Riesgo, talento y crisis en las compañías de Valladolid nominadas a los Max

Ana Gallego y Ángel Sánchez, de Teloncillo, finalistas al Mejor Espectáculo Infantil. /G. Villamil
Ana Gallego y Ángel Sánchez, de Teloncillo, finalistas al Mejor Espectáculo Infantil. / G. Villamil

Las agrupaciones teatrales aplauden la libertad artística y se adhieren a la necesidad de fortalecer el tejido de la comunidad

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Las cuatro nominaciones locales a la XXII edición de los premios Max de teatro no podrían ser más dispares. Por un lado, el mejor espectáculo revelación para María San Miguel por 'Viaje al fin de la noche'. Por otro, 'La Granja' de Teloncillo en la categoría infantil, juvenil o familiar. La tercera esquina del cuadrilátero la ocupa Lucía Miranda en la mejor autoría teatral por 'Fiesta, fiesta', fiesta' y, cerrando el ring, Cristina Calleja en el espectáculo de calle 'Flota…dos', cofirmado junto a la compañía de David Moreno y que este año podremos ver en el TAC. Cuatro propuestas muy dispares a la que les une, sin embargo, varios ingredientes en común; un talento indiscutible en cada una de las disciplinas, su papel activo y combativo tras los estragos de la crisis y su pulso firme a la hora de asumir riesgos en sus diferentes panoramas.

«Nosotras hemos sido hijas de la crisis, aparecimos cuando desaparecieron las subvenciones y hemos sabido salir adelante con métodos alternativos de financiación». Miranda habla por sí misma y por San Miguel, dos autoras nacidas en la década de los ochenta y que han vivido creciendo ante las promesas de un futuro en el que se les recompensaría todo el esfuerzo, pero cuando la época de la cosecha llegó, todo era un páramo baldío: «Nadie nos ha dado nunca nada, todo lo hemos logrado con nuestro esfuerzo y compromiso», valora, por su parte, la artífice de 'Viaje al fin de la noche'. Y no es que el teatro se encuentre en horas bajas, ni mucho menos. «A nivel creativo vivimos un buen momento porque hay muchas voces con discursos distintos y puntos de vista diferentes, se intenta profundizar en riesgos artísticos y experimentar con lenguajes que vienen del cine y la música», continúa San Miguel.

Cristina Calleja, finalista al Mejor Espectáculo de Calle.
Cristina Calleja, finalista al Mejor Espectáculo de Calle. / H. Sastre

A ninguna de las dos le resulta ajena, a su vez, la brecha de género que existe en el ámbito teatral (los tradicionales cánones literarios y sus subsecuentes enseñanzas escolares han minado notablemente la disponibilidad de libretos dramatúrgicos que ostenten perspectivas femeninas, tanto en la autoría como en la construcción de personajes complejos sobre las tablas), que ahora parece equilibrar, si bien mínimamente, esa balanza con una notable presencia femenina en las nominaciones, al menos a nivel local: «Es una buena noticia, porque merecemos un espacio donde se nos ha invisibilizado al nivel de otras profesiones de la sociedad», sostiene San Miguel.

Lucía Miranda, finalista a la Mejor Autoría Teatral.
Lucía Miranda, finalista a la Mejor Autoría Teatral. / Javier Burgos Sánchez-Brunete

Para Miranda, siempre resulta escaso el número de mujeres nominadas y ganadoras. «Es una alegría ayudar a que podamos ser más, yo jamás imaginaba que llegaría a poder ser dramaturga». La autora de 'Fiesta, fiesta, fiesta' siempre imaginó al arquetipo de profesión como a Ramón María del Valle-Inclan, «siempre un señor, siempre mayor, y casi siempre con bigote y barba». Los planes de estudio y formativos, recuerda, siempre se limitan a autores varones, y no es hasta que se busca más a fondo como terminan por emerger y descubrirse nombres como los de Angélica Liddell o Laila Ripoll: «Cuando he visto las nominaciones me ha alegrado comprobar que hay tantas compañeras, creo que son muy valiosas y a todas las admiro mucho», indica.

Sobre esa línea también reflexiona Cristina Calleja: «Es cierto que faltan textos de autoras y de autores sobre personajes que puedan hacer mujeres, pero la tendencia está cambiando: en el circo siempre me he sentido igual que otro compañero, y aunque antaño el mago era hombre y la partenaire una mujer, cada vez existe menos». La corresponsable de 'Flota…dos' también ha querido tocar una tecla sobre otra proclama recurrente social; la de las subvenciones. «No es cierto que vivamos de ellas, de hecho, sí que cabría pedir a los programadores que se preocupen por revalorizar esta cultura para que podamos seguir haciendo historia las de ahora, para que de aquí a dentro de, digamos, cien años; se pueda hablar de nosotras, y no de aquellos quienes ya vivieron hace siglos».

María San Miguel opta al Mejor Espectáculo revelación.
María San Miguel opta al Mejor Espectáculo revelación.

Pero volvamos al riesgo. Porque el lema de este año de los Max es 'La fiesta de la libertad', y en un panorama social y político amenazado por los extremismos y con el debate cultural invirtiendo buena parte de su conjunto de focos en los límites de la libertad de expresión artística, las nominadas cierran filas en defensa del rol del teatro como contrapoder: «Creo en el teatro que debe divertir para que la gente pare en su vida y no piense en sus problemas, pero también tiene que existir ese otro teatro que haga pensar y recapacitar, que con un envite te ponga entre la espada y la pared y convierta al espectador en mejor persona, mejor pensante y mejor filosofo de la vida y lo que le rodea», sentencia Calleja. Ana Gallego y Ángel Sánchez, de Teloncillo, también lo tienen claro: «Vivimos un momento donde se cuestionan cosas muy esenciales que antes estaban muy claras, es una situación determinante a la que no podemos ser ajenos, porque la libertad es fundamental y hay que defenderla ocurra lo que ocurra, incluso si unos titiriteros pasan por la cárcel por el mero hecho de expresarse», sostiene el dúo nominado por 'La Granja'.

No a la condescendencia

Teloncillo, compañía con ya bastante experiencia a sus espaldas, no desconoce tampoco aquellos riesgos: «El teatro para la primera infancia es cada vez más valiente; hemos aprendido por el influjo de las compañías europeas que no hay temas tabús ni prohibiciones si se abordan con rigor y cuidado». La separación de los cónyuges, la violencia en el seno de la familia e incluso problemas de más hondo calado social como los estragos de las drogas o el terrorismo se alzan así como baluartes necesarios de afrontar, contra el tradicional proteccionismo que ha buscado evitar estos temas para los niños, y han ido perfilando la evolución de los propios artistas, de los públicos a lo largo de las generaciones… y, también, de los padres y las madres.

 «Han sabido coger el testigo y la dinámica ha emergido con total normalidad, este paso ha sido muy importante para la sociedad», ponderan. Solo falta por convencer a un actor de esta fase: el programador. «Algunos sectores culturales todavía tienen miedo a encarar esto de un modo natural».

Desde Teloncillo saben valorar la nominación a los Max tras haber sido finalistas en 2015 con el número 'Nidos': «La satisfacción no es solo a nivel personal y familiar, también se percibe un repunte de ventas en el espectáculo». Ese entusiasmo lo comparten el resto de candidatas, en especial San Miguel, a quien «emociona» ver reconocida su búsqueda del lenguaje propio y la apuesta por el diálogo que caracterizan a su trilogía en general y a este cierre en particular. Parte del premio, con todo, lo considera ya recibido: «Las personas que han dado sus testimonios también han abierto mi mente y me han hecho, creo, mejor de lo que era».

Robustecer el tejido

Con respecto al manifiesto de la asociación Artesa, en el que las compañías de Castilla y León se adhieren a favor de un gran pacto cultural en la comunidad que legisle para considerar 'servicio público' a la representación artística en escena, establezca estrategias para retener el exilio laboral de los artistas y la fidelización e interés del público, y robustezca, en definitiva, el tejido creativo y cultural teatral, las cuatro representantes de Valladolid en las nominaciones a los XXII Max también entonan una cierta unanimidad: «No hay que apostar solo por los grandes teatros, sino también por los circuitos provinciales», señala San Miguel; «hay que lograr la implicación de todas las instituciones para crear programas y ciclos que generen continuamente producción de este arte a lo largo de todo el año, acercarlo al público y que en este despierte la demanda».

Para Calleja, «aunque esto suceda un poco en todas partes, porque seguro que también en Madrid y Barcelona cocerán sus habas, aquí falta valentía por parte de los programadores, que desde la gestión cultural de la comunidad no asumen esa labor fundamental de apoyar a su cultura, sus creaciones y sus artistas». De manera análoga que hay grandes inversiones publicitarias y comunicativas en productos de consumo gastronómicos y enológicos, la artista y bailarina echa en falta ese mismo mimo hacia quienes son capaces de contar, creer y decir: «Cuando salimos fuera estamos halagados, queridos y cuidados, la gente admira lo que hacemos, pero en Castilla y León nos cuesta muchísimo que crean en nuevos proyectos, todo el apoyo se basa en temas ya cubiertos, ya dados, pero no para las nuevas creaciones».

Por su parte, Teloncillo juzga que en algunas ciudades de la comunidad «lo que se ha hecho hasta ahora no ha favorecido, y Artesa se dirige a la Junta para que se implanten políticas más robustas que hagan más por el tejido artístico de las compañías». El plan incluye además poder visitar bibliotecas y festivales, pero por encima de todo la súplica de inmovilización de las leyes y que no se vean sometidas a los vaivenes de los cambios de color político devenidos de futuras elecciones. «Siempre hablamos de lo magnífica que es la campaña Tierra de Sabor, y estamos muy contentos con la nueva junta directiva de la asociación, porque estamos consiguiendo muchas cosas y conocemos nuevos caminos de diálogo con las instituciones en los que podemos entendernos y seguir progresando». La suerte les debe, ahora, una doble sonrisa, tanto en esas líneas de debates como en la gala que tendrá lugar en el Calderón el próximo 20 de mayo. Mucha mierda.