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Marcos Yllera: «Vivimos una transición modélica entre generaciones gracias a nuestros padres»

Marcos Yllera posa en la sala de barricas de la bodega de Rueda. /Rodrigo Jiménez
Marcos Yllera posa en la sala de barricas de la bodega de Rueda. / Rodrigo Jiménez

Marcos Yllera, elegido como mejor personaje del año 2018 en los prestigiosos Premios Verema

Nieves Caballero
NIEVES CABALLERO

Hay personajes del mundo del vino con una larga trayectoria y renombre que casi no necesitan presentación. Hablamos de bodegueros como Pablo Álvarez, de Vega Sicilia; o del francés afincado en la DO Rueda Didier Belondrade; del enólogo danés Peter Sisseck, de Dominio de Pingus; o del jerezano Eduardo Ojeda, del Grupo Estévez y Equipo Navazo; de la riojana María José López Heredía; o del tarraconense René Barbier Ferrer, del Priorato. Junto a todos ellos y algunos más se encontraba nominado Marcos Yllera a los Premios Verema 2018 (página de vino número uno en español del mundo). Pues bien, el director institucional del Grupo Yllera, vallisoletano de 48 años, un enamorado de su tierra y del vino, ha sido el elegido como Personaje del Mundo del Vino. Verema destaca su «gancho y personalidad», así como «su ingenio y espíritu emprendedor».

–Había una larga lista de candidatos de mucho prestigio. ¿Cómo cae este premio?

–No me lo esperaba, porque todos los nominados son unos fenómenos y ya peinan canas. En cualquier caso, este reconocimiento no es solo para mí, es para todo el equipo del grupo Yllera, del que estamos muy orgullosos. Por ejemplo, Didier es un francés que llegó para revolucionar la DO Rueda, porque se ha empeñado en convertir en internacional una uva nacional como la verdejo. Pablo Álvarez representa a la bodega española más importante y que está en el 'top ten' mundial.

–Yllera es un grupo familiar que no ha dejado de crecer. ¿Se ha realizado ya el traspaso de poderes?

–Es otro hito para destacar en la bodega. Ha habido un proceso de transición entre generaciones modélico, gracias a la humildad de Jesús Yllera (su padre) y Ramón Martínez (director técnico de Yllera hasta su jubilación y socio desde los inicios). De verdad, porque tenemos muchos ejemplos alrededor con problemas. Ha salido una noticia en El Norte de Castilla el pasado viernes que, de verdad, me da mucha pena (en referencia al Grupo Pesquera). Yo lo atribuyo más a una virtud de nuestros progenitores que a nosotros. Nos han formado bien y creo que estamos ahora en un momento bonito. Mi hermano Carlos ha tomado el liderazgo en la dirección general. Yo soy el director institucional y la imagen. También están los hijos de Ramón: Moncho (director técnico), César (responsable de la nueva bodega Vivaltus) y Beatriz (administración, finanzas y personal). Ya estamos la nueva generación metida a tope. Aunque nuestros padres no dejan de ir por la bodega y, si hay que tomar una decisión estratégica, están ellos, para eso es su patrimonio. Somos una plantilla de unas 60 personas y hay no hay rotación en la empresa. Por ejemplo, el director comercial, Roberto García, lleva con nosotros 27 años.

–¿Cómo va Vivaltus, el último proyecto de la familia en la Ribera del Duero?

–Ya hemos elaborado las añadas de 2016, 2017 con los problemas que hubo de falta de uvas y ahora estamos con la del 2018. Este lunes vamos a Burdeos con las mezclas, porque Jean-Claude Berrouet no ha podido viajar hasta Valladolid a causa de una operación. Moncho Martínez, que ha sustituido a su padre al frente de la dirección técnica, está muy encima de estos vinos. Ha salido al mercado el nuevo Jesús Yllera 2015.

–Entonces, ¿el objetivo con Vivaltus es elaborar uno de los grandes vinos en la Ribera del Duero?

–Ya lo es. Lo cató Luis Gutiérrez en 2018, le puso 95 puntos y destacó que era una de las sorpresas de la Ribera.

La nueva bodega

–Dice que Vivaltus les ha cambiado la vida, ¿en qué?

–Antes éramos los últimos en vendimiar y ahora somos de los primeros; antes buscábamos color y extracción, y ahora, elegancia y finura, frescura y longevidad; el uso del oxígeno, los remontados. Todo ha cambiado. Ahora se elabora de una manera arriesgada. Se cata cada depósito dos o tres veces al día y se deja al límite de la reducción. Se busca acidez más alta y pH más bajo.

–¿Cuánto van a elaborar?

–El primer año (2017), fueron unas 16.000 botellas de Vivaltus y cerca de 40.000 de Flor de Vivaltus, menos en el 2017, y ahora estamos con el 2018.

–¿Cuáles son los retos actuales para el Grupo Yllera?

–Lanzar y consolidar Vivaltus. Hasta ahora, no hemos vendido un vino de lujo y tenemos que entrar en un segmento que desconocemos. Tenemos que aprender mucho. Buscaremos un embajador que sepa moverse a nivel mundial. También debemos seguir innovando y consolidar las exportaciones, porque estamos por debajo del 10%. Quizás nos hemos centrado mucho en el mercado nacional, donde hemos tenido un crecimiento muy grande, mientras las exportaciones han decrecido.

–¿Es una buena señal o no? La mayoría de las bodegas apostaron por la exportación durante la crisis.

–Durante la crisis hemos doblado la facturación, mucho gracias al 5.5. En 2018 facturamos alrededor de 15 millones de euros.

–En su día fueron rompedores con el frizzante 5.5. ¿Hay otros proyectos en ciernes?

–Innovamos en todos los departamentos. Por ejemplo, cuando lanzamos un nuevo producto, pero también con la nueva bodega o en formación. Pero sí, estamos a punto de sacar un fizzante de uva tinta con un poco más de alcohol, que va a ser una revolución. Posiblemente se llame Revolución. Además, vamos a elaborar vinos con 'el protocolo Berrouet' en Rueda y un clarete y un blanco de albillo en Ribera del Duero, que ahora evolucionan en vasijas de barro. Nos gusta el barro. A Berrouet le gusta el cemento, como tienen en Petrus, o el acero inoxidable y barricas y formatos grandes.

–Viaja mucho, ¿por dónde van las últimas tendencias y gustos del consumidor?

–Vinos más frescos y con menos extracción. No tenemos que tener miedo a elaborar vinos más ligeros.

–Ahora se habla de vinos de parcela, de finca y de pueblo. ¿Rueda llegará a ello?

–Algunas bodegas estamos intentándolo para que se puedan comercializar vinos de determinados viñedos, parcelas y suelos, de paraje, y elaboraciones diferentes. En Rueda tenemos un pequeño problema de demasiada uniformidad, aunque elaboramos un vino medio muy rico. No he encontrado ningún producto en el mundo con la calidad, el precio y la personalidad de los verdejos de Rueda. Hasta el verdejo más económico está rico. De todas formas, Rueda se tiene que diferenciar. Tenemos que ir a calidad y no a precio, porque con verdejitos de tres euros no llegamos a ninguna parte. Hemos demostrado que podemos hacer vinos populares a buen precio, pero ahora hay que dar el salto, buscar valor añadido, elaborar productos singulares y vinos con personalidad para ser una zona mundialmente conocida. El Consejo Regulador está trabajando en ello.