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Degustín

Jóvenes maestros de la pizza

Un grupo de jóvenes pizzeros, con los alimentos que van a utilizar en el taller de cocina. /Óscar Costa
Un grupo de jóvenes pizzeros, con los alimentos que van a utilizar en el taller de cocina. / Óscar Costa

Los más jóvenes aprenden los secretos del plato más internacional de la cocina italiana, a la vez que conocen los alimentos que consumen a diario en su casa

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Un grupo de niños de ocho y nueve años del colegio Fray Juan de la Cruz de Segovia sigue los protocolos de cualquier chef reputado, desde lavarse pormenorizadamente las manos a colocarse el delantal y el gorro a juego. Tienen en las modernas cocinas del Centro Integrado de Formación Profesional Felipe VI el privilegio de dar su toque personal a uno de sus platos favoritos en una mañana exigente y divertida.

Todo empieza con un bol con harina y una botella de agua. Hay que añadir esta última poco a poco para que la harina adquiera el cuerpo deseado. Lorenzo Herrero, de la pizzería Dumbo, es quien imparte el taller y trata de domar a los pequeños. Cuando pregunta los ingredientes de la masa –harina, agua, aceite, levadura y sal–, uno de los 24 cocineros improvisados responde que «azúcar» y desata la risa colectiva. El reto será estirar la masa sin rodillos. Se notan las caras de pocos amigos al principio. «¡Hoy os podéis manchar sin ningún problema!», arenga el gerente de la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos, Javier García 'Miki'.

Los jóvenes disfrutan con el talle de pizza. / Óscar Costa

Hay quien se empeña en dar puñetazos a la masa y quien la usa para hacer malabares, incluso quien dibuja casi sin querer un mapa de la Península. Los malabares ya los hace Lorenzo, que lanza la masa al cielo. No busca lucirse, sino reducir esfuerzo. Dice que a sus 63 años ya no está para acrobacias, pero disfruta como un niño.

Una vez que la masa está presentable, echan tomate y mozzarella y el ABC de las pizzas: la margarita. Mientras explica el siguiente paso, ya hay niños picoteando de las primeras pizzas de muestra.

Hay dos errores a vigilar: no cargar los bordes, dejando vacío el centro, y las prisas hasta que llegan las bandejas con los ingredientes. «Cuanto más las toquéis, peor», se escucha. Hay frutas, vegetales e ingredientes animales con combinaciones de todo tipo. La primera en entrar al horno era de fresa, chorizo y tomate cherry. La más cargada es la de Inés, con chorizo, jamón, cebolla y aceitunas negras. Otra ambiciosa une cebolla, manzana, fresa, champiñón y pera.

La tutora, Mercedes Alonso, pide disciplina. «Es una experiencia que les gusta. Las pizzas salen escalonadamente del horno tras unos diez minutos. Les espera una caja de cartón para escribir su nombre con rotulador.

Miki recalca la utilidad del taller para que los niños se sientan protagonistas. «Lo hacen y se manchan ellos mismos. Intentamos introducir alimentos más saludables a partir de una comida que les gusta», explican desde el taller. Los hosteleros planean extender la idea a almuerzos para varios centros escolares, con la ayuda de nutricionistas, la mejor forma de aprender qué comer y cómo.