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Fusión en tierras palentinas

Atún rojo, macerado en aceite de sésamo con una base de tomate natural y almendra. /A. D. S.
Atún rojo, macerado en aceite de sésamo con una base de tomate natural y almendra. / A. D. S.

Propuestas como el pollo guisado de corral con bogavante, atún rojo macerado en aceite de sésamo y rollitos de morcilla crujiente en salsa de manzana

ANDREA D. SANROMÁ

Pollo guisado con bogavante, lechazo al horno de pereruela, chuletón y chuletilla, sopas de ajo, champiñones en salsa tercia y productos de temporada, como los espárragos, las alcachofas o los calçot, son sólo un ejemplo de lo que esconde un rehabilitado edificio que ha cambiado su utilidad con el paso del tiempo. Si en la época de Alfonso X servía para recaudar impuestos, conocidos entonces como tercias reales, hoy se ha convertido en un acogedor restaurante ubicado en el tranquilo municipio de Cubillas de Cerrato, dónde están empadronados poco más de medio centenar de vecinos.

Enclavado en la provincia palentina, junto a la Iglesia de Santa María del siglo XII, los hermanos Jesús y Javier Ibáñez García regentan desde hace un año y medio, el restaurante La Tercia. En su cocina, suman lo tradicional de la zona en la que se encuentran y «fusionamos para ofrecer algo diferente», explican. De esa mezcla surgen propuestas como el pollo guisado de corral con bogavante. «La verdad es que está teniendo bastante éxito», señalan. Además, encontramos en su carta unos apetecilbes rollitos de morcilla crujiente en salsa de manzana, atún rojo macerado en aceite de sésamo con una base de tomate natural y almendra o unas zamburiñas a la plancha con verduras y salsa de soja.

Naturales de Villaviudas, estos dos hermanos apuestan por una cocina que respeta las tradiciones gastronómicas pero que no dejan de lado otras propuestas culinarias con las que sorprender a su clientela. Su situación geográfica, a 33 kilómetros de Valladolid y Palencia y casi a 40 de Peñafiel, supone que son de estas dos provincias de dónde reciben el mayor número de visitas. «Vamos adaptándonos poco a poco y la gente responde. Es un lugar tranquilo y acogedor donde disfrutar de una buena comida», consideran.

En la planta superior, se encuentra el salón principal con capacidad para 50 personas. Los amplios ventanales permiten disfrutar de una panorámica completa del pueblo, «es muy luminoso y el paisaje es otro reclamo». En la inferior, hay también otro comedor, más pequeño, para unas 25 personas, presidido por un San José y un niño Jesús, «esto pertenecía a la Iglesia y era un lagar donde echaban la uva y la prensaban», explican. En homenaje a la tierra, mantienen un cuadro en el que, según indican, «aquí están el mesonero del Cerrato Luis Ángel y el mesonero de Campos, Pablo, que falleció».