«Mi fuga fue más original que la de Puigdemont, la suya fue de cobardicas»

Boadella, en el púlpito que saca a escena en su obra 'El sermón del bufón'. /El Norte
Boadella, en el púlpito que saca a escena en su obra 'El sermón del bufón'. / El Norte

Albert Boadella se sube al púlpito el sábado 17 de marzo en el LAVA para hablar de sus memorias en ‘El sermón del bufón’

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Agitador, inteligente, culto, valiente, sincero, satírico, irónico, cínico, provocador, ácido, fanfarrón, activista, indomable, heterodoxo, rebelde, irreverente, políticamente incorrecto,... y, curiosamente, de extrema izquierda o de extrema derecha dependiendo de quien hable de él. Virtudes que han adornado durante más de cincuenta años al actor, dramaturgo y director de teatro, y que ahora también preceden al presidente de Tabarnia, cargo asumido desde su exilio madrileño.

Detrás de todos estos adjetivos se esconde Albert Boadella (Barcelona, 1943), que ahora también se proclama bufón, y como tal vestirá el próximo viernes 16 de marzo en el Teatro Juan Bravo de Segovia (20:30 horas) y el sábado(20:30 horas) en el Laboratorio de las Artes (LAVA) para disparar contra todo lo que se mueva.

En ‘El sermón del bufón’, Albert dialoga con Boadella sobre sus experiencias vitales. ¿Quién es más bufón de los dos?

–En general es más bufón el Albert, que es mi lado más asilvestrado, juvenil y juguetón. El Boadella es el hombre que ha ido madurando y distanciándose de posiciones tan asilvestradas como las del Albert. De cuando en cuando tamiza o frena algunas de las locuras de Albert.

¿Este Boadella no haría, entonces, algunas de las cosas que hizo Albert en su día?

–Algunas no. Uno pasa revista y se arrepiente de determinadas cosas, no estoy contento con la totalidad de mi vida, eso sería trágico o de alguien insensato. Y Albert representa esa parte más lanzada e impulsiva, algo que pertenece a la práctica totalidad del género humano.

Dando por hecho que hemos llegado a digerir todo lo vivido en los últimos cinco meses, ¿se siente hoy más catalán o más excatalán que nunca?

–Bueno, soy excatalán en cuanto a la parte oficial. Si se trata del régimen instalado en Cataluña, no solo soy excatalán sino traidor a esa Cataluña.Me siento triste, a veces incluso avergonzado de lo que está sucediendo, y con deseos de poder hacer algo para cambiarlo. Creo que ahora hay una parte de la ciudadanía que ha reaccionado después de muchos años de silencio para acabar con este suicidio colectivo.

Usted no tiene ningún rubor en afirmar en su sermón que durante años ha engañado al espectador, ¿quién ha engañado más, Boadella o Puigdemont?

–El teatro siempre es un engaño. Siempre es ficción. La diferencia en esta obra es que lo que allí se dice no solo es ficción sino que es auténtico. Ha sucedido. Yo engañaba más cuando hacía espectáculos, pero siempre con un buen fin, una finalidad positiva y moral. No es el caso del señor Puigdemont, él engaña para otros fines.

¿Es mentiroso la palabra que mejor define a Puigdemont?

–Lo que mejor le define es ser un aprovechado. Aprovecha todo lo que tiene a su alrededor en beneficio propio, y que hoy está aquí y mañana está allí. Es gente que en el fondo no tiene una ideología más que la de aprovechar las circunstancias en beneficio propio y en el de su ego.

Hasta la fecha no se le conoce 3 por ciento como al hijo de Florenci –así se refiere a Jordi Pujol–...

–Bueno, nunca se sabe. Muchos han salido que considerábamos que eran el gran ejemplo de la moralidad, caso del señor Pujol. En cualquier caso, yo hablo de un aprovechamiento personal en el sentido del poder y de alentar su ego personal. Ambiciones muchas veces desmesuradas que también forman parte de la condición humana, y que convierte a los demás en simples instrumentos de nuestras propias ambiciones.

Como fundador que fue de la plataforma Ciudadanos, ¿se reconoce en el partido del otro Albert?

–Reconozco una parte, diría que la parte más antinacionalista. Hay otras partes en las que han evolucionado, y no comparto. No estaba dentro de nuestras intenciones iniciales. Ellos han tomado un rumbo que me parece bien porque significa alternativa, pero no coincido con otras. Pero es que yo no soy un hombre de partido que dice amén a todo. Jamás he estado afiliado a ningún partido, ni siquiera lo estuve a Ciudadanos.

¿Ha crecido el número de comediantes en Cataluña?

–Tenemos un gran plantel. Pujol era un personaje formidable. Con solo poner su imagen en escena la gente empezaba a reírse. Ahora hay muchos, no tengo predilección por ninguno. Rufián, por ejemplo. Con sus números en el Parlamento muestra un deseo de teatralidad que no es propio del lugar en el que está.

«Hay un gran plantel de comediantes en Cataluña. Pujol era un personaje formidable. De ahora, Rufián por ejemplo»

Los bufones se jactaban de saberlo todo de la Corte, ¿sabe Boadella como acabará este sainete?

–No llego a ese punto de vanidad de saberlo todo, pero tengo intuiciones de cómo va a acabar. Soy de las pocas personas en Cataluña que ha ido diciendo constantemente lo que iba a pasar. Dije que suprimirían los toros, también hace quince años que se iba a declarar la independencia,... Quiero decir que les conozco como si les hubiera parido.

Su predicción, entonces.

–Pues tengo la impresión de que esto va a durar mucho. Este juego doble en el que estamos ahora, que es tratar de entrar en un galimatías para que no se encuentren frente a un delito y por lo tanto frente a la cárcel. Eso sí, mientras haya dos millones de personas dispuestas a votar a un señor que huye de la justicia, esto no va a acabar mañana. Las consecuencias son de una enorme gravedad porque implica un empobrecimiento social y económico evidente. Nadie se la va a jugar a invertir un solo euro en una Cataluña con inseguridad jurídica.

Secuencia de gestos de Albert Boadella en su obra 'El sermón del bufón'.
Secuencia de gestos de Albert Boadella en su obra 'El sermón del bufón'.

¿Tiene cura?

–La única que conozco es la cura del electroshock. Se ha practicado poco, pero creo que la cárcel es un hecho ejemplar y didáctico para los dirigentes porque a nadie le gusta estar en la cárcel. Se lo digo yo que un día me escapé de la cárcel.

¡Pero su fuga fue de un hospital!

–Sí, pero encarcelado con dos policías en la puerta y otro en el vestíbulo... ¡Y además esposado a la cama!

Más original, sin duda.

–Desde luego. En el fondo, lo haga quien lo haga, escaparse de la cárcel siempre es una victoria. Y la sociedad siempre lo ve con simpatía, aunque se trata de un delincuente. La del señor Puigdemont fue más bien la fuga de un cobardica, como decíamos de pequeños. Yo tuve que utilizar el ingenio sin llegar a romper un solo cristal.

Creo que hablamos de un 5º piso.

–Cierto. Y de hecho, si me hubiera resbalado hubiera vuelto a entrar en el hospital por la puerta de urgencias que estaba justo cinco pisos por debajo.

Cuarenta años han pasado desde que fuera encarcelado por llevar a escena la obra ‘La torna’. Viendo lo que estamos viendo últimamente, ¿tiene la sensación de que ha vuelto la censura a este país?

–Creo que hay que distinguir entre dos cosas. Una, que la sociedad debe protegerse con las leyes para que a uno no le digan hijo de su madre en público y no suceda nada. Esto me parece perfecto y forma parte de una sociedad democrática. Y la otra tiene que ver con los artistas, y nosotros tenemos la obligación de llegar tan lejos como podamos. Y muchas veces llegando tan lejos nos saltamos leyes. Es un juego entre el ratón y el gato, es decir si yo lo hago con suficiente arte, gracia y astucia no me caza el juez. Pero si lo hago de una forma abrupta, como ha sucedido, aquí me coge el gato. Lo que no deseo para mí es tener un estatus distinto que cualquier otro ciudadano por el hecho de ser artista. A mí una vez me cazaron por falta de ingenio mío y por no decir lo mismo pero burlando la situación.

«Si el rapero en lugar de tararear insultos hubiera inventado un aria como Verdi no estaría en la cárcel»

¿Es mejor hoy día ser bufón que titiritero?

–Yo salí en su día en defensa de los titiriteros porque la ficción no se puede considerar nunca en el mismo plano que la realidad.

Hará usted de bufón, pero se queda bien a gusto...

–Sí, la verdad es que me despacho bien, sí. No sé si hay trasgresión de alguna de estas leyes, pero en cualquier caso lo hago de una forma que no resulta ofensiva. Mire, cuando nosotros hicimos la obra ‘Teledeum’ en el año 83-84, se formó un escándalo en España que acabó con varias demandas que fueron a parar a la Audiencia de Burgos, en primera y en segunda instancia. La audiencia falló en nuestro favor porque estimó que los valores artísticos de la obra eran superiores a lo que se podía considerar blasfemo o hiriente para un sector de la sociedad.

Ustedes se metían con la iglesia, no con la Corona...

–Mire, si ese rapero condenado a cárcel en lugar de tararear unos insultos se hubiera inventado una aria tan bella como la de Verdi no le hubiera sucedido absolutamente nada, porque hubiera intervenido el arte y hubiera borrado una parte del insulto.

¿Quiere decir que el sermón que ahora pronuncia está medido al milímetro?

–Palabra por palabra.

¿Casulla y estola incluidos?

–Incluidos.

No me dirá ahora que la estola es de color amarillo.

–Usted sabe que el amarillo es un color absolutamente prohibido en escena. Según la leyenda, Molière vestía de amarillo cuando murió en escena, y desde entonces es un color tabú.

«¿Amarillo? Tengo un jersey pero solo me lo pongo cuando voy obligado al teatro y sé que no me va a gustar la obra»

Mucho me temo que hace tiempo que no utiliza el amarillo.

–Pues tengo un jersey amarillo, y lo utilizo alguna vez cuando voy al teatro obligado como espectador y sé que lo que voy a ver no me va a gustar.

¿Es más conocido ahora como presidente de Tabarnia que como dramaturgo?

–Bueno, ahora no puedo ir por la calle en Madrid. Es natural, cuando uno interviene socialmente en algo tan delicado y lamentable como lo que sucede en Cataluña, es lógico que la gente se agarre a este perfil. No es lo que me gustaría pero lo acepto.

¿Prepara ya otro discurso para Navidad?

–No, ahora estoy preparando mi viaje a Bruselas dentro de diez días. Voy con una delegación de Tabarnia, primero a Waterloo y luego a la Unión Europea en lo que se va a llamar operación ‘Otra pica en Flandes’.

Lo que empezó medio en broma tiene ya hasta periódico.

–Está tomando una dimensión realmente amplia porque tiene una cosa ventajosa, que es que engloba a todos los que están contra el nacionalismo, sea del partido que sea porque quieren seguir siendo españoles.

Tiene también himno propio.

–Se ha hecho uno, pero musicalmente no me entusiasma demasiado. Iremos mejorándolo. Hay que buscar un himno que tenga una calidad musical a la altura.

 

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