Gracias y hasta siempre

TONY POLA

Hay pocas cosas más duras para un aficionado que sobrevivir a la muerte de su propio club. La tristeza, mucha rabia y sobre todo una gran impotencia se acumularon dentro de mí al conocer la desaparición del Balonmano Valladolid. Como casi siempre en el mundo del deporte, hemos sido los fieles aficionados quienes pagamos el pato de la mala gestión de unos pocos. Otra entidad deportiva que se esfuma; otro reflejo de lo que un día fue España: el país de las obras, los aeropuertos, polideportivos y equipos faraónicos creados sin visión de futuro. Se veía venir: el éxodo de jugadores y entrenadores al extranjero, la desaparición de otros históricos como el Balonmano Ciudad Real, varios años coqueteando con el descenso y acumulando deuda... Pistas que parecen lejanas y que nadie quiso o pudo corregir.

Duele mucho perder un conjunto que dio tanto a Valladolid. De esta entidad salieron grandes figuras, tantas que nombrar solo a una sería injusto. Pucela se puso en el mapa internacional visitando año tras año ciudades como Velenje o Magdeburgo, ganando además títulos nacionales e internacionales y llevando siempre con orgullo el nombre de nuestra ciudad y sus empresas. Para el recuerdo quedan grandes machadas ante temibles equipos, espectaculares remontadas en Europa y, sobre todo un ambiente que ponía los pelos de punta. No exagero si digo que mi educación no sería la misma sin el Balonmano Valladolid. Desde que mi padre me llevó a Huerta del Rey hace más de 20 años, este deporte me ha enseñado mucho: superación, compañerismo, lucha... Tal vez tengan razón los que promueven que el rugby es un deporte de caballeros, pero, en valores, el balonmano no se queda atrás.

Nada será lo mismo sin los Chema, Davis, Gull, Fis, Ávila, Fernando, Garabaya, Raúl, Pisonero, Malumbres, Pastor... Sin esas mágicas mañanas de domingo en las que el coro de ¡A por ellos!, tambores y bocinas de camión me hacían olvidar por unas horas lo fría y distante que suele ser nuestra ciudad. Este club no merecía terminar así; olvidado entre lágrimas invisibles y noticias dedicadas al fútbol; deporte al que tantas veces el balonmano arrebató portadas en Valladolid. Solo queda agradecer a cada uno de los que puso su aliento, sangre y sudor por este equipo; también el esfuerzo de empresas como Cuatro Rayas que creyeron hasta el final. Habrá que tener paciencia tras el nacimiento del Atlético Valladolid; desconozco si llegará a generar algún día sentimientos similares... Solo sé que esta ciudad necesita volver a amar este deporte y que el balonmano siempre necesitará y esperará a Valladolid.