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La cerveza, el sonido y el sabor del ámbar

La cerveza, el sonido y el sabor del ámbar

Para los expertos, beber la cerveza helada, aunque es una práctica bastante extendida, no es recomendable

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Dicen que la cerveza hay que saber beberla y escucharla. Ni sirve cualquier vaso, copa o jarra, ni es solo cuestión de gusto –sino que interviene la vista, el oído y el olfato–, ni todas frías ni todas a temperatura ambiente. Dicen que debe consumirse ni muy fría ni muy caliente –aunque el verano hace replantearse las limitaciones en cuanto a la temperatura y el recipiente helado–, y aseguran que es la mejor compañía para cualquier delicia gastronómica o sencillo bocadillo.

Para los expertos, beber la cerveza helada, aunque es una práctica bastante extendida, no es recomendable. Y lo argumentan: El frío inhibe los receptores gustativos de la lengua e insensibiliza el paladar, impidiendo disfrutar de muchos de los matices de este zumo de cebada tan extendido. Las más suaves aceptan mejor el frío, y de ahí la lógica de que en el sur sean con dicha personalidad. Las más intensas y con mayor complejidad, las artesanas, es mejor consumirlas a temperaturas ligeramente superiores para no perder matices. También influye la zona, el norte –y más al norte, como Inglaterra o Alemania– invitan a una bebida casi caliente y su sabor y disfrute es también extaordinario. Acompañan a una buena merienda, a una cena ligera, como tentenpié, o cualquier comida, pero tienen un lugar de prioridad en una buena barra de bar o en casa.

También dicen los expertos que la cerveza se disfruta mucho más servida en una copa, y las hay para cada una de las variedades que ayudan a potenciar el sabor, reteniendo o liberando aromas, la textura y la percepción. Pero un vaso sencillo de tamaño medio es también una gran elección. En todos los casos, desde luego, sea botella o de grifo, hay que servirlas bien con la justa medida de espuma, especialmente las cañas, y de un barril que no esté aburrido de su escaso uso.

Y si de una cata se trata y, por lo tanto, de probar diferentes cervezas, siempre es mejor empezar por la más suave y terminar por la más intensa. Este lógico viaje de sabores permitirá identificar matices; degustarlas a la inversa perjudicaría a las suaves. Para saber si la copa está bien limpia y la cerveza bien cuidada, hay que hacer la prueba del 'encaje de Bruselas'. Sencillo: Hay que inclinar la copa para ver si la espuma se adhiere a las paredes de la misma. Si deja estas marcas similares al tejido belga de hilo de lino, es que todo va bien.

Es una larga tradición la que llega a cada copa y la que combina con el estilo de vida y el tapeo tan español, eso sí, con responsabilidad y moderación, dado que, aunque hay versión sin él, es una bebida con alcohol.