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La Granja y Valsaín: el paraíso está aquí

El Real Sitio de SanIldefonso, con sus dos núcleos, es lugar de monarcas, con mil historias reales en torno a sus jardines y palacios, que merecen una visita si se quiere sentir cómo es vivir a cuerpo de rey

Puente de los Canales. Sustenta un acueducto que abastecía de agua el palacio de Valsaín, edificio que sufrió un incendio en 1682 y nunca fue reconstruido. /Óscar Costa
Puente de los Canales. Sustenta un acueducto que abastecía de agua el palacio de Valsaín, edificio que sufrió un incendio en 1682 y nunca fue reconstruido. / Óscar Costa
Jaime Rojas
JAIME ROJAS

A Isabel II, reina de rompe y rasga de mediados del XIX, le gustaba coser mirando el mar; pero no en un mar de olas y sal y en la costa, sino en el que existe tierra adentro, en el segoviano Real Sitio de San Ildefonso, en uno de sus dos núcleos: La Granja. La monarca se encaramaba a una plataforma apoyada en las ramas horizontales de un pino, junto al estanque llamado el mar, en los jardines del Palacio Real y desde allí contemplaba, entre puntada y puntada, una estampa que más bien parece un paisaje escandinavo, con el lago, los árboles y la imponente sierra de Guadarrama como atrezzo.

Uno puede imaginarse a la monarca y a su corte no dando puntada sin hilo en esa suerte de caseta de Tarzán pero con las comodidades regias de la época. Una estructura con elementos vegetales a la que se accedía a través de una escalera que rodeaba el tronco, de la que aún se conservan algunos hierros de sujección. Su nombre era el mirador del mar y su destino fue triste, precisamente como el de la reina, a la que Galdós llamó 'la de los tristes destinos': un ataque de pequeños bichos que perforan la madera provocó que el pino se pudriera. El árbol está ahora circundado por un corralito con una pequeña caseta que es morada de pavos reales.

Caballos en el entorno de Valsaín.
Caballos en el entorno de Valsaín.

Vuelves la cara al pino y no puedes dejar de mirar el estanque, el mar que servía de relajación al gusto por la costura de la reina. Pero uno, inquieto por naturaleza, puede imaginar otras cosas en ese lugar tan romántico. Y más cuando la vida de la reina era una fiesta, con amantes atribuidos como los generales Serrano y O'Donnell, amén de otros militares, cantantes, ministros y aristócratas con todo tipo de títulos; una diversidad que bien encaja con la de los jardines del palacio de La Granja, cuyo mar es paradigma de la belleza del paraíso.

Y de un paraíso que es, a uno que también: Valsaín, el otro núcleo del Real Sitio de San Ildefonso. Aunque todavía llora por su palacio del que poco queda, su entorno nada ha de envidiar al de La Granja, con las rutas de la Boca del Asno y de Los Asientos como referencia de una naturaleza verdaderamente regia.

Allí, en el Camino de las Pesquerías –el itinerario más recomendable entre los dos palacios y mágicos entornos de La Granja y Valsaín– sobrevive un resto de acueducto que sirvió para llevar agua al añorado palacio y está sustentado sobre el puente de los Canales, de un solo arco y mucha luz. El canal tomaba agua del arroyo de Peñalara y salva el río por sus 27 pilares.

Felipe II impulsó este complejo real, del que forma parte el puente y su acueducto. Fue pabellón de caza utilizado en tiempos del monarca Enrique IV y a mediados del XVI se edificó el palacio, en el que se produjeron dos hitos familiares en la vida de Felipe II: el nacimiento en 1566 de su hija Isabel, que reinaría en los Paises Bajos, y cuatro años después los festejos posteriores de su boda con Ana de Austria, que fue en el Alcázar de Segovia.

Estanque del mar, paradigma de la belleza de los jardines de La Granja.
Estanque del mar, paradigma de la belleza de los jardines de La Granja.

El palacio, de estilo flamenco, sufrió un gran incendio en 1682 y los avatares políticos evitaron su reconstrucción.La nueva casa real, los Borbones, se inclinaron por hacer un palacio más francés, ya en el siglo XVIII y a apenas cinco kilómetros: en La Granja. El viento político cambió y esa fue la perdición de la edificación palaciega de Valsaín. Sin embargo, el entorno es inamovible, por muchos reyes que lo intenten. Y eso hace de Valsaín un lugar muy real, donde uno puede sentir cómo se vive a cuerpo de rey.

Y para que la senda que une los dos Reales Sitios tenga un final extraordinario y regio es obligado darse al judión de La Granja, un producto que en principio era el alimento de los faisanes reales y que, al final, el pueblo adoptó como su plato enseña.

En tiempo de los Austrias, no lo consideraron pero luego los Borbones descubrieron que lo que era bueno para la carne que iban a comer, también lo era para ellos. Todo muy real en el paraíso de los Reales Sitios.