11-M: tratar de entender la tragedia a través de la cultura

Viñetas del libro '11-M. La novela gráfica'. /EL NORTE
Viñetas del libro '11-M. La novela gráfica'. / EL NORTE

Libros, películas y canciones jalonan las manifestaciones artísticas en torno a los atentados de Atocha

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Al margen de las controversias judiciales y políticas, que dieron pábulo a toda una colección de teorías de la conspiración, muchas de las cuales compensaban la verosimilitud con la vocación literaria, la tragedia de los atentados sucedidos en la estación de Atocha, en Madrid, hace quince años, sacudió como pocas los cimientos de una sociedad que se volcó en unánime compasión y empatía con las 193 víctimas de aquel crimen horrendo. Y, como con cualquier acontecimiento en el que la prudencia o el desconcierto dejan sin palabras a la ciudadanía, el ámbito cultural se ha puesto manos a la obra para, a través de distintos canales, rendir homenaje a víctimas y héroes de aquel drama, contextualizar la situación de los responsables; recrear, en la medida de lo posible, su 'modus operandi', e ilustrar, en definitiva, uno de los episodios que, muy a nuestro pesar, ha marcado nuestra historia más reciente y el devenir de la sociedad española en la última década y media.

El escritor y periodista Manuel Jabois aporta en 'Nos vemos en esta vida o en la otra' una particular crónica novelada a partir de sus conversaciones con 'El Gitanillo', el menor implicado en los atentados. También de cierta visión periodística cabe destacar 'Donde Dios no estuvo', de Sonsoles Ónega. Un punto de vista más humanista y de crítica social, en línea con el grueso de su trayectoria, es el que adopta 'El corrector', de Ricardo Menéndez Salmón, una obra que cierra su llamada 'trilogía del mal', que componen 'La ofensa' y 'Derrumbe'.

Nuria Labari hilvana en 'Cosas que brillan cuando están rotas' un testimonio personalísimo mientras que Adolfo García Ortega, también colaborador de El Norte de Castilla, se decanta por el protagonismo de lo coral en 'El mapa de la vida'. El papel principal también puede asumirlo la ciudad misma y su atmósfera, como se esforzó por demostrar Blanca Riestra en 'Madrid Blues'. Grandes nombres como Luis Mateo Díez ('La piedra en el corazón') o Manuel Gutiérrez Aragón ('La vida antes de marzo') aportaron su literatura a la causa, que no entendió de cortos formatos (como el cuento que Fernando Aramburu incluyese en su antología 'El vigilante del fiordo', titulado 'Carne rota'), géneros (el 'noir' aportó 'La púrpura negra' de Luis Murillo y '11M: once días de junio' de Víctor Llano), o países ('Saliendo de la estación de Atocha', del estadounidense Ben Lerner).

No solo en el grueso de la literatura se han dedicado a homenajear las letras a víctimas de este atentado. La conmovida sociedad también ha podido verse reflejada en las viñetas de '11-M: la novela gráfica', publicada en 2009 por Panini y creada a ocho manos por Pepe Gálvez, Antoni Guiral, Joan Mundet y Francis González. Otro de los proyectos que vio la luz con cierta inmediatez fue la composición de antologías poéticas colectivas, que a través de versos y poemas rendían sentido tributo y homenaje a aquellos afectados por los traumáticos asesinatos; como en 'Madrid, Once de marzo: poemas para el recuerdo', coordinado por Eduardo Jordá y José Mateos y en el que participaron Caballero Bonald, Antonio Colinas, Amalia Iglesias o Eloy Sánchez Rosillo. No mucho después vieron también la luz dos proyectos de idéntico espíritu;'11 de marzo de 2004. 114 poemas para el olvido', en el que firmaron textos líricos nombres como los de Felipe Benítez Reyes, Gamoneda, Isabel Pérez Montalbán, Juan Gelman y Guadalupe Grande, y '11-M: poemas contra el olvido', en el que la editorial Bartleby se hizo con la complicidad de Pilar Adón, Aute, Manuel Rivas y Benjamín Prado, entre muchos otros.

El séptimo arte ha seguido una estela paralela al mundo editorial, y ha preferido volcar sus esfuerzos en la no ficción a través de documentales que con la construcción de tramas, argumentos y personajes en torno al 11M. Pese a todo, la seriedad y el rigor destacan aquí por delante de sus contrapartes en papel, con propuestas tan interesantes como '11-M: cuando la calle habló', de Stéphane M. Grueso; '72 horas: del 11-M al 14-M', de Mar Abellán, 'Los ojos de vera', de Alvaro Ripoll y Víctor Gulias; y 'Chicos normales', de Daniel Hernández.

A medio camino brilla la colección de cortometrajes 'Madrid 11-M: todos íbamos en ese tren', dirigida por una treintena de cineastas (entre los que destacan Chávarri, González Sinde o Manuel Martín Cuenca), y en el pleno territorio de la ficción sobresale el sutil guiño que le dedica 'No habrá paz para los malvados', de Enrique Urbizu; la coral 'Ilusiones rotas', dirigida por Álex Quiroga al año siguiente de los atentados, y la película 'Alegría tristeza', recientemente estrenada el pasado mes de noviembre, en la que Ibón Cormenzana dirige al actor Roberto Álamo, quien encarna el papel de un bombero que juega un rol de cierta importancia en aquella fatídica jornada. Son, en resumen, una colección de propuestas para explicar lo inexplicable, comprender lo incomprensible y, por encima de todo, no olvidar nunca lo que siempre resultará inolvidable.