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Dulces y salados

Taller de gastronomía para los pequeños en el Mercado del Val. /A. D. S.
Taller de gastronomía para los pequeños en el Mercado del Val. / A. D. S.

Los más pequeños disfrutaron con la elaboración de creps, un clásico de origen francés, y deliciosas magdalenas británicas, en el Mercado del Val

ANDREA D. SANROMÁ

Nervios, ganas y sobre todo apetito es lo que tuvieron los participantes de la última sesión de Minichefs en el Mercado del Val, en Valladolid. Allí dispuestos a sorprender en sus casas con el resultado final se dieron cita Daniela, Diego, Asier, Manuela, Javi..., de entre cinco y siete años.

La mayoría era la primera vez que se enfrentaban a los fogones para elaborar una de las especialidades más conocidas del país vecino, los creps. Aunque eso sí, ya los habían probado dulces, con chocolate, azúcar y mermelada. Pero, en esta ocasión, aprendieron que también pueden ser salados, rellenos de pollo, besamel, albahaca y espinacas.

Primer paso, «harina, huevos, mantequilla, leche y azúcar», enumeraron las monitoras de la actividad, «son la base para hacer la masa». Así que manos a la obra. Divididos en grupos, cada uno se iba encargando de una parte de la receta, unos troceaban el pollo para el relleno, otros limpiaban las espinacas y el resto preparaban la albahaca. Para la masa del crep, los pequeños añadieron los huevos, la leche, la mantequilla, una pizca de sal, la harina y el azúcar a una batidora. Poco a poco, los ingredientes se mezclaron hasta conseguir una masa homogénea que dejaron reposar entre veinte y treinta minutos. Así que había tiempo para ir limpiando, recogiendo y fregando todos los utensilios utilizados hasta el momento. Con más o menos éxito, la mesa quedó despejada para la siguiente receta, mientras una de las profesoras se encargaba de la sartén para ir elaborando los creps. Eso sí, algún atrevido se lanzó a darle la vuelta con el acierto de un principiante. Una vez listos, sólo quedaba rellenarlos con el pollo y la besamel, y ¡a disfrutarlos!

Moldes de silicona

La siguiente receta levantó los ánimos. Eran magdalenas de chocolate. Ninguna queja. Todos querían hacer la suya, así que hubo una 'leve' lucha por verter la masa previamente elaborada en los moldes de silicona. Rellenaron las tres cuartas partes y los metieron un cuarto de hora en el horno a 200 grados. Para comprobar si estaban ya en su punto, se ofrecieron voluntarios. Los saltos indicaban que había llegado el momento de sacarlas y dejarlas enfriar. Sin duda, la espera mereció la pena porque este grupo de intrépidos se marcharon con la merienda lista para degustar.