Baloncesto

El Carramimbre juega con fuego

Sergio De la Fuente trata de superar al rocoso James. /Rodrigo Jiménez
Sergio De la Fuente trata de superar al rocoso James. / Rodrigo Jiménez

Los de Paco García, muy superiores, se dejaron ir y sufrieron para derrotar al Canoe

Miguel Ángel Pindado
MIGUEL ÁNGEL PINDADOValladolid

El Carramimbre alcanzó la decimosexta victoria de la temporada, superando las quince de la campaña pasada que les permitieron disputar los 'play-off'. Ahora, a falta de cinco partidos, los de Paco García aún necesitan como mínimo otros dos triunfos para meterse en la segunda fase de la Liga. Así de caro se vende la posición en la tabla de la LEB Oro y la muestra de ello quedó palpable sobre la cancha de Pisuerga. El Canoe llegaba sin su estrella Tyson y con otras bajas en el juego interior que el Carramimbre supo explotar, pero los de Paco García vieron tan fácil la victoria que el equipo y el banquillo casi dieron por ganado el encuentro incluso antes del descanso.

96 CBCV Carramimbre

Óscar Alvarado (8), Greg Gantt (16), Álex Reyes (17), Sergio de la Fuente (13), Seydou Aboubacar (10) -quinteto titular-. También jugaron: Jubril Adekoya (-), Mike Torres (5), Álvaro Reyes, Jonathan Kazadi (5), Daniel Astilleros (3), Bradley Hayes (14) y Carlos Novas (5).

79 Canoe

Daniel de la Rúa (11), Álvaro Lobo (24), Kedar Edwards (13), Borja Mendía (5), Chema Gil (5) -quinteto titular-. También jugaron: Sergio Jiménez (2), Aleksa Jugovic (17), Adrián Fuentes (0), Ánder Martínez (-) y Cristopher James.

Parciales:
27-22, 24-17 (51-39 al descanso), 14-25 y 31-15 (96-79 final).
Árbitros:
Lucas de Lucas, Martínez Silla y Martín Vázquez
Incidencias;
Alrededor de 2.500 espectadores en el Pisuerga, con presencia de los jugadores del Club Los Juncos de Laguna de Duero.

La realidad en esta LEB Oro es que cualquier te puede hacer un traje a poco que mires a la grada y cambies la intensidad por desidia, las ayudas y el juego de equipo por un allá cada uno y el acierto en un cúmulo de pérdidas y errores. Y si a todo ello le sumamos un arbitraje inverosímil, increíble, con decisiones que costaba entender sobre la pista y no digamos ya en la grada, que despistaron y descentraron a más de uno y que consiguieron que las defensas se convirtieran en una suerte de faltas consecutivas sin mucho sentido, se entiende que el que no tenía nada que perder, es decir el Canoe, que llegaba a Valladolid en cuadro y como víctima propiciatoria, aprovechase la relajación y pájara local para luchar por una victoria que ni se imaginaba tras los dos primeros cuartos. En varias ocasiones llegó incluso a colocarse a un solo punto de un Carramimbre que se vio obligado a apretar los dientes, a colocar su quinteto de gala sobre la pista para, en un arreón final en los últimos cinco minutos de partido poner unos guarismos en el electrónico que devolvían, por un lado, la lógica al encuentro, pero que no reflejan el sufrimiento innecesario que padeció el equipo y la grada. El Carramimbre jugó con fuego y esta vez no se quemó porque el rival solo jugaba con nueve hombres y llegó al final fundido.

Y es que el partido comenzó lento, parsimonioso, con las faltas como principales protagonistas de los primeros compases lo que impedía tomar ritmo, correr, dar velocidad a las acciones. Y eso que enseguida Aboubacar se adueño de la pintura y Gantt y especialmente Reyes mostraron que tenían la muñeca enchufada. A los cinco minutos, los madrileños paraban el partido porque los locales ya se había marchado con un 15-3. La facilidad en conseguir esos doce puntos de ventaja pareció aturdir por primera vez a las ardillas. La falta de acierto en los lanzamientos y las primeras pérdidas junto con el festival de silbato de los colegiados fue reduciendo las diferencias y el Canoe devolvió casi el parcial para acabar este primer envite con 27-22.

Espabiló el Carramimbre en el segundo cuarto. Mejoró notablemente su defensa con la intensidad y velocidad de Torres y de nuevo las ardillas conseguían puntos fáciles provocando incluso una técnica del banquillo madrileño ante el chaparrón que estaba aguantando su equipo. Hasta 17 puntos de diferencia logró el conjunto local, que dominaba por completo el juego interior y los rebotes tanto ofensivos como defensivos, lo que le otorgaba segundas y terceras opciones que acababan irremediablemente en canasta. Además, la defensa zonal de los madrileños era fácilmente superada o bien con las penetraciones de Torres o los lanzamientos desde el perímetros de Reyes, Kazadi o incluso Astilleros. Y eso que los colegiados mantuvieron sin esforzarse su pésimo nivel señalando faltas incomprensibles. A falta de poco más de dos minutos para finalizar este segundo cuarto, Paco García dio entrada al joven Álvaro Reyes y el equipo se dedicó a jugar para que lograse una canasta. Era la constatación de la sensación de superioridad del Carramimbre.

Pero llegó el descanso y el parón le sentó como un tiro a las ardillas. Saltaron a la cancha sin intensidad, sin motivación, con una defensa que hacía aguas por todos los lados porque ni había ayudas ni tensión. Y además el acierto en ataque se quebró porque los lanzamientos de Gantt o Novas no entraban. Del 51-39 se pasó en este cuarto al 65-64. Toda la ventaja, todo el colchón, se había ido al traste en diez minutos para olvidar, y que el técnico Paco García se limitó a mirar desde una esquina de la cancha como si no fuera con él y dejase que el equipo se condenase solo. Ni un tiempo muerto, ni un gesto, ni una indicación.

Todo el trabajo desperdiciado en diez minutos y ahora con otros diez para intentar arreglar el desaguisado ante un Canoe que había visto la luz y estaba decidido a dar la sorpresa con un Jugovic inspiradísimo desde el perímetro con tres triples en este último cuarto. Por dos veces más, el Canoe se colocó nuevamente a un solo punto de diferencia, pero no llegó a ponerse por delante. Quizás ese fue el factor psicológico que mantuvo vivo al Carramimbre. Con el quinteto de gala y Alvarado como auténtico jefe de operaciones tras la persecución de los colegiados a Torres, las ardillas se pusieron las pilas y en cinco minutos soberbios, con Gantt por fin acertado y De la Fuente mandando en la zona, puso fin al sufrimiento y logró una nueva victoria, la decimosexta, que le acerca aún más a los ansiados 'play-off'.

El miedo y las pilas

El técnico vallisoletano se mostró más satisfecho por la victoria que por el modo de conseguirla. «Hemos superado las quince victorias de la temporada pasada y aún nos faltan cinco partidos. El año pasado jugamos los 'play-off' con quince y ahora habrá que seguir luchando», afirma Paco García, que enseguida fue a valorar el partido. «Ya avisé en la previa que el Canoe es un equipo que no tenía nada que perder y eso le puede convertir en un equipo complicado. Nos hemos encontrado con un partido aparentemente fácil y nos hemos dedicado a hacer la goma y eso es muy peligroso. Ha faltado tensión».

En este sentido Paco García explicó que el hecho de sacar al joven Álvaro al final del segundo cuarto se debía a que tenía «a muchos hombres con tres personales y no quería arriesgar. Ha sido por necesidad y no por dar gusto a nadie. Pero en el tercer cuarto empezamos fácil y enseguida ¡Viva la vida loca! Nos hemos dejado ir y era necesario meter el miedo en el cuerpo para que el equipo se pusiese las pilas. Por eso no he querido pedir ni un tiempo muerto. Teníamos que espabilar y para ello había que pasarlo mal», razonó el técnico vallisoletano. Sobre el número de victorias que harán falta para jugar el 'play-off', Paco García aseguró que «habrá que llegar a las dieciocho y con todo y con eso habrá que ver como quedan los coeficientes, porque habrá dobles, triples y cuádruples empates», concluyó el vallisoletano.