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Platos en braille

Lía Beel posa con dos platos de salmón en la cocina de su casa en Madrid. / David Alonso

La joven Lía Beel, cocinera con deficiencia visual, elabora decenas de recetas con ayuda del tacto y el ingenio

Juan J. López
JUAN J. LÓPEZ

En su caso, lo de meter el dedo en la sopa no se puede considerar una falta de educación o decoro. Ella tiende a tocar siempre que puede –antes y después–. Lo hace al principio, para saber con qué productos cuenta y hasta percibir su calidad; y lo hace después, para cerciorarse de que el acabado es de su gusto. Es Lía Beel, joven burgalesa que reside en Madrid debido a su condición de atleta paralímpica.

Su discapacidad visual no es un problema para recorrer los 100 o 200 metros en el tartán junto a su guía y pareja, David Alonso. Y lo hace a toda velocidad como este plato de salmón marinado con salsa de limón, mostaza y eneldo, en el que demuestra una gran destreza. «La cocina es fallo y acierto, y así he ido aprendiendo a cocinar. Ahora soy una cocinillas y me encanta», confiesa Lía, quien admite que se vale de unas pegatinas en la vitro cerámica, braille en los tarros de especias y botes de diferentes formas «para diferenciar por ejemplo la sal del azúcar» y para desenvolverse con soltura en los fogones.

«Tengo mis preferencias. Por ejemplo, prefiero cocinar platos de cazuela, como unas lentejas o un pisto, a hacer un filete a la plancha. Para mí es más engorroso tener que darle la vuelta a los filetes para ver si están bien hechos o no», admite la burgalesa, quien zambulle en la sartén varios pedazos de salmón que ha cortado previamente y tras percibir con la mano que el aceite ya está caliente. «El salmón se cocina muy rápido. Le doy unas vueltas, le echo la salsa que he hecho con un limón, una cucharada de mostaza y una de eneldo; y ya tenemos el plato», finaliza mientras muestra la receta.

Otras recetas o productos, como la pasta, le dan «más la lata». «Son productos que varían su tiempo de cocción según la marca. La pasta puede ir de los ocho a los doce minutos. La mayoría de las veces haces una foto y hay programas de móvil que te leen el texto», afirma.

«El horno también es un buen sistema para los principiantes. Lo pones un tiempo y lo único que tienes que hacer es coger unos guantes para no quemarte», asegura. Está claro que el que no cocina es porque no quiere. «Al final te buscas la vida y la discapacidad solo está en no intentarlo», finaliza.

 

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