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Vinos tempranillo con personalidad e identidad ribereña

El salón del AC Palacio de Santa Ana de Valladolid se llenó anoche para la cata de Legaris./Ramón Gómez
El salón del AC Palacio de Santa Ana de Valladolid se llenó anoche para la cata de Legaris. / Ramón Gómez

Bodegas Legaris deleita a los invitados del Club de Catas de El Norte de Castilla con un variado abanico de tintos finos

ANDREA DIEZ SAN ROMÁNValladolid

La filosofía enológica de Legaris busca que «el vino exprese siempre su origen». Este es el punto de partida de una bodega ribereña, con sede en Curiel de Duero, que cumple dos décadas de trabajo y defensa de la uva autóctona de varias provincias de la región. Con este planteamiento que define su trayectoria, Bodegas Legaris encontró la complicidad de un público dispuesto a recorrer la D.O Ribera del Duero, a través de cinco historias que descubren a cinco vinos, Legaris Roble 2017, Legaris Crianza 2015, Legaris Reserva 2012, Páramos de Legaris 2015 y Legaris Alcubilla de Avellaneda 2015.

El enólogo y director técnico de la bodega, Jorge Bombín, se encargó anoche de introducir a lectores y suscriptores del Club de Catas de El Norte de Castilla, el mundo Legaris, en el hotel AC Palacio de Santa Ana, de Valladolid. En la sesión estuvo acompañado por Fernándo Pérez, director regional de Legaris, e Ione García, gestora en Castilla y León del grupo.

El primer vino en servirse fue el más joven, Legaris Roble 2017, del que se elaboran un millón de botellas al año. Se trata de un 100% de tempranillo, donde «buscamos la expresión de la fruta, con apenas olor a madera», definió Bombín. En boca, goloso, accesible, fresco, muy expresivo.

Le siguió Legaris Crianza 2015, el vino más representativo de la bodega, «equilibrado y elegante» y que elaboran desde los comienzos de la bodega el año 1999. Por cierto, que fue el único no 100% tempranillo porque se incorpora un pequeño porcentaje de cabernet sauvignon que aporta «un poco de frescura y acidez». Las uvas proceden de diez municipios «es el pequeño gran mapa de la Ribera de Duero en el año 2015», definió el enólogo que añadió «es un vino estructurado que pide ser acompañado por algo de comer».

Con Legaris Alcubilla de Avellaneda 2015, de la colección Vinos de Pueblo, la bodega apuesta por el valor de origen

La ruta por los vinos Ribera del Duero se dirigió después hasta Moradillo de Roa, Peñafiel y Pesquera de Duero. Allí se encuentran las uvas con las que se elaboró Páramos de Legaris 2015. Un vino que forma parte del proyecto lanzado en 2018. «Es un tempranillo de altitud», apuntó Jorge Bombín, en referencia a la localización a 900 metros de altura de los terrenos dónde se encuentran los viñedos empleados. En nariz presenta aromas intensos de fruta roja y en boca es un vino fresco, sabroso, con tanino sedoso y redondo.

En cuarto lugar, se cató el Legaris Reserva 2012 sobre el que ya adelantaron «si no se puede mantener el nivel de un vino, es mejor no sacarlo», en referencia a la ausencia de Legaris Reserva 2013, debido a la calidad de esa añada. La uva procede de viñedos viejos, a partir de 60 años, «que encontramos sobre todo en la provincia de Burgos, en suelo arenoso y a 850-900 metros». Elaborado en barrica francesa «este es un vino para beber ahora y de guarda».

Y, finalmente, los asistentes a la cata disfrutaron de Legaris Alcubilla de Avellaneda 2015, un vino que forma parte de la colección Vinos de Pueblo, con el que la bodega apuesta por el valor del origen. Muestra de ello es cada vino de la colección lleva el nombre del municipio donde se encuentran los viñedos empleados en su elaboración, en este caso de la provincia de Soria. Se trata de una producción limitada de 2.000 botellas. «Es un vino muy redondo y persistente», concluyó Jorge Bombín.