Amaia González y Jorge Serrano, rodillas gemelas

Los extremos del Zuazo y el Recoletas sufrieron la misma grave lesión con apenas unos días de diferencia y ambos están en pleno proceso de recuperación

Amaia y Jorge posan en la grada de Huerta del Rey, durante un entrenamiento del Recoletas. /Ramón Gómez
Amaia y Jorge posan en la grada de Huerta del Rey, durante un entrenamiento del Recoletas. / Ramón Gómez
Miguel Ángel Pindado
MIGUEL ÁNGEL PINDADOValladolid

Son dos de los extremos de mayor proyección en el balonmano nacional. Estaban en su momento más dulce, en plena efervescencia. Amaia, con casi medio centenar de internacionalidades, tenía por delante el Campeonato de Europa de Francia; Jorge, enrolado en la selección júnior, había comenzado la temporada como un misil. Pero un giro del destino y también de sus articulaciones trastrocó todo.

Amaia González de Garibay (Valladolid, 27-2-1994) anotó su quinto gol en el partido ante el BM Castellón con la facilidad y casi rutina habituales, pero tras el salto su rodilla hizo un extraño. En principio, la ausencia de un fuerte dolor le hizo pensar que no sería nada grave, pero las radiografías confirmaron una pronóstico muy negativo: Rotura del ligamento cruzado anterior con afectación del menisco externo de la pierna izquierda. Un auténtico jarro de agua fría. Fue el 22 de septiembre pasado y pasó por el quirófano en la Clínica Cemtro de Madrid el día 3 de octubre.

Jorge Serrano (Madrid, 30-6-1997) había despuntado en el inicio de liga y en tres jornadas era el máximo anotador del Recoletas Atlético. Preparaba el partido a domicilio ante el Cangas cuando en pleno entrenamiento, tras un lanzamiento, la rodilla se comportó de un modo atípico. Se había roto el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Era el 27 de septiembre. El día 5 de octubre fue operado en el Sagrado Corazón, en Valladolid.

Con menos de una semana de diferencia, dos de los referentes del balonmano vallisoletano se veían abocados al dique seco por culpa de las malditas lesiones. Y a partir de ahí, su particular calvario de dependencia, operación e interminable rehabilitación. Han pasado ya cuatro meses y ambos han superado el ecuador de convalecencia. Ya comienzan a vislumbrar el final de este largo túnel, cada día es una jornada menos para volver a entrenar, volver a ser ellos mismos, volver a jugar....

«En aquel fatídico momento tienes la sensación de que todo pasa muy rápido. Apenas me dio tiempo a pensar en la gravedad de la lesión. No fue un salto raro ni nada especial. Tampoco sentía dolor y pensé que sería algo leve. ¿Por qué me iba a pasar a mí? Al día siguiente iba convocada con la selección absoluta, con el Europeo a la vuelta de la esquina», confiesa la vallisoletana Amaia, que milita en el BM Zuazo.

«Es un momento complicado, no es fácil de llevar porque es un palo enorme cuando te dicen que estarás fuera seis u ocho meses. Pero enseguida la mente busca información de lo que hay que hacer para superarlo. Buscas a gente que le pasó algo parecido para que te cuente cómo lo vivió y lo superó y eso te ayuda bastante», comenta el joven extremo zurdo del Recoletas.

Ahora, con la distancia como bálsamo, esos días de lesión, diagnóstico, operación e inicios de la rehabilitación se ven de otra forma y con menos angustia, pero sin embargo aparece la ansiedad por acabar cuanto antes la rehabilitación y volver a las canchas.

«Quizás se me está haciendo más duro ahora, porque mi equipo, el Zuazo, lo está pasando mal; no vamos bien en la tabla y no puedo hacer nada. Al principio de la lesión quizás hay un poco de frustración y de miedo a que algo salga mal, pero ahora la sensación es de impotencia, de que no puedo ayudar al equipo», lamenta la vallisoletana, consciente de la mala racha en la que ha entrado el BM Zuazo y de la que parece no poder salir.

Rotura de ligamentos con moraleja

Tanto Amaia González de Garibay como Jorge Serrano podrían ser perfectamente los prototipos de toda una generación de jóvenes con la cabeza bien amueblada, a los que un grave revés les ha hecho madurar a marchas forzadas. Así, la extremo vallisoletana no duda en asegurar que su grave lesión le ha ayudado a ver las cosas de forma diferente. «Desde luego lo que he aprendido en estos meses es a tener paciencia. Antes todo tenía que ser inmediato, pero ahora lo importante es tener paciencia y ser muy constante. Son dos virtudes que me van a ayudar en mi objetivo que no es otro que volver a jugar, volver a estar en la lista de la selección española absoluta y, por supuesto, intentar llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Ese es ahora mi sueño», relata ilusionada y muy convencida Amaia.

Por su parte, Jorge Serrano es consciente de que la lesión le ha permitido conocer sus límites y, como decía Amaia, cargarse de una dosis enorme de paciencia. «También me ha enseñado a valorar aún más lo que tengo, a disfrutar de los momentos que te ofrece la vida porque las cosas dan muchas vueltas. No piensas ni valoras tu salud hasta que la pierdes», comenta el extremo zurdo del Recoletas, que aspira a recuperarse al 100% y volver a jugar al balonmano, que es su gran pasión.

Sin embargo, para el joven madrileño las sensaciones son diferentes. «Al principio lo pasé mal porque dependía de todo el mundo y me tenían que ayudar para casi todo. Ahora comienzo a verme mejor, la recuperación va por buen camino y se van cumpliendo los plazos. Ahora el problema es echar el freno para no recaer».

Ni Amaia ni Jorge son los primeros que han sufrido una grave lesión, pero ambos afirman que hasta que no la sufre uno en sus carnes no alcanza a comprobar la agonía que supone una larga y tediosa rehabilitación, sobre todo para los deportistas de élite, acostumbrados a ser dueños absolutos de su cuerpo.

«No poder hacer nada es muy jodido. Tienes tus días malos, pero lo positivo es que siempre hay gente a tu alrededor que te ayuda. Yo intenté compartir mis tribulaciones con la gente como una forma de desahogarme. Cuando ves que progresas, se hace mucho más llevadero», confiesa Amaia, muy activa en las redes sociales y que no quiere pensar en una posible recaída. «No sé si sería capaz de soportarlo», afirma rotunda.

El madrileño reconoce que tras las primeras semanas de casi total inactividad, comenzó la rehabilitación con muchas ganas. «Quieres volver enseguida a ser jugador y al principio compruebas que hay mucha mejoría. Pero llega un momento en que la mejoría se ve menos, parece que estás recuperado y hay que engañar un poco al cerebro para aceptar que aún falta mucho. El cuerpo es muy agradecido y aprovecha todos los ejercicios . Hay que cumplir todos los plazos».

La familia y la paciencia

Ambos, jóvenes, han contado con la inestimable e infalible ayuda familiar para superar los peores momentos y, por supuesto, también los amigos y compañeros.

Amaia se lesionó en Castellón, pero tras la operación toda su convalecencia la ha pasado en Valladolid. «En mi caso los padres han sido taxistas, enfermeros, cocineros... Se da por hecho que te van a ayudar, pero nunca les valoramos lo suficiente. Desde luego, han sido el principal apoyo. También las excompañeras del Aula Valladolid han estado y están conmigo. Y todo el club Zuazo se preocupan y no se olvidan. Mi entrenador me llama cada semanas interesándose por mi evolución».

El caso de Jorge es diferente. Con su familia en Madrid, pasó allí los primeros meses, pero una vez que tuvo que comenzar la rehabilitación regresó a Valladolid, donde sigue al pie de la letra las indicaciones de médicos y fisioterapeutas. «Mi familia fue la que me atendió esas primeras semanas complicadas. Y siempre he estado en contacto con mis amigos de Madrid y los compañeros del Recoletas».

Recoletas y Zuazo les echan de menos

Tanto Amaia como Jorge eran los estiletes de sus respectivos clubes, el BM Zuazo y el Recoletas Atlético, y ambos equipos han acusado notablemente las ausencias de sus extremos goleadores.

De hecho, el BM Zuazo, un equipo con un enorme presupuesto, navega coqueteando con la zona de descenso. «Llevábamos una temporada bastante aseada, aunque las expectativas eran mucho más altas. Hemos perdido muchos partidos por un gol de diferencia. Tenemos un equipo con jugadoras muy jóvenes que quizás no tienen aún la experiencia para afrontar los finales apurados. Donde hemos pinchado ha sido en esta última jornada al perder en casa frente al BM Morvedre. Luchamos por la permanencia y yo sin poder ayudar...», comenta Amaia González de Garibay, que termina contrato en Bilbao y que, centrada en su recuperación, aún no se ha planteado el futuro. La extremo internacional reconoce que para ella la temporada se ha acabado. «Quizás podría llegar a los últimos partidos de mayo, pero creo que el objetivo será la pretemporada de agosto». Y con respecto al Aula Valladolid comentó que «cualquiera puede ganar en cualquier cancha. Siguen trabajando muy bien aunque quizás su juego no sea tan bonito».

El Recoletas, que comenzó como un cohete, con cinco puntos de ocho posibles, se ha sumido tras la lesión de Jorge en la mediocridad y la irregularidad. El extremo era la punta de lanza del contragolpe y un excelente finalizador. «Estamos haciendo buenos partidos lejos de Huerta del Rey, pero en casa nos cuesta y no jugamos tan bien. Nos falta la regularidad necesaria para evitar esos baches que nos lastran ante nuestra afición. Confío en que el equipo agarre una buena racha. En mi puesto Manu ha asumido la responsabilidad y aprende con rapidez». Y a Jorge no le importaría volver a jugar a finales de temporada, pero sin acelerar en exceso la recuperación. «Si me puedo quitar el gusanillo al final de la Liga, pues encantado, pero sin forzar. Hay que tener paciencia y volver al 100%».

Lo que sí tienen muy claro ambos es la obligación de recuperarse perfectamente, sin prisas, sin acelerar los procesos.

«Es una evolución a paso de tortuguita, pero me lo tomo con tranquilidad y paciencia. Acudo a la clínica del doctor Fernando Baró dos veces por semana un par de horas, más luego a diario tengo una hora de piscina y otras dos horas de trabajos, ejercicios, hielo, estiramientos, etc. Todo está perfectamente controlado y cero acelerado. Los plazos han de cumplirse. Se avanza muy lentamente y por eso hay que ponerse pequeñas metas, pequeños objetivos que poco a poco vas superando y eso anima. Todo lo que haga ahora me servirá para cuando vuelva a jugar», comenta la sonriente Amaia, que siempre ha sido hiperactiva y que ahora ha aprendido a tomarse las cosas con más calma.

El madrileño tampoco se pone plazos para regresar a las canchas porque el tiempo estimado de su completa recuperación es de siete u ocho meses. «He tenido que volver a aprender a normalizar algunos movimientos. He empezado a correr un poco. Le dedicó unas tres o cuatro horas al día a la rehabilitación. No tengo miedo a una recaída o a otra lesión, pero por ello mismo quiero recuperarme perfectamente, sin prisas. Quiero llegar a confiar de nuevo plenamente en mi rodilla y olvidarme de la lesión».

El tiempo libre

Para estos dos jóvenes, acostumbrados a una vida acelerada de estudios, entrenamientos, viajes y competición de alto nivel, el frenazo a su modo de vida ha sido realmente brutal .

Así Amaia, graduada en Óptica y Optometría y con un máster de profesorado por la Universidad de Valladolid, reconoce abiertamente que el 'shock' de la lesión le llevó a anular la matrícula en Cálculo y Álgebra en la Universidad del País Vasco. «No podía ir a clase ni tenía la cabeza para los estudios. Me he dedicado a ver series, a leer, con un montón de proyectos pero sin concretar. Estoy muy centrada en la recuperación. En las primeras semanas casi perdí cinco kilos. Ahora me he recuperado y debo seguir una dieta sana para recomponer y fortalecer los músculos».

Algo similar le ocurrió a Jorge Serrano, al que la lesión y su marcha a Madrid le impidió seguir con sus estudios de Grado Superior de Integración Social, casi en el primer mes de clases. «Tengo que recuperarlo el próximo curso. Sinceramente, en estos primeros meses no me he planteado hacer nada especial. Las series de televisión y la lectura han sido el refugio para ocupar el tiempo libre».

 

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