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El paraíso gastronómico del peregrino

Exterior del establecimiento. /A. D. Sanromá
Exterior del establecimiento. / A. D. Sanromá

En medio del Camino de Santiago, el embutido burgalés, la mejor opción para coger fuerzas

ANDREA D. SANROMÁCastrojeriz (Burgos)

Dicen que tres son multitud, pero siempre hay excepciones. Naturaleza, patrimonio y gastronomía resuelven una atractiva combinación para disfrutar del tiempo de ocio en Castrojeriz. Parada destacada del Camino de Santiago, este municipio burgalés de 817 habitantes, conforma su personalidad combinando negocios rurales con descanso, entretenimiento y turismo. Frente a la impresionante Colegiata de Nuestra Señora del Manzano (s.XIII), se encuentra El Jardín, un pequeño establecimiento que cumple el próximo mes de julio su primer aniversario. Una apuesta por el medio rural, consecuencia de la crisis económica, como explica su propietario, José María Francés: «Había que reinventarse. Trabajaba en la construcción, me quedé en paro en una edad difícil para encontrar trabajo, así que decidí apostar por mi pueblo». Fue entonces cuando adaptó el terreno que tenía para poner en marcha un bar-cafetería y ofrecer algo diferente. «Es un sitio informal, diferente al resto de la hostelería», asegura.

De la cocina se encarga Belén Íñigo. «Mi mujer siempre ha sido buena cocinera», señala José María. «Las croquetas caseras, el salmorejo y unas tostas de solomillo de cerdo con cecina o jamón con queso de cabra y cebolla caramelizado es lo que más gusta», subraya.

Pero para salvar la estacionalidad de la oferta gastronómica se han especializado en cocido, callos, sopas de ajo y bacalao a la riojana.

En cuanto al producto, Francés lo tiene claro, «tenemos morcillas de una emprendedora del pueblo; las jijas (picadillo); el chorizo de las carnicerías de aquí; los quesos de la zona y los productos de la huerta».

El Jardín y las vistas a la Colegiata se han convertido en el principal reclamo para vecinos, turistas y peregrinos, a quienes se ofrece el Plato del Peregrino por 10 euros, que varía en función del día.

Satisfechos con el regreso a su pueblo, los temores iniciales han ido desapareciendo porque «el entorno de trabajo influye y aquí te sientes como en casa», resume con satisfacción el nuevo hostelero.

 

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