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El color otoñal anuncia el invierno

Cuanto más lento sea el agostamiento, como ocurre este año, mejor para las cepas./Agapito Ojosnegros Lázaro
Cuanto más lento sea el agostamiento, como ocurre este año, mejor para las cepas. / Agapito Ojosnegros Lázaro

Una vez que la planta percibe que ya no hay racimos tras la vendimia, y los nutrientes y reservas abandonan las hojas y se trasladan a las raíces

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZARO

l otoño es una estación que merece una parada en condiciones, parada y fonda, no un sencillo apeadero. De hecho, dentro de un turismo de interior cada vez más desestacionalizado, esta época es imprescindible para viajeros de tierra adentro porque su magia te saca los mejores colores. Despliega una paleta cromática 'Solo para tus ojos', como se tituló una de las entregas cinematográficas del más conocido de los agentes secretos. Pero en el caso que nos ocupa, la licencia que se nos expide es para admirar. Para admirar el viñedo castellano y leonés en el momento del ciclo en el que las hojas de la vid, antes de desvanecerse y desnudarla, adquieren unos tonos que deleitan la mirada con un fin: contribuir a satisfacer luego otros sentidos con la próxima añada.

«Una vez que hormonalmente la planta percibe que no hay racimos tras la vendimia, inicia el proceso de agostamiento, que consiste en un movimiento de reservas de los pámpanos y hojas hacia la raíz, principalmente», explica Agustín Alonso, director técnico del Consejo Regulador de la Ribera del Duero. Ese traslado de nutrientes «produce el agostamiento de las hojas. Si pega una helada fuerte y caen pronto, provoca que la raíz no aproveche sus reservas. Cuanto más lento el agostamiento, mejor. Este año está siendo muy bueno para Ribera. El mejor que he visto», resalta Alonso, ya que «es muy difícil que en noviembre veas plantas con hojas agostándose».

Ese trasvase de provisiones «es en forma de almidón, primordialmente. Son las reservas que van a dar fuerza a la planta para aguantar el invierno y rebrotar luego». De ahí que a partir de ahora la cobertura foliar desaparezca y los pámpanos pasen a ser sarmientos, a los que se les suele encomendar una última misión: suculentas parrilladas.

Otra utilidad que se da a los palos de las viñas es como filtros del mosto en fermentación. Con ellos se realizan zarcillos, pequeñas gavillas que se colocan en la canilla interior del grifo de los veteranos tinos de hormigón por el que se sangra el mosto, procediendo a su remontado o volteo. El zarcillo hace que los hollejos no salgan por el grifo, solo el mosto, que vuelve a envolverse con las pieles.

El factor que acelera la decadencia foliar son las heladas, que en Ribera suelen ser tempranas, por eso «no es fácil ver coloraciones como las de este año. En los que hiela, las hojas se atabacan (color tabaco) y caen rápidamente». Desarropada, la vid afronta el invierno dormitando hasta que la temperatura del suelo supera los 10 grados y se despereza la savia en su interior; le sigue la brotación, la floración, el cuajado, el envero y la maduración.

Luego llegará la poda

Pero durante el invierno hay que podar para preparar la viña para una buena cosecha. En Ribera, como en otras zonas, «no se poda demasiado pronto porque si podas en pleno agostamiento debilitas las plantas al restar a la raíz las reservas de hojas y pámpanos», mientras que si lo haces tarde, «cuando la planta ha empezado a echar en abril, las reservas que haya consumido en el desborre las ha gastado en vano, lo que también debilita. Lo normal es podar ni demasiado temprano ni demasiado tarde y sobre todo intentando eludir las heladas fuertes, porque, si cortas cuanto está muy helado, el corte en la madera es resquebrajado». Otra cosa es que la planta sea muy vigorosa e interese debilitarla, por lo que se podará cuando mejor convenga.

Junto con la DO Arlanza, Ribera del Duero es la más tardía en vendimiar, y si hablamos «de zonas grandes de viñedo a nivel europeo, normalmente somos la última zona grande de tintos en coger la uva. Es una de las características de la Ribera: es una maduración diferente, no es mediterránea, es más pausada, lo que hace que nuestros vinos sean así de potentes», refleja Alonso.

Y de la más tardía en vendimiar, a la más madrugadora en hacerlo: la Denominación de Origen Protegida Cebreros, asentada en Ávila. «Empezamos primero con el albillo real a primeros de agosto», explica Marta Burgos, directora técnica del Consejo Regulador, quien coincide con su homólogo ribereño reflejando que «este año va lenta la caída de la hoja». «A pesar de que ha habido un par de días bastante fríos, no ha tirado toda la hoja, ni siquiera el albillo real», lo que hace que «ahora el viñedo esté precioso porque tiene un montón de tonalidades: amarillos, rojizos y verdosos, mientras se va durmiendo la viña y se para en invierno». «El paisaje otoñal es muy bonito porque se ven las diferentes variedades, que maduran de forma distinta», subraya Burgos.

Respecto a la poda, la directora técnica indica que «hay algunos viticultores, no muchos, que nada más vendimiar, o sin que todavía se haya caído la hoja, ya podan, lo que creemos que no es muy conveniente. Hay un sistema aquí que se llama podar en terciados, o en tercios como lo llaman los viticultores, que hacen una prepoda de aquí a diciembre y luego otra en febrero o marzo». Asimismo, añade que «cada año notamos que se poda más tarde, creemos que es por el cambio climático, pero algunos hacen la poda en marzo. Aquí el riesgo de heladas es muy grande por lo que es un riesgo podar antes, alargando lo más que pueden para salvarse de las heladas tardías».

«El Bierzo ahora está mágico», subraya la presidenta de la DO Bierzo, Misericordia Bello, quien invita a acercarse a este rincón leonés delimitado por unas coordenadas privilegiadas, como lo son sus vinos, gastronomía y sus ancestrales tradiciones, entre ellas, el magosto: la recogida de las castañas y su asado.

«Después de la vendimia está especialmente bonito. Tenemos en la viña toda la diversidad de colores que se puede mostrar según las variedades: de amarillos a ocres, una pluralidad de tonos maravilloso». «Es un mosaico» diseñado por el tipo de planteles bercianos, «minifundios con distintas variedades» que se mezclan con «el bosque de hoja caduca de la zona y, que al igual que el viñedo, está cambiando de color, lo que hace de nuestro paisaje algo muy especial».

«Y como es una comarca con forma de olla», la configuración geográfica pone a disposición del visitante unos palcos de honor desde los que deleitarse en la contemplación de un espectáculo paisajístico que solo ofrece esta estación. Una en la que hacer parada y fonda, y, solo para sus ojos.

 

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