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En el corazón de la morucha

Miguel Martín posa con un chuletón de morucha. /Juan J. López
Miguel Martín posa con un chuletón de morucha. / Juan J. López

El chuletón de ternera de morucha a la brasa es más que un motivo para sentarse a la mesa

Juan J. López
JUAN J. LÓPEZLa Alberca (Salamanca)

En la Sierra de Francia, a escasos 45 minutos de Salamanca, se encuentra un lugar paradisiaco por su naturaleza, patrimonio, cultura... y gastronomía –como no podía ser de otra forma–. En La Alberca, Conjunto Histórico Artístico, la restauración cada vez tiene más peso, «durante los fines de semana, pero también cada vez más el resto de los días», afirma Miguel Martín, uno de los camareros que más tiempo acreditan en el hotel Doña Teresa. La comarca serrana acredita además de los bellos parajes del Parque Natural Las Batuecas-Sierra de Francia, una gastronomía acorde a su entorno, con el embutido y la carne como abanderados, que no faltan, por supuesto, en la carta de este hotel restaurante.

El establecimiento promueve productos del lugar, que definen una cocina sencilla y austera, de origen humilde a base de guisos y asados, en la que no escasean los dulces, ni tampoco el vino de la Denominación de Origen Protegida Sierra de Salamanca, que el próximo año cumplirá su primera década.

Los platos y especialidades tradicionales tienen pocos ingredientes, pero llenos de sabores y matices, enriquecidos con las aportaciones de los pueblos que se han asentado en la sierra: cristianos, judíos y musulmanes. Son platos con un gran aporte calórico, cuyo explicación se encuentra en la necesidad que había de soportar las duras tareas del campo.

En el Doña Teresa, la carne manda. El chuletón de ternera de morucha a la brasa es más que un motivo para sentarse a la mesa, «eso sí, si es para uno, que sea de buen comer», avisa Miguel Martín, uno de los responsables de sala en el restaurante. El cabrito de las Hurdes, de la comarca extremeña colindante a La Alberca en uno de los valles más angostos de Europa, como es el de Las Batuecas, también es una buena opción; al igual que el solomillo ibérico con salsa de foie o las carrilleras ibéricas guisadas en salsa de Oporto. «Todas son buenas opciones y muy demandadas», argumenta Miguel mientras añade a la lista de posibilidades el tostón cuchifrito o el entrecot de ternera charra. La carne manda en el menú, está claro, pero también merecen la pena los platos de cuchara, como las alubias blancas guisadas con chorizo y oreja; o la sopa de cebolla con pan y huevo trufado.

Para los golosos, postres caseros que degustar en el empedrado restaurante. Desde la novedosa croqueta de chocolate hasta el coulant acompañado de helado de violeta. Un broche para los sentidos.