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El kiwi, ese pequeño peludo lleno de sabor y salud

El kiwi, ese pequeño peludo lleno de sabor y salud

Además de ser unas de las frutas con mayor concentración de vitamina C , es rico en luteína, un compuesto fitoquímico que reduce el riesgo de cáncer

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Amantes y detractores. Hay quienes lo incluyen como un placer en su día a día y quienes lo detestan. Mejor lo primero, pero para los segundos es importante saber que hay muchas formas de consumirlo y merece la pena porque es una fruta que solo aporta unas 54 calorías –si es de tamaño medio–, un gramo de proteína, 0,4 de grasa, un buen aporte de fibra y el mismo azúcar que la piña. Todo ello hace que el kiwi sea perfecto para controlar el peso y para las personas que sufren estreñimiento o tienen alto colesterol.

Para muchos es casi una pócima milagrosa y muy hidratante para facilitar su tránsito intestinal. Un beneficio que se debe a una enzima que disuelve las proteínas y ayuda a la digestión. Además de ser unas de las frutas con mayor concentración de vitamina C , es rico en luteína, un compuesto fitoquímico que reduce el riesgo de cáncer, enfermedades cardíacas, degeneración macular y cataratas.

Pese a su atractivo interior, el exterior resulta desagradable, especialmente el verde por sus pelillos –el amarillo es más dulce, liso y con sabor algo alimonado, cuestión de gustos–; además, al pelarlo el jugo invade las manos, algo molesto también. Cuando están verdes, 'cosen' la boca y son imposibles de consumir, y cuando se han pasado, tampoco sirven para gran cosa. No obstante, pueden pelarse, trocearse y lavarse las manos para comerlos o cortarlos por la mitad y consumirlos con una cuchara como si la piel fuera un cuenco. Y buscar su punto adecuado de madurez.

Si están verdes, basta con dejarlos a temperatura ambiente dentro de una bolsa de papel con otras frutas como plátano o manzana que ayudan a madurar; luego requieren un consumo rápido.

El kiwi mejora cualquier macedonia, es sabroso en zumos y batidos –especialmente realizados con yogur o kéfir–, y aporta un gran sabor a una ensalada, especialmente si se combina con anchoas –un contraste el salado con el ácido para disfrute del paladar–; pero también con atún o sardinillas de lata. Mermeladas y dulces, bizcochos y gelatinas... además de ese peculiar sabor cítrico aportan color y dibujo. Su contribución decorativa es indiscutible. Hay que evitar hornearlo, salvo que forme parte de la masa, y aporta un toque sabroso y cítrico a los cócteles de marisco, especialmente los de gambas o langostinos.

Y aunque se mete en el mismo cajón que a las frutas exóticas, no lo es. Nada de calor, sino climas fríos y húmedos como el de Galicia, uno de los principales productores en España. Muy lejos, no obstante, del gran mercado chino. Los kiwis llegaron a un supermercado español por primera vez en 1982 y se vendían a un considerable precio equivalente ahora a un euro la pieza.

Fue precisamente a un gallego, Manuel Fernández de Sousa, propietario de Pescanova, quien introdujo su cultivo y comercialización en España y lo hizo en su tierra natal con verdadero éxito.