La liquidación del BMValladolid

Dionisio Miguel Recio contempla el trofeo de la Recopa de Europa, el mayor éxito deportivo del club, logrado en 2009./
Dionisio Miguel Recio contempla el trofeo de la Recopa de Europa, el mayor éxito deportivo del club, logrado en 2009.

El club ha dejado en la estacada a 32 jugadores y otros 32 acreedores por un importe total que alcanza 1.914.482,08 euros, de los que 1.056.671,32 corresponden a Hacienda y Seguridad Social

MIGUEL ÁNGEL PINDADO

Déficits desde 2008, excesivo volumen de gasto, incapacidad para cumplir los presupuestos, mala gestión, crisis y malos resultados deportivos. Todo este cóctel ha dado como resultado la desaparición del BM Valladolid y su liquidación, a la espera de la decisión del juez. Así reza al menos en el informe concursal que el administrador único Alberto Iglesias presentó ante el Juzgado de lo Mercantil nº 1, y que en sus conclusiones destaca que «la finalización inexorable del concurso solo podía ser la liquidación de la entidad [...] lo que supondrá que prácticamente la totalidad de los créditos concursales no sean atendidos», o lo que es lo mismo, que nadie podrá cobrar lo que el club le adeudaba.

Igualmente, el informe también señala que no encuentra ningún aspecto ilegal que pueda llevar a declarar concurso culpable. En el informe únicamente se analiza desde la temporada 2010-2011, y no se alcanzan las estrambóticas temporadas anteriores en las que los gastos se dispararon hasta límites insospechados, como queda reflejado en los presupuestos de las temporadas 2007-2008 y 2008-2009, precisamente aquellas en las que se registraron ingresos extraordinarios por los traspasos de Chema Rodríguez y Muratovic.

La desastrosa gestión económica de la etapa de Dionisio Miguel Recio, en la que se duplicaron los ingresos, pero se multiplicaron los gastos, llevó al club a una situación insostenible, en la que su sucesor, Óscar Simón, solo pudo certificar la defunción de la entidad, tanto deportiva como económicamente.

El principio del final del BMValladolid tiene su origen el 10 de marzo, cuando el BMValladolid presenta ante el Juzgado de lo Mercantil el concurso de acreedores, que se admite el día 20.

En su informe, Alberto Iglesias, que es el abogado que acepta convertirse en administrador concursal único, hace algunas consideraciones acerca del BMValladolid, como que el descenso de categoría «tuvo una repercusión negativa en la viabilidad de la entidad»; el carácter «presidencialista» del club, aunque la Asamblea General sea el órgano supremo jurídicamente, o el informe «suficiente y correcto» presentado por el propio BMValladolid.

La «ternura» de los acreedores

Recuerda que el club no está obligado ni a presentar sus cuentas ante el Registro Mercantil ni siquiera a realizar auditorías, pero también especifica que «desde el punto de vista económico, esta entidad no habría subsistido hasta este año 2014 de no ser por la ternura con la que sus acreedores la han tratado».

Y concluye que «independientemente de la situación en la que se encontraba el club a la fecha de presentación de la demanda de concurso [...] el importante volumen de su deuda hacía ya muy difícil su viabilidad y lo abocaba a una situación límite que cualquier incidencia le llevaría a la desaparición».

A continuación, analiza los ejercicios económicos de las temporadas 2010-2011, 2011-2012, 2012-2013 y la última de 2013-2014, siempre desde las cuentas presentadas por el propio club.

La conclusión, a la vista de los balances, es que desde la temporada 2010-2011, aunque con despegue significativo desde 2008, el BM Valladolid ha tenido sistemáticamente pérdidas. En el déficit acumulado se puede comprobar el significativo aumento de los ingresos desde el año 2005-2006, que llegó acompañado de un no menos considerable aumento de los gastos.

Ya en el ejercicio 2012-2013 se consigna una merma extraordinaria de 738.026,92 euros, correspondiente a la pérdida de aportación Asobal (115.225, 28 euros) y al epígrafe de deudores de dudoso cobro (622.801,64), que en temporadas anteriores sirvió para maquillar la deuda real y que eleva el déficit del BM Valladolid a 1.733.291, 85 euros al finalizar el ejercicio 2012-2013.

Por tanto, según el administrador concursal, el club «se encuentra en una situación total de insolvencia que le impide hacer frente a sus obligaciones de pago corrientes y también se encuentra en una incapacidad de generar recursos suficientes para poder afrontar en un futuro su deuda, lo que le aboca irremediablemente a su liquidación».

Las causas radican en: «Ejercicios deficitarios desde 2008; excesivo volumen de gasto; incapacidad para cumplir los presupuestos; mala gestión económica; descenso del volumen de ingresos; crisis económica y ausencia de resultados deportivos».

El administrador reconoce que los directivos del club no presentaron ningún plan de viabilidad, aunque tampoco solicitaron su liquidación, ya que si el club se mantenía en la Liga Asobal, cabría la posibilidad de «atender a sus compromisos económicos». De hecho, en otro de los puntos señala que esa «hubiera sido la única oportunidad que hubieran tenido los acreedores de albergar una esperanza de cobro, si no total sí parcial de sus créditos, por cuanto el activo de la entidad va a resultar del todo insuficiente para atender la deuda concursal en fase de liquidación».

Pero la consumación del descenso conllevó inapelablemente la liquidación. «Por su especial configuración de club deportivo y por ende, al carecer de un patrimonio que sustente su pasivo, por el importante volumen de deuda y por el descenso de categoría, el administrador concursal considera que el Club Balonmano Valladolid no tiene ninguna viabilidad económica y debe liquidarse».

Destaca el administrador concursal que «la contabilidad del club obedece a las normas de aplicación, con la existencia de la correspondiente documentación contable como el Libro diario, libro de balances y libro mayor, además de los presupuestos». Y certifica que todo ello se ha hecho «con claridad, sin enmiedas, interpolaciones, rozaduras ni tachaduras» y que se han cumplido los requisitos legales de suscribir y aprobar sus ejercicios contables por la asambleas. El administrador concursal reconoce que la contabilidad del club «refleja una imagen fiel de su situación patrimonial, pasada y presente».

También detalla que la demanda del gerente o director deportivo Raúl Torres por despido improcedente fue el «detonante» para acudir al concurso, si bien especifica claramente que de no haberse producido dicho litigio, el club estaría igualmente en situación de insolvencia ya que los ingresos no han alcanzado para cubrir los gastos de la temporada, como reconoció el propio club.

Se expone igualmente que la deuda total del club se verá acrecentada a final de temporada (el informe se entrega el 10 de junio), ya que habrá que sumar las indemnizaciones correspondientes a los empleados del club, así como la suma de las nóminas impagadas de junio y los intereses totales de los créditos y deudas que tenía el BM Valladolid, aunque también reconoce que ni la Seguridad Social ni la AEAT tienen abierto ningún expediente de apremio.

Por último, el administrador concluye que el valor de los bienes del club alcanza los 112.581,63 (mobiliario, enseres, material informático, inversiones y efectivo), mientras que las deudas se elevan finalmente a 1.914.282,08 euros, por lo que el déficit patrimonial del club es de 1.801.900,45 euros, que confirma la total insolvencia de la entidad. Así pues, «la finalización inexorable del concurso solo puede ser la liquidación de la entidad [...] lo que supondrá que prácticamente la totalidad de los créditos concursales no sean atendidos».

Señala que «con la información actualmente disponible se ha detectado una operación susceptible de haber ocasionado un perjuicio a la masa activa», es decir un posible ingreso que debería haber obtenido el club no se llegó a efectuar. Con todo, ratifica que «no serían de suficiente entidad como para que el concurso fuere declarado culpable».

En unos días, el juez, si no encuentra nada punible, dictará la liquidación definitiva del club.

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