El Carramimbre gana y guarda la ropa

Leimanis trata de zafarse de la defensa de Luke. /Mingueza
Leimanis trata de zafarse de la defensa de Luke. / Mingueza

Un buen cuarto fue suficiente para que los de Hugo López doblegaran a un Melilla venido a menos en pleno proceso de reconstrucción y muy verde. Bastó un parcial de 21-1 en seis minutos

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Tres de tres, invicto y a esta hora líder de una competición en la que la mayoría de los equipos aún están dando sus primeros pasos, gateando en busca de su verdadera identidad de juego. Sería muy aventurado señalar a este Carramimbre como uno de los llamados a pelear por el 'play-off' en los meses de abril y mayo, sí estaría en la línea por lo que se le adivinó ayer –no por lo que hizo–. Y mucho más optimista aún, pese al positivismo arrojado por su técnico en sala de prensa, pensar que el Melilla que desfiló por el polideportivo Pisuerga puede meter la cabeza entre los nueve primeros.

78 Carramimbre CBC Valladolid

Leimanis (7), Bartley (15), Federico (10), Sergio de la Fuente (7) y Aboubacar (5) -cinco inicial-, Mike Torres (13), Mackenzie (14), Rubio (2), Tom Granado (5), y Adekoya.

70 Melilla Baloncesto

Luke (2), Misters (11), Matulionis (21), Uclés (8) y Hartwich (7) -cinco inicial-, Agada (4), Marín (4), Sidibe (7), Didac Cuevas (6) y Witlinski.

parciales:
18-18, 40-27 (descanso), 24-23 y 14-20
árbitros:
Bravo Loroño, Caamaño Muñoz y García Parejo.
incidencias:
Tercera jornada de la Liga LEB Oro, disputada en el polideportivo Pisuerga ante 1.400 espectadores.

Mucho tienen que cambiar las cosas para que este Melilla juegue la misma liga que el Carramimbre esta temporada. Ninguno de los dos desplegó ayer su mejor baloncesto, pero poniéndonos en el otro extremo, en la peor versión de ambos, uno no dejó de estar en partido mientras que el otro no tuvo fuelle ni argumentos más que para hacer la goma.

Además, a día de hoy el de Hugo López luce mucho más trabajado –armado también, por supuesto– y ni siquiera necesita estirar sus buenas rachas de juego para moverse en el partido con solvencia. Para muestra, el mejor botón es el que le dio la tercera victoria con un juego a medio gas que le bastó para ganar y guardar la ropa.

Otro Melilla

De salida poco tenían que ver los dos equipos con los que protagonizaron el 'play-off' cinco meses atrás. Ni en un lado ni, sobre todo, en el otro, donde Melilla se ha dejado por el camino buena parte del presupuesto y con él, el enorme potencial que le llevó la temporada pasada a disputar la Final a Cuatro en Bilbao. En una situación crítica en verano, fueron sus socios quienes dieron el último empujón para que el decano de la competición continuara un año más. La consecuencia a su tardío aterrizaje en el mercado se traduce en una plantilla más corta en kilos y centímetros pero, más relevante aún, mucho más corta en talento.

Donde hace unos meses tenía jugadores de peso, ahora cuenta con gregarios. Más suplentes que titulares –al contrario que Carramimbre, donde todos comparten galones–, donde solo Agada y Sidibe tienen rango de jugadores franquicia.

Consciente de su escaso fondo de armario, Alejandro Alcoba sorprendió dejando a los dos en el banco de salida. Y su apuesta por jugadores más móviles le dio resultado momentáneamente, ya que durante el primer cuarto manejaría las únicas ventajas de todo el encuentro (hasta siete puntos, 11-18). Sin referencias interiores como las que tenía en su anterior visita –Balaban, Dos Anjos o el macedonio Gjuroski–, Melilla ya no lo fía todo a un baloncesto control y sí a la inspiración de Agada -secado en Valladolid- y al acierto del lituano Matulionis (exBilbao).

Pocos argumentos para tumbar a un Carramimbre que este año tiene artillería y recursos ofensivos suficientes para pelear por estar arriba. Si no pierde la cabeza y consigue prolongar sus buenos minutos defensivos –de momento, por lo visto ayer, insuficientes–, el equipo de Hugo López garantiza un juego alegre e intenso. Y puntos, desde luego muchos puntos, lo que le concede un porcentaje muy alto de victoria si los partidos se van por encima de los 80. Por ahora, el suyo es un proyecto en construcción en el que el talento que ha logrado reunir le conceden unos cimientos muy sólidos. Su respuesta ante Melilla demuestra que está en mitad del proceso.

Su juego racheado le da para mantenerse invicto porque sus rivales no aguantan una rotación tan sólida y enchufada como la que tiene. Buena prueba de ello fue su primer arreón ayer. Con un 21-1 (23-7 con Agada en cancha) se sacudió la caraja con la que saltó al campo, sentó las bases de su dominio y de paso lanzó un serio aviso de lo que es capaz de hacer esta temporada.

A ritmo de triples –salvo Aboubacar todos pueden lanzar con un índice elevado de acierto–, este CBC puede hacer un destrozo a cualquiera en un visto y no visto, y al Melilla se lo hizo a caballo entre el final de primer cuarto y el inicio del segundo. Con triples de Mike Torres, Mackenzie y Tom Granado –excesivamente acelerado en su puesta en escena–, el partido no tardó en decantarse del lado vallisoletano (32-19, coincidiendo con el tiempo muerto solicitado por Alcoba).

En ese punto, la única de las preocupaciones para Hugo López, amén de mantener viva la intensidad a través de las rotaciones, era la tercera falta de Niksha Federico. En el otro bando, las fugas eran un hecho y no solo habían empezado a destapar los problemas de Melilla para adaptarse al ritmo impuesto por los exteriores del Carramimbre sino que la riada iba en aumento. Concretamente hasta alcanzar una máxima de diecisiete puntos al paso por el minuto 23 (48-31).

Frenazo en seco

Hasta ahí pudo leer el equipo de Hugo López, todavía en fase de crecimiento en determinados conceptos –la mayoría defensivos–, que se frenó en seco víctima de su propio estilo. Se desenvuelve como pez en el agua en un partido a muchas revoluciones, pero cuando el acierto baja varios puntos corre el riesgo de darle alas a su rival y probar de su misma medicina.

Eso sucedió ante Melilla hasta en dos ocasiones. En la primera gracias a tres triples prácticamente consecutivos de Matulionis que llevaron el marcador a un inquietante 51-43. Y en la segunda, ya con Agada en el banquillo por cinco faltas, apenas quedaba tiempo para que Melilla pudiera amenazar la tercera victoria de la temporada para el Carramimbre. La primera de prestigio, tras Marín y Canoe, que pone al conjunto vallisoletano en el buen camino y que también le deja tarea por delante para ir creciendo como equipo. Estirar más minutos a lo largo del partido sus rachas de buen juego ofensivo, y afinar determinados ajustes defensivos debe marcar ahora su libro de ruta.