Pedro Rivero: «Me daba mucho miedo gastar tiempos muertos»

Pedro Rivero gira el balón junto a la canasta del colegio Diego de Colmenares. /Antonio Tanarro
Pedro Rivero gira el balón junto a la canasta del colegio Diego de Colmenares. / Antonio Tanarro

Tras el ascenso a LEB Oro en su debut como técnico, el segoviano pide más unión al baloncesto local

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Para Pedro Rivero no existe la crisis de los 40. El segovianos, que los cumplirá el próximo 22 de julio, se retiró el año pasado como tercer máximo anotador histórico de LEB Oro, segundo máximo asistente y primer triplista. En el Lucentum Alicante colgó las botas y se puso el traje de entrenador. En el año de su debut, el base que consiguió cuatro ascensos de corto ha añadido un quinto con la pizarra, llevando a su club de vuelta a LEB Oro. Tras una brillante temporada, habla de su trato con los jugadores y el reto de ser un entrenador joven a tan solo un paso de la ACB.

–¿Cuál fue su primer discurso como entrenador?

–Fui hablando con todos según íbamos firmando gente. Les expliqué qué es lo que habíamos visto y por qué les traía. El primer discurso grupal fue el primer día de pretemporada para indicar los objetivos y que supieran cuál iba a ser el camino, el objetivo del club y las pautas a seguir de comportamiento y entrenamientos. Luego fue más individualizado, explicando a cada uno dónde nos podía ayudar y dónde le podíamos ayudar nosotros.

–Ha entrenado a dos jugadores con los que compartió vestuario en su último año como jugador. ¿Cómo ha sido esa relación?

–Nacho pasó a ser capitán y Buba se lesionó el cruzado. Hablé con ellos, pero no hizo falta marcar ningún límite. Ellos sabían dónde estaba, son personas adultas.

–Decía el año pasado que compartir vestuario con jugadores 18 años más jóvenes es un síntoma para retirarse. ¿Ha notado el cambio?

–Pasas de ser un jugador mayor a ser un entrenador relativamente joven. Antes te juzgaban por tu mucha experiencia y ahora por la poca. Todo tiene su parte buena y su parte mala.

–¿Cómo es la vida de un entrenador novato?

–Al principio, cuando no van las cosas, todo es criticable. Y es normal, lo raro sería que no lo hicieran. Pueden pensar que te falta esa experiencia, que has sido líder de vestuarios cuando tenías la pelota y es difícil serlo fuera. Soy inexperto, pero tenía cosas claras y hasta los mejores entrenadores, pongamos como ejemplo a Obradovic, mejorarán cosas cada año. Es un proceso largo.

–¿Por qué es más difícil ser líder sin la pelota?

–Porque con la pelota es más fácil hacerlo con el ejemplo. No hace falta convencerlos de todo, simplemente ven a alguien que lo ha hecho mucho tiempo mejor que ellos y que lo continúa haciendo al mismo nivel. De la otra manera, tienes que poner ejemplos, hacérselo ver a través de vídeos y convencerlos mucho de lo que tienen que hacer.

–¿Cuál es la filosofía que ha planteado este curso?

–Tenía claro que quería hacer un buen equipo, que no valía con firmar estadísticas. Todas las personas que trajimos, además de que tuvieran una cualidad que cuadraba dentro del grupo, no nos importaba que no hicieran seis cosas. Nos valía que hicieran dos y que fueran buenas personas, que vinieran de buenos grupos. Creo que lo hemos conseguido. Cuándo íbamos regular, no ha habido ningún problema. Y cuando ha ido bien, no se han relajado.

–¿De qué errores ha aprendido en su primer año como técnico?

–Al principio me daba mucho miedo gastar tiempos muertos, no vaya a ser que pase algo al final y no estés preparado para ellos. Me he dado cuenta de que había veces que eran necesarios. Aunque no pareciera especialmente importante, esa pequeña cosa hacía reaccionar a todos. Si vas mejorando en estas pequeñas cosas, que son muchas, te conviertes en mejor entrenador.

–¿Cómo se gana el respeto de sus jugadores?

–He usado lo que a mí me funcionaba cuando jugaba. La credibilidad se pierde cuando dices una cosa y se hacen otras. Si le he dicho a un jugador que con estas cosas juega, tienes que hacerlo así. Dentro de que cada uno es distinto, es importante que cada uno cumpla unos mínimos para poder respetarnos todos.

–Entre tantas escuelas de liderazgo en el deporte, ¿cómo se aproxima a ellos?

–Como jugador había detectado que cuando hablas mucho, hay gente a la que no le va, así que puse un límite para todo eso. La parte con la que más caso te hacen es cuando se castiga con el banquillo. No soy entrenador de dar voces, sí de vez en cuando, pero si te he explicado las cosas seis veces y no lo has entendido, te lo explico por otro lado.

–¿Cómo se gestiona la presión de un proyecto ganador en Alicante?

–Con cierta normalidad. De mis 20 años de profesional, en 15 he convivido con eso. No me resultaba extraño, pero casi ningún jugador había jugado por ascender. Al principio se notó un exceso de responsabilidad, pero a la gente de 19 años eso le dura lo que le dura. Al rato están pensando en otra cosa, gracias a Dios. Esa inmadurez hace que pasen rápido la página.

–¿Cuál cree que ha sido la clave para su ascenso?

–El crecimiento de los jóvenes. Muchos venían con un nivel táctico medio y desde el primer momento intentamos hacer cosas pensando que nos darían fruto después. Ese crecimiento se notó mucho en los partidos más comprometidos.

–¿Sabe diferente un éxito como entrenador a la experiencia como jugador?

–Son distintas formas de festejar. Como jugador, que gracias a Dios han sido unas cuantas veces, es de mucha euforia. Lo vives con tus compañeros, es más personal. Siempre hay algún ascenso que no es esperado, pero te lo entrega el trabajo del año. Esos se viven muy intensos con todo el mundo. Como entrenador, me di cuenta de que me alegraba por mí pero mucho por el trabajo de todos los demás. Fue una locura, pero yo lo viví más viendo cómo lo hacían ellos. Lo disfrutas más en familia.

–¿Qué reto tienen por delante en la siguiente temporada?

–Entramos en una categoría con seis equipos por encima del millón de euros de presupuesto, preparados para estar en ACB y con exjugadores de ACB. Vamos a entrar con un bloque de cinco o seis personas del año pasado y nuestro objetivo es mantenernos y estabilizar el club.

–¿Cómo lleva la labor de director deportivo?

–Guillermo Rejón [director deportivo] no aceptó la renovación. Estoy haciendo la gestión deportiva, hablar directamente con agentes o jugadores para la planificación. La parte de contratos y negociaciones la llevan el vicepresidente y los abogados, que están más capacitados. El año pasado yo daba el perfil del jugador que quería, Guille hacía una criba grande y a mí me llegaban 20 o 25 jugadores para ver cosas. Este año me llegan todos y la criba la hago yo porque son listas inmensas. Es muchísimo más trabajo, pero tengo más conocimiento.

–¿Cómo afronta la tarea de realizar esa criba?

–Marcas unas condiciones concretas que vas hablando con ciertos agentes y cuando te van cuadrando detalles, vas directamente a ver partidos. No fichamos nunca por los highlights que nos mandan. Nosotros vamos a ver tres, cuatro o cinco partidos y si nos convence, hablamos con sus entrenadores y compañeros para ver cómo es el entorno y cómo han ido las cosas.

–¿Hay información suficiente?

–Hay información para saber que trabaja bien, que no es especialmente conflictivo... Aunque hay que tener un poquito de todo, también necesitamos gente egoísta, pero intentamos buscar que no sea la mayoría porque si juntas ocho egos tienes muchos problemas.

–¿Qué referentes tiene como entrenador?

–Me gustan muchos y he tenido muchos. Me quedaría con Moncho Fernández o Pedro Martínez.

–¿Se ve entrenando en ACB?

–No me lo planteo mucho. Tampoco lo hice como jugador y al final llegué. No lo pensé hasta que no empecé a sentir que podía. Estamos a un paso de la ACB, cuando llegue ese momento y estemos ahí, igual se convierte en un objetivo real.

«Entrenar con niños te da otra perspectiva distinta»

Rivero dibuja su campus en Celanova (Orense) como una distensión. «El nivel es justo, pero simpático. Somos 80 o 90 personas, los mismos monitores desde hace muchos años... Te da otra visión distinta, entrenas desde otra perspectiva. Que lo pasen bien y que aprendan sin frustrarse». Será el primer año que su curso de verano no sale en Segovia. «Seguramente unos ya han estado más veces con nosotros y prefieren otra cosa. Pasa mucho en los campus.Las tendencias cambian y no hay problema».

–¿Qué análisis hace del baloncesto segoviano?

–Estoy más desconectado, la verdad. Me absorbe el Lucentum y la familia. En verano intento hacer alguna cosilla. Me sigo encargando de los contenidos de la tecnificación y este fin de semana vamos a Cuéllar con Especialízate.

–¿Falta cantera?

–No lo creo, hay mucha gente que hace las cosas bien. Posiblemente sí falte más unión, como pasa en todos los lados, lo he detectado también en Alicante. Igual juntando tres o cuatro cosillas se podría dar un paso adelante, pero esto ya es una opinión personal.

–Ha sido testigo de la crisis del baloncesto español en muchos lugares. ¿Ha salido de ella?

–Va de camino. ACB ya salió y los siete primeros de LEB Oro tienen presupuestos muy dignos. El resto somos muy cautos, no se gasta nada que no se tiene. Puede ser perjudicial para un entrenador por no tener ciertos recursos, pero me parece bien porque antes se hacían locuras y no se pagaba a nadie.

–Son pocos los deportistas que hacen pública su homosexualidad. ¿Es un objetivo pendiente?

–Personalmente, me parecería fenomenal, es un paso adelante que tiene que darse. En el deporte femenino no les importa tanto decirlo y en el masculino se está dando poco a poco. Es muy fácil decirlo desde fuera, pero entiendo que no todo el mundo esté preparado.