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Mango, el sabor dulce de los trópicos

Mango, el sabor dulce de los trópicos

La mejor forma de degustar y disfrutar de esta fruta exótica es al natural, con unas gotas de lima, e incluso limón, para realzar su sabor o simplemente sola

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Carnoso, sabroso y refrescante, dulce pero no calórico, beneficioso y buen compañero de plato. El mango, aunque no es una fruta de esta tierra, llega al mercado con facilidad y es un disfrute para el paladar. Como fruta tropical, nada mejor para degustarla que en alguno de sus países de cultivo original. Este 'melocotón de los trópicos' forma parte de los mejores batidos y desayunos cubanos o de una pizza de fruta con salsa de queso al estilo caribeño, pero es ya también un cultivo autóctono en Canarias o Andalucía, donde hay microclimas que lo permiten.

Sin duda, enriquece una buena macedonia, pero también da un toque personal a un buen asado de carne y choca en un gran bocado de juegos de dulce y salado en combinaciones con anchoas. El mango verde, preparado como verdura, se emplea para dar un toque exquisito a platos preparados con jamón, pescado o ave, y los mejores chefs de cocina lo emplean como guarnición fría con platos de carne picante o curry.

Pero la mejor forma de degustar y disfrutar de esta fruta exótica es al natural, con unas gotas de lima, e incluso limón, para realzar su sabor o simplemente sola. Ensaladas, zumos, mermeladas, bizcochos, tartas o helados.

Para abrirlos, lo más fácil es cortar la fruta a lo largo, en dos trozos, dejando el hueso en el centro. Después, se realizan cortes en zigzag en cada mitad de la pulpa y, por último, se presiona la cáscara hacia afuera.

Existen unas 50 variedades de mangos, pero no todas son comestibles. Más o menos dulce, más o menos ácidas y con usos medicinales incluso.

Dado que los diferentes países productores lo hacen en diferentes tiempos y facilitado por los viajes con la fruta aun sin madurar, se pueden encontrar en el mercado durante todo el año, no siempre con la misma calidad. Su exportación no se lleva a cabo a gran escala al tratarse de una fruta muy delicada, que debe manejarse con las piezas aisladas –nada de cajas de kilos– porque no soporta bien los golpes ni otras condiciones de transporte. Así que la mejor época para disfrutarlos en España es en invierno.

Para elegirlos en su punto más adecuado, hay que mirar que sean flexibles al tacto pero sin chafarse bajo la presión del dedo lo que indicaría un exceso de madurez y un sabor a fermentado. El aroma es importante, no lo tienen cuando están verdes y no cabe esperar que maduren demasiado bien; pero si se hace necesario lo mejor se dejarlos a temperatura ambiente. Cuando están en su punto, la mejor conserva es la refrigerada y aguantan más de medio mes en condiciones óptimas. Grandes zonas negras son mala señal, pero pequeñas imperfecciones y arrugas no impiden que su pulpa esté en perfectas condiciones. Por el contrario, los hay que parecen de exposición y su sabor más bien es de plástico.