https://static.elnortedecastilla.es/www/menu/img/degustacastillayleon-desktop.jpg

Oliver, un plato para huir de la perrera

Oliver, en la perrera municipal. /
Oliver, en la perrera municipal.

El can, que nunca deja su cuenco de comida para no pasar hambre, logra ser rescatado de un centro de animales tras popularizarse su historia

Juan J. López
JUAN J. LÓPEZ

A Oliver, un perro mestizo de esos a los que identificar más con el Vagabundo, que con la Dama, de la popular película de Disney, no se le engaña tan fácilmente.

Quizá, su desconfianza o su habilidad -según se mire-, tenga más que ver con años de callejeo en detrimento de una vida hogareña de hamaca perruna y restos de chuletón con marca de calidad de Ternera de Aliste o la IGP de Carne de Ávila.

El pequeño Oliver fue abandonado en Memphis, en Estados Unidos, e invadió el patio de una familia desconocida que no quería una mascota...

Pero como el animal se negaba a salir del recinto, tuvieron que llamar a los oficiales del control de animales para que fueran a recogerlo.

La historia de 'Oli', como ya se le conoce, no difería hasta ese momento de la de miles de perros que terminan en una perrera con un futuro más que incierto.

Sin embargo, pronto el 'Vagabundo' cambió su futuro gracias a un inesperado aliado, que llamó la atención del personal del centro. «Como otros perros, amaba comer, pero era distinto», explica uno de los trabajadores a Memphis Animal Services, colectivo que ha popularizado al can.

«Llevaba su plato de comida a todas partes. Era imposible quitárselo», afirman desde la asociación animalista.

Su estrategia le dio resultado, cada vez que lo veían con el plato en la boca, solían volver a alimentarlo... Su comportamiento enternecía tanto a los trabajadores, que comenzaron a sacarle fotografías que luego se viralizaron rápidamente en Internet.

Oliver posa sin separarse de su cuenco, junto a su nueva familia.
Oliver posa sin separarse de su cuenco, junto a su nueva familia.

Cientos de personas preguntaron por él, ante un gesto del animal que a buen seguro tenía su origen en el hambre que había pasado durante meses, incluso, puede que años. Siempre con el plato en la boca, ha abiertos nuevas fórmulas para promover la adopción en todos los puntos del planeta, incluido España.

Así fue como la pasada semana Oliver logró encontrar una familia que quería hacerse cargo de él. Poco después, el animal y su platito llegaron a su nuevo hogar, en el que previsiblemente nunca más pasará hambre, aunque Oli -sin saberlo- sea incapaz de separarse de su pequeño cuenco de comida.