El Nava planta cara al Ademar, pero la Copa de Castilla y León no cambia de manos (27-33)

Andrés Alonso pelea la pelota ante la defensa del Ademar. /Antonio Tanarro
Andrés Alonso pelea la pelota ante la defensa del Ademar. / Antonio Tanarro

El caudro segoviano cuaja una gran primera parte pero no sabe sobreponerse a varias exclusiones y a la superioridad física de un rival con más fondo de armario

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZNava de la Asunción

El Nava demostró durante media hora por qué merece un sitio en la élite del balonmano español y comprendió en los 30 minutos restantes el enorme esfuerzo que va a suponer quedarse allí. Los segovianos tutearon y superaron por momentos a un 'coco' como el Ademar León, que se hizo en Nava de la Asunción con su tercer título de la Copa de Castilla y León, trofeo del que monopoliza el palmarés en las tres ediciones disputadas. Pese al desenlace y a ser superados tras el descanso, los anfitriones estuvieron a la altura en la primera visita ilustre de muchas por venir. Y el club que hace 12 meses aún sobrevivía en un viejo frontón condensado, organizó en su nueva instalación la principal competición de la región.

27 Viveros Herol BM Nava

Óscar Marugán, Paco Bernabéu, Andrés Alonso (2), Eduardo Fernández, Álvaro Rodrigues, Agustín Casado (2), Bruno Vírseda (1), Darío Ajo Villarraso (6), Nico D'Antino (1), Ernesto Sánchez, Carlos Villagrán (4), Rodrigo Pérez Arce (3), Darío Ajo Martín (1), Antonio Llopis (3), Miguel Baptista y Oleg Kisselev (4).

33 Abanca Ademar León

Rubén Marchán (2), Mario López (4), Dino Slavic (2), Gonzalo Matías Carou (1), Tin Lucin (3), Dzimitry Patotski, David Fernández (8), Juan José Fernández (1), Jaime Fernández (4), Gonzalo Pérez Arce (4), Ivan Mosic (4), Adrián Casqueiro, Álex Lodos y José María Carrillo.

A una semana del arranque de Asobal, el encuentro tenía las concesiones justas, como un lanzamiento de siete metros que el ejecutor Llopis cedió al juvenil Óscar Marugán. El extremo salió de inicio, una prueba más de unas semanas meritorias. Los contactos no desmerecían, con Juanjo y Villagrán acabando, sin mala fe, en el suelo. Tampoco el dibujo táctico, pues Gordo sacó su mejor dupla defensiva con Rodrigues y Andrés Alonso.

No hay que explicarle a Villagrán el valor de un título para su pueblo. Capitaneó a sus huestes desde el inicio, convencidas de que su único escenario era tutear al gigante. Suya fue la iniciativa en un marcador que apenas persiguieron dos veces antes del descanso. La circulación navera estaba a la altura, con buenos movimientos de Alonso en el pivote –un refresco necesario para Darío– y buenas rutas a los extremos. Sin las intervenciones salvadoras de Patotski, los locales podrían superado los 20 goles en el primer acto.

La apuesta del Ademar es clara: aprovechar los cambios de posesión –ya sea a través de parada o de robo– para lanzarse al contragolpe. Patotski es un activo impagable; también las manos atentas de su primera línea. En estático, David Fernández marcó diferencias. Bien conocido en Nava como estandarte del primer curso en División de Honor Plata, el pucelano es ya un proyecto completado y de mucho empaque. Uno de cada tres goles de los leoneses en el primer acto llevó su firma. Su nombre fue coreado tras el partido.

Nava llegó a defender una renta de dos goles, apenas un suspiro ante un rival que vive en el precipicio. Tocaba arriesgar, por eso Gordo vació la portería para compensar su primera inferioridad. El partido tampoco era una pretemporada para Rodrigo Pérez Arce, deseoso de demostrar al Ademar que merecía el rol principal que quiere desempeñar en tierras segovianas. Le costó entrar en juego con algún movimiento precipitado, pero dejó su impronta con dos tantos de los suyos, esquivando gigantes. Mientras, su hermano Gonzalo canjeaba lanzamientos de siete metros como si nada.

Los segovianos aprovecharon el último minuto y medio de la primera mitad con una bella colgada de Nico D'Antino que leyó como un libro abierto Casado. Ernesto detuvo el siguiente ataque leonés y el italiano cerró el marcador al intermedio anotando al palo largo desde el extremo (17-15).

Las tornas cambiaron y Ademar solo encajó diez goles en la segunda parte. Le volvió costar abrir la lata a los segovianos, que no sumaron a su cuenta hasta los seis minutos de juego. Se multiplicaron las exclusiones –hasta tres seguidas– en los locales, que ya no conseguían parchearlas. A la postre, esa suerte rompió la contienda. Unas veces caía el tanto a puerta vacía; otras, el regreso de Ernesto bajo palos tras el gol llegaba demasiado tarde. Si hay una filosofía que castigue fallas en transición es la de Manolo Cadenas.

Los leoneses impusieron su secuencia en ataque ante un lenguaje arbitral que castigaba el contacto en pos de un juego fluido. A ello se añadió el signo de exclamación de Dino Slavic desde la portería. No tardó en entrar en calor y cuando detuvo un lanzamiento de siete metros a Llopis –palabras mayores–, su puño de celebración sonaba a victoria. Ademar enganchó un parcial de 7-2 con el que se había asegurado una delantera en el marcador que ya no abandonaría.

El Nava empezó a forzar las secuencias y dejó de sentirse cómodo. Kisselev mantenía con sus tantos la dinámica goleadora, manteniendo al Ademar a tiro de un buen parcial. Pero no llegaría, porque el leonés es un equipo experto en romper esas camisetas que ya dejan asomar sus primeros poros. Fernández siguió llevando el peso ofensivo, anotando hasta cuando recibía un fuerte golpe en el aire que valdría una exclusión. También Gonzalo o López, auténticas balas al contragolpe, siempre atentos con su vista a cualquier resquicio que pueda presentárseles.

Nico D'Antino ensaya un remate a portería.
Nico D'Antino ensaya un remate a portería. / Antonio Tanarro

La renta visitante fue creciendo por inercia. Porque toda remontada que se precie parte de la portería y Ernesto apenas entró en racha. Era su partido –Yeray apenas salió a defender un penalti– y se queda con un sabor amargo, por más que el rival sea de altura. Enfrente, Slavic se guardó su mejor parada de la tarde para un mano a mano que repelió con un movimiento de comadreja.

Fue un desenlace inevitable para un partido que llegó decantado al tramo final. Cuando Gordo pidió su último tiempo muerto a falta de cinco minutos (26-33), la cuchara estaba entregada. Así es como la ruidosa afición navera tuvo que ceder por decreto el escenario a los tambores de guerra del Ademar, que también viajan en pretemporada. En una pista con aroma a encerrona, dejaron su reinado en Castilla y León fuera de toda duda. El Nava, que por primera vez acogió el trono y vio por momentos factible hacerse con la corona, tendrá que conformarse con el papel de príncipe.