Juego de Tronos 8x03: La Gran Batalla da la talla (atención spoilers)

Juego de Tronos 8x03: La Gran Batalla da la talla (atención spoilers)

Los protagonistas viven con angustia el acoso y derribo de los muertes vivientes

MIKEL LABASTIDA

En el 8x03 de la última temporada, la Gran Batalla se tomó su tiempo para comenzar. Jugaba a desconcertar y lo consiguió. La tensión dramática estaba convenientemente medida para que padeciésemos incluso antes de que la lucha se iniciase. El incómodo silencio, los juegos de miradas perdidas y temerosas, la sensación de acecho sirvieron de punto de arranque para un angustioso capítulo desarrollado en la Larga Noche. Y qué de noche era. Medio episodio lo pasamos a oscuras, y el otro medio, casi, intuyendo qué clase de criaturas atacaban el ejército de Invernalia y qué personajes iban cayendo en el fragor de la contienda. No hubiesen venido mal otros subtítulos que nos fueran relatando exactamente lo que acontecía y así hubiésemos tenido que deducir menos.

Con la rapidez con que antiguamente se aniquilaba a protagonistas en 'Juego de Tronos' y hay que ver lo que ahora les cuesta a algunos morir. Lo de tienes más vidas que un gato debería pasar a decirse ahora 'tienes más vidas que Jon Snow', o que Jaime Lannister, o que Samwell Tarly. Los tres consiguieron librarse, en la última entrega de la serie, de múltiples ocasiones en que casi se dejan la vida. Pero los tres en el último momento lograban salvarse, bien porque aparecía alguien de repente que los protegía y recogía, o porque daban con algún arma con el que no contaban y podían usar. La vida, ya se sabe, sonríe a algunos, aunque sea de noche y en la peor batalla a la que te puedes enfrentar.

Pese a todo la Gran Batalla se cobró algunas vidas, aunque ninguna de figuras protagonistas -y no será porque no se hubiesen hecho apuestas al respecto de quien moriría-. Las bajas relevantes tendrán que esperar. Todos tuvieron un denominador común, fallecían tras haber realizado una heroicidad en pro de otras personas que los elevará a los altares y servirá para purgar penas (si las tuvieran). Así, la pequeña Lyanna Mormont caía no sin antes acabar con el Gigante zombi (algo simbólico aunque bastante evidente); Beric Dondarrion hace lo propio con Arya (que después tuvo un papel decisivo en el desenlace); Melisandre provee de fuego a todo el ejército y se desvanece al alba; Edd el Penas se sacrifica por Sam (esto no sabemos para qué ni por qué); Theon Greyjoy ofrece su vida por la de Bran (eres un buen hombre le dijo el muchacho antes de dejarlo morir); y Jorah rescata in extremis a su amada Daenerys.

Esta última estaba llamada a ser la elegida, la que iba a acabar con el Rey de la Noche, pero resultó que sus dragones no resultaron tan infalibles como otras veces y que su enemigo no se amilanó por el fuego. Mucho dracarys, dracarys, pero aquella criatura logró mantenerse indemne a sus ataques y continuar su plan, que le iba a llevar a donde le esperaba Bran, no sin antes resucitar a todos los muertos que habían causado baja. Tuvo que llegar la verdadera reina de esta historia, Arya, para poner orden y acabar de una vez por todas con aquel ser maligno. Y muerto el perro se acabó la rabia. El resto de combatientes que lo seguían se desintegraron. Quién nos lo iba a decir. Aquella pequeña niña, que nos conquistó en la primera temporada saltándose las normas establecidas y renunciando al puesto que la sociedad había reservado para ella, demostraba sus facultades para defender a cualquiera. Y para ser la líder que merecen los Siete Reinos. Si en el anterior capítulo se daba una alegría al cuerpo, en este se transformaba en heroína. En reina de la noche y muy pronto del día. La historia dirá que tuvo que venir ella a rematar a los que vinieron de más allá del muro. Esto la coloca más cerca del Trono de Hierro, no lo olvidemos. A Bran lo dejamos ahí, en trance, como había pasado los 75 minutos anteriores. Y como lleva desde hace siglos.

Aniquilados Melisandre y Dondarrion se agotan las posibilidades de que nadie resucite a viejos muertos. Lo digo por las teorías locas que circulan por ahí. Quedan capítulos.

No ha habido una batalla de 'Juego de Tronos' parecida a otra. La de Aguas Negras sorprendió por el uso de fuego valyrio; la de Casa Austera, porque nos presentó a las criaturas que iban a amenazar Poniente; la de los Bastardos, por la espectacularidad con la que fue rodada. La de Invernalia estuvo plagada de fuego, pero fuego que no terminaba de quemar. Nos habían dicho que iba a ser la contienda con más acción, mayor inversión y de una espectacularidad sin ingual. Pero esta producción de HBO siempre sabe cómo sorprendernos: nos invitaron a temer a lo desconocido, a lo que no se ve. Mientras esperábamos a la acción nos plantearon un capítulo cargado de cloroscuros, de dudas, de miedos. Lejos de la épica de otras ocasiones esta batalla dejaba a todos los personajes sin aliento y los colocaba al borde de la muerte. O ante ella, que es aún peor. En ese precipicio se mantuvieron todo el rato hasta que de la nada Arya los salvó a todos. Nos salvó a todos.

Ahora toca poner rumbo a Desembarco del Rey, pero descansemos para afrontar esa batalla otro día.