Cuando el telón sube con cuentagotas

El actor Pablo Rodríguez posa a las puertas del LAVA. /Henar Sastre
El actor Pablo Rodríguez posa a las puertas del LAVA. / Henar Sastre

El actor vallisoletano Pablo Rodríguez lamenta la falta de apoyos que recibe la escena en Castilla y León pese al aumento de espacios

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Tan difícil resulta ser profeta en tierra propia como palpable que la tierra –en este caso esta tierra nuestra tan ingrata con lo suyo– reniega de sus propios profetas. Pablo Rodríguez no es profeta ni pretende serlo, pero eligió una profesión de riesgo. Eligió una montaña rusa sin más carriles que los que proporciona Madrid.

Pablo Rodríguez (Valladolid, 1979) eligió ser actor. La versión mejorada de los antiguos titiriteros. La no profesión que siempre ha estado mal vista en casa. En la suya también, según recuerda. "Mis padres se reían y se lo tomaban a broma cuando se lo dije", explica. Irene Santamaría a un lado y Tomás Rodríguez Bolaños al otro. ¡Y el niño quería ser actor!

Una debilidad que le sobrevino estudiando en el instituto Núñez de Arce gracias a la iniciativa de Mercedes Asenjo y Javier Esteban. "Siento que soy actor de toda la vida, pero fue ahí donde empecé. Ellos llevaban el grupo de teatro de la sala Ambigú, y a partir de entonces tuve claro que me iba a matricular en la Escuela de Arte Dramático", explica Pablo, que rápidamente empezó a trabajar junto a la compañía Rayuela además de tener la fortuna, reconoce él, de coger un papel pequeñito, el del hijo, en 'Cinco horas con Mario', en una gira que le llevó cuatro años.

Aquello ya había cogido velocidad y, sin salidas en casa, había que instalarse en Madrid. "Y me instalé", apunta, en un viaje que resultó muy corto. "Por circunstancias de la vida conocí a Ricardo Vicente, que fue mi profesor, y gracias a esa amistad surgió en 2005 la compañía Cuarteto Teatro y Espacio Abierto, que era una escuela de interpretación que intentaba ir un poco más allá ofreciendo cursos a gente aficionada. Traíamos gente de Madrid y dábamos clases de danza, de canto, expresión corporal. Un proyecto que nos dio muchas satisfacciones pero que, nueve años después, nos vimos obligados a cerrar", explica Pablo, que en la última edición del Festival de Teatro de Calle (TAC) ha participado en 'La mirada del otro' llevada al LAVA.

Atender lo propio

Los problemas para sacar adelante un proyecto teatral en tiempos de crisis le pasaron factura. "En esta ciudad se había creado un tejido teatral muy importante, y se había levantado una red que había costado 25 años levantar, y en apenas dos o tres años se la han cargado. No nos damos cuenta de que volverla a levantar a lo mejor cuesta ahora otros 25 años", se lamenta, cuestionando la política de apoyo a las compañías que existe en la región. "Las compañías de Castilla y León están en una situación lamentable. Falta que se nos escuche y que se respete más nuestro trabajo", espeta antes de lanzar una reflexión que es generalizada entre los artistas. "Y cuando se consiguen, siento como que me regalan las cosas".

Dentro del ámbito local contrasta la variedad de espacios que se han creado en los últimos años con la falta de apoyo a las compañías. "Creo que la labor que se está haciendo en el LAVA es muy buena porque al final no se trata de que las instituciones pongan solo dinero. Hay otros medios como aportar espacios escénicos. El equilibrio es complicado, pero al final dependes de cómo se manejen determinados proyectos", sostiene, criticando la falta de confianza que ha tenido Valladolid con lo que se hace bajo su manto. "Estamos en una tierra en la que no nos sentimos apoyados, y muchas veces hasta avergonzados porque queremos traer gente de fuera y no nos damos cuenta de lo que tenemos. Solo pido que se me dé la oportunidad de poder mostrar mi trabajo, que se me programe y que luego se diga si hay nivel artístico o no", señala Pablo, que este año ha rodado en Ciudad Rodrigo la película 'Red de Libertad', del director Pablo Moreno, con Assumpta Serna.

Por el momento, su trabajo se reparte entre la función que estrenará el 16 de junio junto a Teatro del Navegante en Tordesillas con motivo del quinto centenario de la llegada de Carlos V a España, 'Cartas al emperador', la tercera parte del 'Proyecto 43-2' junto a la también vallisoletana María San Miguel, unos entremeses de Cervantes que hará en el Teatro La Abadía, y los proyectos musicales que van saliendo por el camino. Porque Pablo Rodríguez, además de actor, es músico y cantante, es profesor esporádico. "En esta profesión en la que hay épocas en las que no trabajas nada, aprovecho para perfeccionar mediante cursos de canto o de piano. Intento estar siempre conectado porque al final esto es como un entrenamiento", comenta. La música, como demostró en espectáculos como el cabaret 'Shock & show', complementa otras ausencias. "Musicalmente siempre he sido autodidacta, nunca estudié, por eso digo que soy actor y no músico. Tocaba el piano en casa de mi tía y cuando tenía 20 años decidí comprarme uno. Ahora experimento, estudio por libre y trabajo mucho sobre jazz", explica Pablo Rodríguez, resignado por la situación que viven las compañías en Castilla y León.

Un escenario que ha acabado por convertirle en actor en Madrid y extraño en su casa.