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Viaje al corazón de la tierra de los palomares

Palomar con Medina de Rioseco al fondo. /
Palomar con Medina de Rioseco al fondo.

Las construcciones de adobe y tapial destacan en el paisaje terracampino

Miguel García Marbán
MIGUEL GARCÍA MARBÁNMedina de Rioseco (Valladolid)

D ice el refrán que la primavera, la sangre altera. Sea por el buen tiempo, porque los días son más largos, por la mayor luminosidad o por las ganas de salir del invierno y guardar en el armario la ropa para el frío, lo cierto es que apetece romper la rutina, entre otras cosas para viajar. Llega el momento para las pequeñas excursiones de un día o de fin de semana, para el feliz descubrimiento de lo que tenemos más cerca, para disfrutar de la cultura y el patrimonio tradicionales, de los paisajes naturales, de la gastronomía y de las gentes. Por eso, proponemos un tipo de ruta que es ideal para el turismo familiar.

Entre todas las opciones, la familia viajera se decantará por la Tierra de Campos vallisoletana, en la que buscará conocer sus palomares, esa construcción tan castellana, que «no solo decora y amuebla el paisaje: lo calienta. Es una referencia en la inmensidad desolada del páramo», según acertó a expresar Miguel Delibes.

El Centro de la Naturaleza de Matallana es el punto de partida de la ruta, más concretamente en un palomar del siglo XIX convertido en aula de interpretación, en cuyos corredores, de más de 2.000 nichos, padres e hijos tienen un primer acercamiento real a estas construcciones tradicionales, a los tipos de palomares y la relación de sonidos que emite cada especie. Con tiempo, también se puede recorrer el moderno palomar de hormigón blanco del arquitecto Roberto Valle.

Medina de Rioseco será la siguiente etapa. Junto a la Nacional 601, en la conocida como viña grande, impresionan los tres grandes palomares con el 'skyline' al fondo de la Ciudad de los Almirantes, donde será obligado pasear por los soportales de su centenaria calle Mayor. Los palomares tienen presencia desde que los romanos introdujeron la cría de palomas de un modo racional, y como complemento a la economía agrícola, pues cada uno de estos edificios daba más de 200 palominos al año, según se lee en 'El Lazarillo de Tormes'.

En cada municipio, los palomares hay que buscarlos en las cercanías del caserío. La variedad es el denominador común con palomares cuadrados, rectangulares, de herradura, cilíndricos, con patio, sin patio, con ornamentación o sin ella, incluso los que ya se han arruinado, tienen también su especial encanto. El barro, es decir, la propia tierra, en forma de adobe y tapial, es su principal material de construcción, a la que se añade, algunas veces, la piedra en zócalos y puertas, y la madera y la teja árabe en los tejados.

Este viaje continúa por Palazuelo de Vedija, Villamuriel de Campos, Villafrechós y Barcial de la Loma, uno de esos pueblos donde destaca su conjunto de palomares, que rompen con fuerza visual la planicie terracampina. La excursión cambia de provincia para llegar al islote vallisoletano de Roales de Campos con un singular palomar hexagonal. La incursión en tierras zamoranas permite a la familia viajera conocer en Castroverde de Campos el Centro de Documentación Transnacional de los Palomares con una exposición permanente de los distintos tipos de construcciones del artista vallisoletano Andrés Coello y dos documentales sobre estas populares edificios, cuya concentración en poco espacio es muy atractiva en la cercana Villamayor de Campos.

Algo que también es característico en Valdunquillo y Villavicencio de los Caballeros, en el regreso a tierras vallisoletanas por Bolaños de Campos. En estos pueblos se observan algunos ejemplos de planta rectangular con un patio interior: son como dos palomares enfrentados e independientes unidos por un patio interior.

Por la Nacional 601, la ruta de los palomares pasa por Becilla de Valderaduey, con un desvío hasta Villacid de Campos, para, a continuación, llegar a Mayorga, con un palomar urbano. De Melgar de Abajo se pasa a Melgar de Arriba, donde predominan los palomares de planta rectangular y cuadrada y tejado tipo pagoda. Es importante saber que la influencia de los albañiles que trabajaban en cada zona también se ve en la tipología de los palomares, como es el caso de Herrín de Campos, con predominio de los de planta circular con patio interior y rematados con adornos en la parte superior del tejado.

Más de medio centenar de estas construcciones de la comarca han tenido una segunda vida gracias a la iniciativa de Adri Valladolid Norte con ayudas para la restauración, a la vez que conseguía con sus alegaciones que la ley de caza en Castilla y León recogiera la protección para los palomares tradicionales, rememorando aquellas primeras leyes de protección que, en 1465, fueron promulgadas por Enrique IV.

Tras el paso por Santervás de Campos, Villacarralón, Fontihoyuelo y Villalón de Campos, la familia llegará a Cuenca de Campos y se encontrará con uno de los mejores grupos de palomares, restaurados recientemente y de diferentes tipologías.

La ruta concluirá en Tamariz de Campos, junto al Canal de Castilla, donde la familia rememora cada uno de los momentos vividos, cada uno de los palomares observados, pero también iglesias, torres solitarias, palacios, casas solariegas, estrechas calles, ermitas, ríos, soportales, puentes, postes, pósitos, chozos, molinos e infinitos paisajes, diferentes en cada estación, en un territorio donde, según Jesús Torbado, «las casas son de abobe y los hombres tienen el rostro del mismo color que la tierra en el invierno».

 

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