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Medio millar de veces 'vino' en la Biblia e infinidad en el arte

Jesús Pilar Sobejano posa con el cáliz de la iglesia de Cigales, considerada la catedral del vino. /Ramón Gómez
Jesús Pilar Sobejano posa con el cáliz de la iglesia de Cigales, considerada la catedral del vino. / Ramón Gómez

Las celebraciones paganas y religiosas a lo largo de la historia han estado siempre muy vinculadas al consumo de vino

Nieves Caballero
NIEVES CABALLEROCigales (Valladolid)

A lo largo de la historia, el vino, los racimos de uvas, las hojas de parra y las cepas han sido fuente de inspiración y se han reproducido en infinidad de obras artísticas, sobre todo en la cristiandad, pero no solo. Ya desde épocas anteriores, por ejemplo en Mesopotamia, Egipto o Grecia, el vino estaba presente en las celebraciones importantes. En la Biblia se hace mención al vino en numerosas ocasiones, aunque para los cristianos, el momento más importante de la Eucaristía es la consagración del pan y el vino.

El medinense Jesús Pilar Sobejano es investigador de Arte y técnico de Turismo del Ayuntamiento de Cigales, lo que le ha llevado a interesarse por el papel del vino en las obras artísticas a lo largo de la historia de la humanidad. «Con el cristianismo cobra mayor importancia, porque el vino es la sangre de Cristo», señala. Así, el primer milagro público de Jesús de Nazaret fue convertir el agua en vino en las bodas de Caná y el último, la conversión del vino en su sangre en la última cena, ampliamente reproducida sobre todo en la pintura.

Pinturas, esculturas, relieves, retablos y otros elementos decorativos, como la orfebrería, son utilizados para resaltar la importancia del vino. En la iglesia de Cigales dedicada a Santiago Apóstol, Jesús Pilar Sobejano muestra un retablo churrigueresco en blanco, en el que las parras serpentean por dos hermosas columnas salomónicas. Pero existen otros elementos cotidianos para la consagración de la Eucaristía en los que las espigas y el vino (el cuerpo y sangre de Cristo) son los protagonistas, como vinajeras, calices, custodias y casullas.

Vinajeras de la iglesia de Cigales.
Vinajeras de la iglesia de Cigales. / Ramón Gómez

Uvas amargas

Pilar Sobejano ha rastreado la Biblia y ha contabilizado 443 pasajes en los que el vino es citado y cobra mayor o menor importancia. Pasajes que encuentran su transposición artística en pinturas, relieves y esculturas. En este sentido, destaca que al comienzo del Génesis se relata que la vid, al igual que otras plantas, fue creada al tercer día, o en el Deuteronomio, Yahvé hizo la promesa a Israel de darles vides y olivos. También subraya que «en el Antiguo Testamento la vid representa al pueblo de Israel, amado y protegido por el señor, pero que por su orgullo, testarudez y desobediencia se convirtió en vid salvaje que solo daba uvas amargas. Ya en el Nuevo Testamento, la condición de la vid pasa del pueblo de Israel a Jesús».

El investigador recuerda que en el Génesis «Noé, además de ser el primer hombre en trabajar una viña, fue la primera víctima de los efectos del alcohol del vino, por eso en muchas de las representaciones artísticas aparece embriagado bajo una parra». La embriaguez de Noé es uno de los frescos de la serie del Génesis de la bóveda de la Capilla Sixtina, que pintó Miguel Ángel. La escena, que representa el episodio en el que Cam, Sem y Jafet encuentran a su padre Noé desnudo y ebrio, también fue pintada por el renacentista italiano Giovanni Bellini. El mensaje del Génesis es evidente: el vino con moderación era una bendición, pero en exceso, peligroso.

Las uvas de la tierra prometida. «Y llegaron hasta el valle de Escol y de allí cortaron un sarmiento con un solo racimo de uvas, y lo llevaban en un palo entre dos hombres, con algunas de las granadas y de los higos. A aquel lugar se le llamó el valle de Escol por razón del racimo que los hijos de Israel cortaron allí».

Subraya que en numerosas ocasiones la planta de la vid se utiliza como base para desarrollar la genealogía de Cristo, inspirándose en la profecía de Isaías. «Saldrá un brote de la vid de Jesé y surgirán brotes de sus raíces». De la familia de Jesé, padre de David, nacerá el Mesías. Entre las obras artísticas, destacan el bajo-relieve del Árbol del Jesé esculpido en el claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) en el siglo XII o el de la capilla de Santa Ana de la catedral de Burgos, del siglo XV.

«Posiblemente, una de las escenas más reproducidas en la Historia del Arte y más importantes para el Cristianismo es la Santa o Sagrada Cena, donde se representa el pan como símbolo del cuerpo de Cristo y el vino como su sangre. El vino adquiere un significado místico a partir de las palabras de Jesucristo», asegura Jesús Pilar Sobejano. La última cena se reproduce en una de las escenas de las pinturas al temple de las bóvedas del Panteón Real de la colegiata de San Isidoro de León (siglo XII). Si pensamos en la cercana Semana Santa, la última cena es la que toma como imagen la Cofradía Penitencial y Sacramental de la Sagrada Cena de Valladolid ('La institución Eucarística', de Juan Guraya Urrutia, 1958).

En el caso de las bodas de Caná, el primer milagro que se atribuye a Jesús, el vino representa la alegría por un importante evento. En el Evangelio de Juan 2:1-11, Jesús con su madre y los discípulos fueron convidados a las bodas. Cuando se acabó el vino, María dijo a su hijo: «No tenemos vino». Jesús mandó que llenasen seis tinajas de piedra de agua, pero cuando el jefe de servicio o maestresala las probó, el agua se había convertido en vino. Entonces, le recriminó al novio: «Todo el mundo sirve siempre primero un buen vino y cuando han bebido a placer, uno menos bueno. Sin embargo, tú has guardado el buen vino hasta el final».

'Las bodas de Caná' es una de las pinturas más famosas del italiano Paolo Veronese, conocido por 'Veronés', pero también aparece en un fresco de San Baudelio de Berlanga en Soria (año 1125); en un capitel del monasterio de San Juan de la Peña, en Huesca, del siglo XII, o en un cuadro de Giotto di Bondone (1302), que se encuentra en la capilla Scrovegni, de Padua. También el pintor barroco español Bartolomé Esteban Murillo recurre a este tema para realizar una de sus obras con mayor número de personajes.