Sombreros fuera

La temporada del CBC Valladolid tiene mucho mérito. Tanto que se corre el riesgo de no valorarla en su justo término solo por el hecho de que se han perdido cinco partidos seguidos

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Piénselo bien. Con detenimiento. Y luego me dice si lo de este año de las 'ardillas' no es para situar en algún lugar destacado de la pared principal de la casa. El CBCValladolid, un equipo con solo tres temporadas de vida, en su primer año descendía a la Liga EBA (algo así como la Tercera División de fútbol). No fue efectivo por cuestiones administrativas, pero ese año de estreno terminó el penúltimo de la LEBPlata. Dos años después de aquello, el equipo se ha batido el cobre para ascender a la ACB. Era un sueño inalcanzable, vale, pero la realidad es incuestionable. En dos temporadas el crecimiento del club y del equipo ha sido descomunal.

Y las razones hay que encontrarlas en dos pilares: planificación y sentido común. El primer pilar lo fueron colocando Paco García y Mike Hansen durante el segundo año. Con prudencia, con conocimiento, con mucho diálogo y con, sobre todo, mucha personalidad. El segundo pilar fue la llegada de Pepe Catalina, que a todas las virtudes anteriores añadió a su conocimiento enciclopédico de la categoría y de sus jugadores su exquisito –y en ocasiones irritante– rigor financiero.

Mike, Paco y Pepe forman el eje perfecto del Club Baloncesto Ciudad de Valladolid. A los tres les mueve el mismo interés y los tres huyen de adquirir protagonismos que no les corresponden. De esa humildad, de ese saber cada uno cuál es su lugar y de ese respeto máximo y leal al trabajo de los demás es de donde realmente nace el crecimiento del club. Si luego, encima, la pelotita entra por el aro, miel sobre hojuelas.

 

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