Héctor Alterio: «Si me tengo que acoger a la jubilación, no tengo ni para tapar una calle»

Héctor Alterio durante la representación de 'El padre'. /El Norte
Héctor Alterio durante la representación de 'El padre'. / El Norte

El veterano actor presenta hoy a las 20.30 en el Teatro Zorrilla 'Como hace 3000 años', recital interpretado de poesía de León Felipe, con José Luis Merlín a la guitarra

ADOLFO PÉREZ VEGAValladolid

El veterano actor argentino sigue pisando las tablas con la fuerza de un quinceañero, pero con la sabiduría que da la edad. Con 90 años en septiembre, trae hoy al Teatro Zorrilla el espectáculo 'Como hace 3000 años', función en la que se hace acompañar de la guitarra de josé Luis Merlín para recitar, interpretando a un tiempo, los versos de León Felipe.

-Creo que usted, igual que León Felipe, no tiene un abuelo que ganara una batalla, pero sí pasó un exilio -la milicia AAA le amenazó con matarle si volvía a pisar Argentina.

-Sí, estoy aquí en España no por decisión mía, si no por un problema político, del que ya han pasado muchos años y cada vez que lo recuerdo no se si me pasó a mí o le pasó a otro (risas). Fue en el año 74, que es precisamente el año desde que estoy aquí. Mi hija, Malena, prácticamente recién nacida, mi hijo Ernesto con tres años y mi mujer se trasladaron aquí, y aquí seguimos desde entonces hasta hoy. Con la alternativa de que, gracias a los cambios que hubo en mi país, yo pueda regresar allá, pero ya me quede aquí y, como quien no quiere la cosa, pasaron 45 años.

-¿Qué sintió cuando vio que no podía volver a su país natal?

-Al principio lo tomé a risa. No pertenecía a ningún partido político y tenía el basamento de una actitud independiente. Era ateo y agnóstico, cosa que manifestaba por notas, hasta que eso molesto a alguien o ese alguien dijo «es una persona peligrosa». Me pongo en la actitud del que provoco la amenaza, que tengo la idea de que era López Vega, un político muy particular que tenía poderes hasta cierto punto absolutos en ese tipo de cosas, tanto como para crear una agrupación de esos niveles.

-Yendo a cosas más alegres: la obra que trae a Valladolid ¿Qué destacaría de 'Como hace 3000 años'?

-Te explico desde el principio. El nombre le dimos en base a un poema que se titula así, con el deseo de que la gente vaya a escuchar poesía. Eso le ocurría a Homero, que atraía a muchísima gente solo recitando versos. Hablo en plural refiriéndome a mi compañero en escena, el guitarrista José Luis Merlín. Nos apropiamos del título y se lo pusimos a nuestro espectáculo, que es simplemente una expresión de deseo, y tenemos la gratificación de que el público lo pasa muy bien, escucha, está atento y provoca unos silencios casi conmovedores. Escuchar el silencio que provoca una frase, cuando está más o menos bien hecha, es conmovedor. Y llevamos haciendo esto desde hace muchos años. José Luis y yo nos conocemos desde hace 20 o más años.

«Estoy en España no por decisión mía, si no por un problema político de hace tiempo»

-Además, no solo recita, también interpreta.

-Esa es la ventaja que tienen los versos tan profundos de León felipe, tan dramáticos que me posibilitan interpretarlos como si fueran personajes de teatro. Me regodeo mucho en eso. Pero no va más allá, no cambio la métrica de los poemas, ni nada por el estilo.

-Entonces, hay más de actor que de poeta en 'Como hace 3000 años'.

-Hay actor, fundamentalmente. El poeta es León Felipe, nada más. Yo soy un actor que estoy interpretando a un poeta, y ese poeta me permite ampliar los registros y poder teatralizarlos, en el mejor sentido de la palabra, claro.

-Creo que es de los pocos que, con un Goya a su espalda, afirma sin miedo que lo suyo es el teatro.

-El teatro me mantiene vivo. Si yo se que hay un señor, desconocido para mí, que se moviliza para ir a una taquilla y pagar por una entrada, de la cual yo vivo, y se sienta en una butaca para que le despertemos algo, a sabiendas de que el espectáculo que va a ver ya lo he hecho 250 o 300 veces, yo tengo la obligación de mostrarle un estreno, como si no lo hubiera hecho nunca, ocultarle lo anterior. Ese ejercicio me lo da el teatro. Me posibilita mejorar lo mejorable de la noche anterior, olvidarme de las 300 representaciones para que el señor no se de cuenta de que estoy repitiendo por 301 vez lo mismo.

Todos los días son estreno

-En 15 años que lleva lo ha tenido que repetir muchas veces ¿Ha llegado a estar tanto tiempo de gira, excluyendo esta, con la misma función?

-No, con la misma función nunca. No la hicimos continuadamente, hubo espacios provocados por nuestros compromisos. Hace poco acabé una función que se llama 'El padre', de Florian Zeller, un escritor francés con bastante repercusión, y estuve dos años. Muy pocas veces se sobrepasa ese tiempo en teatro; dos, tres años. Esto lo hacemos desde hace mucho tiempo pero con grandes espacios. Ahora lo volvemos a retomar, pero nunca estamos de manera continuada.

-Antes me hablaba de la importancia del teatro para usted. Hasta tuvo una compañía teatral, Nuevo Teatro ¿Por qué decidió dejarlo?

-Estuve 20 años con esa agrupación, comencé en el 50 y en el 70 decidí cambiar de la noche a la mañana: me casé (un poco tarde, ya tenía cuarenta y pico años); tuve mi primer hijo, Ernesto, a los 41, a los 43, nació Malena; y desde allí cambió todo, lo dejé. Pero esa decisión también vino unida a la invitación que acepté del Festival de San Sebastián para representar en el mismo a una película que había hecho, 'La tregua'. Y ahí me quedé, por lo que comentamos antes.

-Deduzco que fue un poco por obligación...

-Más que por obligación, por temor (risas). No sabía que iba a pasar, la amenaza era concreta. Llegué a mi casa y me encontré una amenaza de muerte si yo volvía a mi país. Yo y otros como yo, que se dispersaron por Latinoamérica. Los titulares eran: «Cinco amenazados de muerte se escapan». Ahí comenzó toda mi historia, afortunadamente superada.

«El éxito de mis hijos es otro tipo de éxito»

-Suelo preguntar a los entrevistados que se dejan en el tintero, pero me parece ridículo decírselo a usted con casi 90 años que tiene...

-Casi, casi, casi... ¡En septiembre los cumplo! Pero afortunadamente tengo la posibilidad, que me da el teatro, de estar vivo. Yo no estoy por vicio ni beneficio. Sigo, primero, porque es mi profesión de toda la vida, lo único que se hacer, lo único que tengo y lo único que mantiene mi economía y mi situación personal y familiar. Si me tengo que acoger a la jubilación, no tengo ni para tapar una calle, no me sirve para nada. Me gusta, pero ojalá hubiera tenido una profesión que pudiera ejercerla en esos momentos de no tener propuestas de trabajo, pero no es así. Tengo esto, lo hago lo más honestamente posible y no le quito el trabajo a nadie, y con el resultado de esto viven mi familia, mis deudas y mi vida.

-A pesar de su edad, entonces, ¿no se ha planteado dejarlo?

-Sí, si me lo he planteado, ¿pero que hago, de qué vivo? Es que es la realidad, es lo que hay. Si me dicen «déjelo y le damos, en vez de 800, 8000 euros», pues lo dejo (risas).

-Sus hijos también son actores, de éxito además.

-¡Por suerte, sí!

-¿Cree que más que usted?

-Es otro tipo de éxito. Mi hija tuvo mucha trascendencia por una serie de televisión que hizo. La televisión da muchas posibilidades para que se trascienda desde abajo. Le toco a ella y mi hijo, otro tanto. Y... no sé que decirte, la verdad (risas). Lo único que me importa es que ellos son conscientes de tener respeto por ellos mismo, por los demás y por lo que hacen hacia el público. Eso me basta.

-Que no es poco. Muchas gracias, Héctor.

-Perdona mi indecisión... ¡Ojalá pudiera tener más labia! (Risas) A sus órdenes, gracias.