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Cochinillo asado, crujiente y dorado

Cochinillo asado, crujiente y dorado

Cochinillo de cuatro o cinco kilos de peso; aceite de oliva virgen extra; agua, sal y calidad. Son los ingredientes para la preparación de un buen cochinillo al horno

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

Cochinillo de cuatro o cinco kilos de peso; aceite de oliva virgen extra; agua, sal y calidad. Son los ingredientes para la preparación de un buen cochinillo al horno. Sencillo y sabroso, al que solo hay que sumar el saber hacer, la tradición y el tiempo necesario para lograr esa piel dorada y crujiente, ese sabor único.

Es esta una de las elaboraciones gastronómicas más conocidas de España y como muchas de las preparaciones que se pueden encontrar en el recetario propio de esta tierra rica en materia prima y en firma gastronómica es un plato en realidad muy fácil de hacer. El resultado es espectacular y aunque esta delicia resulta mejor en horno de leña, puede hacerse de forma más doméstica en el de cualquier cocina con buenos logros, nunca será igual;pero sí más que aceptable.

Cochinillo, lechón o tostón al horno es uno de los típicos asados castellanos y en particular de Segovia. Sus restaurantes reciben invitados de todas las partes del mundo en busca de esa mezcla de textura crujiente y tostada de su piel con una carne jugosa que hace las delicias de cualquier comensal. También es una receta muy propia de la Navidad y de las grandes celebraciones; entre ellas, muy habitual en las bodas segovianas.

Agua y sal es lo fundamental; pero hay quien le añade ajos pelados y muy picaditos mezclados con la manteca, sal gorda, tomillo y orégano. Y luego, en un restaurante que se precie no falta la ceremonia del trinchado con un plato cuando el cochinillo es plato principal para todo el comedor. En las bodas hay, normalmente, una mesa especial para esta técnica en la que el camarero encargado partirá el cochinillo. También hay músicos que tocan la tradicional jota segoviana y bailes con el traje regional. El mesonero, después de recitar algunos versos o distintas y personales simpatías, corta la carne con un plato y lo tira al suelo para que se rompa. Cuando esta ceremonia termina, los camareros sirven el cochinillo y los comensales pueden empezar a degustarlo. A quien le gusta, le apasiona y no le cansa.

 

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