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La inventora del turrón con sabor a jamón

Mari Luz Lorenzo, en su tienda en La Alberca. / Juan J. López

Mari Luz Lorenzo, repostera artesana del Pan Negro de Mari Luz en La Alberca, promueve la innovación en sus dulces como seña de identidad

Juan J. López
JUAN J. LÓPEZLa Alberca (Salamanca)

En una libreta alternan palabras tachadas y redondeadas. «El maestro Adriá alude a lo que pudo ser y no fue», explica Mari Luz Lorenzo, repostera artesana cuyo nombre rotula El Pan Negro de Mari Luz, una coqueta pastelería del corazón de La Alberca. «El turrón de jamón fue lo que pudo ser y terminó siendo», señala Mari Luz entre las demandas de un dulce que le ha hecho ser conocida a nivel nacional. «Mezclar turrón y jamón es lo más, pero antes ha habido otras muchas recetas que se han quedado en el papel tachadas», afirma la pastelera, cuyo amor por la cocina y la restauración tiene casi base «genética». «Mi abuela y mi madre eran turroneras, y yo he crecido entre ellos, solo que no lo sabía», afirma Mari Luz, quien con 15 años ya manejaba la sala del restaurante que sus padres tenían en la villa salmantina.

«Empecé con una torta de guirlache, con piñones y miel, y luego me di cuenta de que lo que hacía era turrón», señala. «Una vez que cerramos el restaurante, pensamos en abrir otro, pero el destino quiso que el local que cogimos fuera muy pequeño para albergarlo, y tuvimos que optar por una pastelería».

Fue «una bendición», ya que la mano de Mari Luz con la repostería artesanal le ha convertido en un reclamo turístico más de este municipio que ostenta el título de conjunto histórico artístico.

El Pan Negro de Mari Luz inició su vida «con la tradición» como base, pero «unida a la innovación». El cóctel funcionó, y a ese improvisado turrón de piñones y miel se sumó uno de nueces y almendras, otro al Pedro Ximénez y... a finales de 2014 llegó la gran estrella mediática, el turrón de jamón.

«No sé por qué lo empezamos a hacer. Soy una de esas personas a las que le gusta hacer cosas nuevas. Hay productos que ya no están en la libreta, ni siquiera en la tienda», afirma. «No significa que sean mejores o peores, solo que me he cansado», añade. «Mezclar turrón y jamón es lo más, pero no es mejor que las Teresinas, las rosquillas que hago en honor de mi abuela, ni que el pan de nueces y boletus, que elabora mi marido Goyo», concluye. La innovación y la creación artesanal también han sido heredadas por Patricia, la hija de Mari Luz, quien ya piensa en cómo seguir los pasos de su madre, y trasladar del papel a la pastelería una receta que termine «siendo».