Concha Velasco: «Incorporo todo lo que me pasa en la vida a mis personajes»

Concha Velasco, durante la presentación de la obra en Mérida../Jero Morales-Efe
Concha Velasco, durante la presentación de la obra en Mérida.. / Jero Morales-Efe

La actriz vallisoletana vuelve al Teatro Romano de Mérida con la obra 'Metamorfosis'

El Norte
EL NORTEValladolid

A sus casi 80 años, Concha Velasco aún atesora la emoción propia de la juventud mostrándose infatigable. Con una trayectoria de lo más completa, asegura que sigue aprendiendo de sus compañeros, tanto jóvenes como mayores, y aprovecha su experiencia vital para trasladarla a los personajes que interpreta.

Concha Velasco (Valladolid, 1939), que vuelve al Teatro Romano de Mérida con la obra «Metamorfosis», dirigida por David Serrano, confiesa estar «ilusionadísima» por su regreso. No obstante, a pesar de su vasta experiencia, todavía le abruma la responsabilidad ante el público.

En una entrevista con Efe, cuenta que, acostumbrada a ser una profesional de órdenes rígidas bajo el mando de directores «cuadriculados» como José Carlos Plaza, Miguel Narros o Gerardo Vera, en esta ocasión ha tenido que desaprender para interpretar desde la improvisación.

Para la actriz vallisoletana, trabajar con Serrano ha sido un descubrimiento, «un lujo maravilloso». «Te deja improvisar y sacar de ti cosas que ni tú mismo conoces, algo que es importante a mi edad, como reírme de mi misma», explica.

Tras pasar por el festival emeritense, con Hélade primero y encarnando a la vengativa Hécuba después, en esta ocasión da vida a una particular narradora en una versión de Mary Zimmerman de las Metamorfosis de Ovidio, a la que el joven director, «siendo fiel al original, ha dado un toque distinto».

Según relata, Serrano le pidió que interpretase su papel de narrador como si de un cuentacuentos infantil se tratara: «Soy la que siempre comienza las historias como si contara un cuento, había una vez un rey rico llamado Midas que tenía mucho dinero...».

Una fórmula que Velasco cree necesario recuperar, que «los padres cuenten cuentos a sus niños porque últimamente con las tablets y los móviles están muy confusos».

Sin embargo, la veterana actriz admite que el papel que más disfruta es el de madre de Faetón, ya que en este montaje todos los actores se desdoblan en varios personajes y ella, además de maestra de ceremonias se enfrenta a otras interpretaciones, «breves pero difíciles».

A su juicio, esta Metamorfosis es un espectáculo «maravilloso» que combina amor, tragedia, teatro cómico, e incluso, canciones modernas, pero el público «debe sacar sus propias conclusiones». «Nos empeñamos en decirle al espectador lo que tiene que pensar y me molesta mucho», agrega.

«Eso de retirarme para nada», sentencia. Concha Velasco es consciente de su realidad física y las limitaciones de la edad, pero, en cambio, no quiere oír hablar de la jubilación porque todavía conserva las ganas de actuar y algún sueño por cumplir.

Reconoce que le hubiera gustado llevar a escena una tragedia shakesperiana de la mano de José Carlos Plaza: «He visto un Coriolano en el que Vanessa Redgrave está maravillosa; yo amo a esta mujer y quería hacerlo aquí, pero ya no creo que pueda».

Con todo, después de estar en cartel durante once días con Metamorfosis, se embarcará en otros proyectos. «Cuando acabe aquí voy a hacer 'El Funeral' en Alcalá de Henares con una gira hasta marzo de 2020 que termina en Zamora y he encargado a mi hijo Manuel que me escriba una función con la que estoy entusiasmada».

En este sentido, define el teatro como la «verdad» ya que, a diferencia del cine o la televisión, lo que ocurre en un instante preciso no puede volver a suceder de la misma forma. «No se puede fallar en el teatro, proyectas una emoción y el público te la devuelve, aunque yo no hago distinciones, algunos de mis mejores trabajos, como Teresa de Jesús, fueron en televisión».

Con esta obra, Concha Velasco llega al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida por tercera vez, emocionada y «un poquito preocupada» ante el reto de trabajar con «actores maravillosos» y lograr que el «generoso» público salga de la función satisfecho.