vez sí, difícil de igualar.

El BM Nava demostró que es un equipo que además de fuerza y fe también tiene orgullo propio y no dejó que el BM Logroño se escapase más en el marcador. Con esa ventaja de siete goles (23-30), se llegó a los cinco últimos de partido y tanto Nico D'Antino como sobre todo Darío Ajo Villarraso redujeron esa diferencia, que al final del encuentro terminó siendo de cuatro (27-31) en medio de un ambiente que volvió a ser lo mejor del choque, con una afición entregada a su equipo que también supo reconocer el mérito del BM Logroño. Adiós a la condición de invicto en lo que ha sido la primera derrota. Tampoco ha sido tan grave...