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Comida para compartir

Pilar Velasco, en la cocina de su restaurante en Aranda de Duero. /Susana Gutiérrez
Pilar Velasco, en la cocina de su restaurante en Aranda de Duero. / Susana Gutiérrez

Pilar Velasco dejó su Carrera de Económicas para seguir los pasos de Karlos Arguiñano y poner su propio restaurante en Aranda

Susana Gutiérrez
SUSANA GUTIÉRREZAranda de Duero

Desde su más tierna infancia soñaba con tener su propio restaurante, incluso jugaba a que regentaba uno. Sin embargo, años después, al cumplir la mayoría de la edad, optó por estudiar Económicas. Aquella aventura duró solo algunos años, ya que cuando tenía encaminados esos estudios, se plantó y decidió apostar por su anhelo de niña. Pilar Velasco, a sus 38 años, ha conseguido ese reto. Desde el pasado verano está al frente, junto a su marido y socio, David, del restaurante Cumpanis, situado en la Plaza de la Constitución de Aranda de Duero (Burgos).

Antes de emprender su proyecto, se formó en Zarautz en la escuela hostelería Aiala de Karlos Arguiñano, un periodo que define como «los mejores años de mi vida, disfruté estudiando como una loca». Allí también conoció a su compañero de vida y de fogones. Después de trabajar en varios restaurantes como Ramsés en Madrid o La Casona del Judío en Cantabria, Pilar apostó por volver a Aranda, su ciudad natal. «Finalmente, nos decidimos a emprender nuestro propio negocio, un proyecto que hemos tardado en montar cuatro años. Durante este tiempo también hemos tenido un niño, por lo que decidimos esperar un poco para abrir», detalla.

En el verano de 2018 nacía Cumpanis, un nombre que viene de dos vocablos latinos que significan con pan y la raíz de las palabras compañero y compañía. «Siempre hemos pensado que ir a un restaurante es compartir: compartir una experiencia, compartir un trabajo, compartir la vida, compartir la pasión. De ahí surgió el nombre. Queremos que la gente venga a compartir primeros, segundos..., comida para compartir», afirma.

En lo que se refiere a los platos, la chef apuesta por una cocina muy elaborada y que, sobre todo, prime el sabor, que considera «lo más importante». En la carta, además de propuestas novedosas, también aparecen algunos productos tan típicos de la tierra como morro, mollejas o paletillas de lechazo, «pero con matices muy diferentes a lo tradicional».

En estos primeros meses de vida del restaurante, la cocinera ha dejado los fogones en un segundo plano y se ha convertido en jefa de sala. «Me he dado cuenta de que es muy importante que una cocinera esté en sala para servir los platos a la gente. A los clientes les gusta un montón que les expliques cómo se hacen los platos, no solo lo que llevan, sino también toda la elaboración», reflexiona Pilar.

Al respecto, añade que en la actualidad se está formando en el mundo del vino. En este sentido, el restaurante ofrece una cuidada carta, donde aparecen propuestas de Ribera del Duero, pero también de muchas otras denominaciones. «Hemos hecho una carta de vino con los mapas y numeritos que te llevan a conocer de dónde procede cada uno de ellos», concluye.

 

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