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Templo del cochinillo

Templo del cochinillo

La modalidad 'soflado' supera las cuatro horas en el horno y adquiere un toque barnizado gracias al aceite de oliva

PLÁCIDOArévalo (Ávila)

Siboney es un clásico asador castellano ubicado en la bella localidad abulense de Arévalo. El horno de leña a la vista indica bien a las claras las potencialidades culinarias del establecimiento. Buen lechazo y, sobre todo, un cochinillo de los que no tienen parangón. El local porta además el 'apellido' de museo y es que en su decoración no faltan las obras de arte y antigüedades, lo que confiere a este espacio un ambiente especial pensado para el disfrute del comensal. Estilo clásico en el restaurante, con toques modernos, para conseguir un establecimiento tan original como sugerente.

La carta, de corte tradicional, se basa en el producto de calidad de la zona y mantiene un cierto idilio con la reconocida calidad que ofrece Tierra de Sabor. Javier Rodríguez es un entusiasta defensor de la materia prima del terruño, con la que elabora platos sencillos, contundentes y sabrosos propios de la gastronomía castellana. La bodega, sin embargo, se muestra bastante escasa en etiquetas y caldos.

No faltan los embutidos de bellota, la sopa castellana o las judías del Barco con chorizo. Pero optamos por dos platos sencillos, a los que la buena mano y el excelente producto convierten en un placer gastronómico. Sabroso el revuelto de morcilla de Burgos, que lleva piñones y patatas paja. Un clásico castellano que no falla. El nivel culinario aumenta, y mucho, con el segundo entrante, unas mollejas de lechazo churro rebozadas con ajos fritos. Crujientes y deliciosas con el toque de ajo. Una delicia para los fans a este producto de casquería.

En carnes, Siboney ofrece varios cortes de una de las joyas de la despensa abulense, la carne de avileña. El chuletón de este vacuno satisface a cualquier carnívoro que se precie. Cantidad y calidad en el plato. Si un chuletón resulta demasiada cantidad para el comensal, el entrecot es una buena opción.

Brilla con luz propia

En los asados, el ya mencionado cochinillo brilla con luz propia. La carne del animal llega a la mesa en su punto, con un toque jugoso que emociona al paladar. Al parecer, el cochinillo es sometido a cuatro horas de horno para alcanzar este nivel. Las tres primeras el horno se mantiene a unos 150 grados y la cuarta a unos 180-200 grados para que la piel se ponga crujiente. Se le aplica un poco de aceite de oliva que otorga a la piel ese aspecto de barnizada. A este cochinillo se le denomina soflado. Un plato espectacular que convierte al Asador Siboney en uno de los templos del tostón, denominación por la que también se conoce en la Moraña a este producto cárnico.

Entre sus postres, un flan de queso es una buena manera de acabar con una comida en la que la autenticidad, el excelente producto y el atento servicio obligan a repetir. El recuerdo del cochinillo quedará largamente en la memoria del comensal. Eso seguro.

 

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