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Tradición y creatividad van de la mano

Horno del restaurante para platos como el lechazo. /
Horno del restaurante para platos como el lechazo.

El lechazo y la carne tienen un lugar preferente en el asador burgalés La Galería

PLÁCIDO Alfoz de Quintanadueñas (Burgos)

Este restaurante asador es, sin duda, una joya gastronómica burgalesa. El establecimiento sorprende para bien por su cocina y la calidad del producto, lo que ha convertido en unos de los más destacados dentro de esa provincia de la comunidad. José Ignacio Rojo mantiene una apuesta por una cocina castellana tradicional con toques creativos y guiños a unas elaboraciones más actuales. En su carta conviven el lechazo asado en horno de leña, las alubias de Ibeas con chorizo o la reconocida morcilla burgalesa con fórmulas provenientes de otras cocinas como el ceviche (Sudamérica), el chili crab (Singapur), el carpaccio (Italia) o la fondue (Suiza). Una oferta amplia y variada con la que Rojo logra llegar a un público lo más heterogéneo posible.

Nos encontramos con la perfecta simbiosis entre dos fórmulas de expresión culinaria que para nada se muestran, pese a lo que pueda parecer, antagónicas. En La Galería conviven a la perfección. Por ello, este establecimiento es un habitual en las prestigiosas guías Michelin y Repsol (un sol). No es para menos. Consigue sorprender a una clientela que los fines de semana, especialmente, llena este local ubicado en pleno polígono de Villalonquéjar.

El restaurante es amplio y ofrece la posibilidad de comedores privados para todo tipo de eventos. Destaca por su luminosidad, la que le da una amplia cristalera hacia el exterior. La decoración es de corte moderno. Buen servicio. Sobresale su espléndida bodega, en la que se puede disfrutar de más de doscientas referencias, con vinos de las principales denominaciones de origen españolas y presencia también de caldos internacionales.

Dualidad de cocinas

Para mostrar esa dualidad de cocinas, optamos por unos entrantes con un marcado estilo creativo y personal, y unos platos principales herederos de esa expresión gastronómica más tradicional de la que también hace gala La Galería. De entrada, sabroso el salmón marinado con tartar de anisados y gin tonic. El contraste de sabores resulta muy agradable. Tampoco se queda atrás el carpaccio de buey de Kobe con las virutas de foie y matices ácidos. La carne de este tipo de wagyu viene fileteada perfectamente con una generosa cantidad de hígado de ave y con flores y brotes que le dan un toque más visual que de sabor a un plato logrado.

En los segundos, giro de 180 grados hacia una versión culinaria más tradicional. El lechazo asado en horno de leña se ha convertido en uno de los puntos fuertes del establecimiento. Dos hornos reciben al comensal a su ingreso en el local. Los cuartos se asan a la perfección y eso se saborea en el plato junto a la consabida ensalada. Aunque quizá no alcance el nivel de excelencia del asado, no desmerece tampoco el cochinillo prensado sobre agridulce de naranja sanguina y compota de manzana reineta. Otra vez, la mezcla de sabores sale triunfante.

Para acabar, un postre. La carta ofrece su particular versión del clásico tiramisú, un broche perfecto para una comida de altura. La Galería sorprende y encanta a partes iguales.

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