¡Que nadie despierte al Carramimbre del sueño ante Melilla!

Gantt felicita a Sergio de la Fuente tras su enésimo triple. /Villamil
Gantt felicita a Sergio de la Fuente tras su enésimo triple. / Villamil

El equipo de Paco García pasa por encima de su rival, cobra ventaja en la serie y sueña con la Final a Cuatro

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

¡Chssssssss! Se ruega silencio. Hay un equipo ahí abajo que sueña despierto y corre peligro de desvelarse a nada que nos pellizquemos. Lejos de conformarse con bajar de la nube con la serie empatada, el CBCValladolid quiere más madera después de dar un sonoro repaso a uno de los tres equipos del club del millón de euros, favorito al ascenso allá por el mes de agosto y ayer un juguete en manos de los de Paco García.

Sin su presupuesto ni apellidos ilustres, sin sus centímetros ni el fondo de armario que luce un Melilla que recién ha incorporado al macedonio Gjuroski –titular en Huesca hasta hace unos días–, el Carramimbre pasó por encima de su rival con un golpe en la mesa que también es ventaja en lo psicológico. El favorito no solo está lleno de dudas sino que, además, se sabe ya un paso por detrás en unos cuantos apartados de la estadística, también en el intangible que manda la actitud y la cabeza del jugador.

85 CBC Valladolid

Alvarado (3), Gantt (9), Alex Reyes (5), Sergio de la Fuente (28), Adekoya (12), -cinco inicial-, Mike Torres (13), Kazadi (6), Aboubacar (2), y Carlos Novas (7).

64 Melilla Baloncesto

Franch (3), Urtasun (10), Agada (6), Dos Anjos (9), Rubio (5) -cinco inicial-, Marín (3), Balaban (6), Vucetic (3), Gjuroski (6), y Gilling (13).

Árbitros:
Sacristán, Lizana y Albacete.Sin eliminados.
Parciales:
19-11, 21-18 (40-29), 18-18 (58-47), y 27-17 (85-64).
incidencias:
Tercer partido de la eliminatoria con 4.200 espectadores en el polideportivo Pisuerga. Al descanso se le entregó una placa conmemorativa a Paco García por su partido mil en el banquillo.

Porque si en algo domina la serie el equipo de Paco García es en el coco y en el hambre de victoria de un vestuario que, con la temporada hecha, lo tiene todo por ganar y nada que perder. Nos tenía despistados a todos un equipo que hace dos meses pedía oxígeno y que ahora parece dos puntos por encima de Melilla en lo anímico pero también en lo físico. Los que ayer vibraron en Pisuerga como en las mejores veladas ACB aún se estarán frotando los ojos después de ver a un Carramimbre que, con una rotación debilitada tras la marcha de Hayes, ha sabido subir varios peldaños sus prestaciones para compensar su teórica inferioridad.

El partido empezó a un ritmo frenético, nada improvisado, producto de la apuesta de Paco García por hacer daño a Melilla donde más le duele. En velocidad, en campo abierto y estrujando al máximo las virtudes de sus pequeños y los problemas de su rival en transición defensiva. A costa de perder centímetros y de redoblar esfuerzos para ganar la partida también en el rebote, el Carramimbre dio el primer puñetazo en la mesa (12-2 de salida, minuto 4).

Se trataba de todo una declaración de intenciones con respecto a los dos primeros partidos de una serie que se libra más en la pizarra que en el campo. Paco optó por sentar a Aboubacar para explotar de paso la movilidad de Adekoya frente a Dos Anjos, y en el otro banco Alcoba optó por jugar de salida con si mejor pieza, Agada, inédito en los dos primeros choques hasta el minuto siete.

El primer alsalto, local.

Tomó nota el otro banquillo, y la respuesta fue igualar fuerzas con cuatro pequeños y Balaban como única apuesta interior (24-16, minutio 14). Para entonces, sin embargo, el Carramimbre ya iba un paso por delante en la rotación y donde antes mandaban oros, ahora eran bastos con Aboubacar-Novas y De la Fuente imponiendo su ley cerca del aro (31-18, minuto 16 y tiempo muerto visitante).

Sergio de la Fuente, desatado, se destapó en el mejor momento de la eliminatoria con 28 puntos (6/8 en triples)

Con el recién llegado Gjuroski perdido en el campo, Agada desaparecido y Vucetic desesperado, Melilla no solo no daba con la tecla sino que se topaba con un rival inspirado y mucho más enchufado. Por entonces, los locales contaban con el Adekoya del estreno de la eliminatoria, el Gantt de los dos primeros, el De la Fuente de la fase regular y la mejor versión de Mike Torres –un robo en medio campo y un triple suyo dieron la máxima renta antes del descanso, 33-18 y 38-23–.

Segundo asalto, también local.

Le tocaba mover pieza a Alejandro Alcoba... Y trató de agitar el árbol alternando su defensa al hombre con una zona 2-3 que por momentos desconcertó a los locales (52-40, minuto 27). El partido entró entonces en el barro. Se enfangó. Más activo en defensa, Melilla planteó un escenario distinto en el que pasaba a manejar el ritmo, tiempo de juego y hasta la ventaja en velocidad, hasta entonces ganancia de los locales (54-43, minuto 28).

Los visitantes habían dado un paso adelante pero no le llegaba para recortar distancias.

Tercer combate, nulo.

Y en cuarto se coló el elemento diferenciador, hasta ahora inédito en la serie. Dos triples de un Sergio de la Fuente hipermotivado hicieron estallar en añicos el amago de reacción de los norteafricanos disparando la renta local hasta los diecieste puntos. Se había abierto la veda y parecía no tener fin. A Sergio le siguieron primero Novas –cinco puntos consecutivos–, después Alvarado –su asistencia levó el 71-52 al marcador–, poco más tarde Mike Torres (77-54, minuto 36),...

El Carramimbre, el mismo que dos meses antes pedía árnica en liga ante el mismo rival, estaba desatado, varios cuerpos por encima del rival y cuajando su partido más coral de la temporada. Con el juego desbocado por el recital de los locales, la grada se detuvo un segundo para ovacionar a Sergio de la Fuente.

El cuarto asalto se había ganado por K.O técnico.

Pero que nadie se vea ya en Bilbao. El sábado habrá otro púgil, seguro que menos pusilánime.

Eso sí, si mantenemos silencio... ¡Chsss! Que nadie les despierte.