Seminci, una fiesta del cine a pesar de todo

Goran Paskaljevic, Deepa Mehta y Robert Guédiguian. /G. Villamil
Goran Paskaljevic, Deepa Mehta y Robert Guédiguian. / G. Villamil

El espectador, el contenido y la forma de verlo ha cambiado en la última década desplazando a las salas como sede del séptimo arte, lo que convierte a los festivales en el último reducto de los cinéfilos

VICTORIA M. NIÑO Valladolid

El cambio climático también afecta a la Seminci. No solo por las sesudas jornadas que dedica el festival a esta cuestión desde hace algunas ediciones, sino en el refugio que todo aficionado buscaba en las salas en aquellos octubres anunciadores del invierno más que los actuales rezagados estivales. Ahora, más que nunca, el público semincinero es puramente cinéfilo, ama la ficción audiovisual recibida de similar forma que el público de los Lumière. Fuera, sin embargo, hay marejadilla tecnológica, la que permite ver una serie en la bici del gimnasio o en medio del campo (con wifi) en un móvil. La 63ª Seminci comienza el próximo sábado a pesar de que se perdió el hábito de ir cada semana al cine, de que las pequeñas salas han sido borradas del paisaje urbano, de que las inteligentes televisiones se adelantan a nuestras apetencias.

Y será una fiesta, un atracón de películas y un trasiego de rostros que ya suenan más por las series que por las películas. Javier Angulo cumple una década al frente del festival. Recogió el testigo de Juan Carlos Frugone y la gran herencia de Fernando Lara. En estos diez años parece que la Seminci se ha hecho más española, que ha mantenido la amistad con algunos directores descubiertos con anterioridad con suite fija en el Meliá, y que se han multiplicado los actos aledaños a un festival antaño mucho más sobrio.

Las intenciones de Javier Angulo

Es una formalidad que Javier Angulo aprovecha como el periodista que fue a modo de editorial. El libro anual que recoge los contenidos de la Seminci comienza con un 'saluda' del alcalde y otro del director del festival. Comenzó en 2008 siguiendo a las palabras de León de la Riva con una comedida declaración de intenciones para la Seminci «insuflarle aires nuevos sin arruinar su identidad». En la siguiente edición aparecía la palabra crisis y acuñaba una metáfora usual en su discurso, «los caladeros donde todos pescan», refiriéndose a los grandes festivales, sobre todo Cannes y Berlín. El «tiempo de incertidumbre» continuó en 2010. Un año después Javier aludía a otro campo semántico, el de la gastronomía, para anunciar «un banquete de cine» y prometer «cine gourmet». No tardaría en colarse el fenómeno enológico en el festival. Un Angulo más humanista reivindicaba el cine «como producto de consumo útil y rico. Útil para provocar esperanza en el ser humano, para apelar a sentimientos más necesarios como generosidad y solidaridad. Rico para animar nuestro espíritu y despreciar la resignación reinante» en 2012. Denunció el abusivo 21% de IVA en la cultura en 2013 y por primera vez hace un guiño a niños y jóvenes. La cultura «como alimento básico, bien de primera necesidad» centra su editorial de 2014 y en 2015 saluda después de Óscar Puente, quien preside la celebración de la 60ª edición. Los miles de escolares sumados es el triunfo de 2016. Hace un año Angulo consideraba los festivales como la «última trinchera del cine de autor» ante la «competencia salvaje de las plataformas de contenidos».

Conocida era la relación de Angulo con el Festival de Málaga y a eso se achacaba la mayor presencia de la producción nacional. En el recuento de la ficha puede seguirse el número de películas españolas que han concursado cada año en un certamen temido por los realizadores patrios, por la facilidad con la que se pateaban sus películas. El pasado miércoles, Angulo repetía que sentía el deber de inaugurar, siempre que se pudiera, la Seminci con una producción española.

Entre los directores foráneos que se abrieron camino en España desde Valladolid en la década de los noventa y han seguido fieles a la Seminci están Robert Guédiguian, Goran Paskaljevic, Deepa Mehta, Mika Kaurismaki, Margarethe von Trotta, los hermanos Dardenne, Zhang Yimou o Agneska Holland, entre los más prolíficos. Entre los nuevos que ya llevan sello Seminci desde la etapa de Angulo, pueden citarse Mar Coll, Agustí Vila, Adán Aliaga, Steph Green, Chloé Zhao o Gastón Duprat. En esta edición presenta nuevo documental la directora salmatina Isabel de Ocampo. Ella es una de las asiduas, como espectadora, jurado y realizadora. «Me escapé a los 16 años a la Seminci y aquella sesión a las 9:00 en el Teatro Calderón me hizo sentir como en casa, rodeada de gente tan loca por el cine como yo». El principal atractivo para ella es que «la Seminci ha mantenido su esencia con los directores». Se ha mimetizado tanto con el público semincinero que «hasta he pataleado con él. Aunque me moriría si me lo hacen a mí. Es una pasión parecida al fútbol, somos los futboleros de la cultura».

Su cinta 'Serás hombre', sobre la identidad masculina, se mostrará en la sección DOC España. La salmantina lamenta haber visto «desaparecer festivales porque no se ajustan al canon industrial. Pero los festivales de cine de autor deben existir porque si no, el cine como cultura no podrá expresarse. La directora de 'Evelyn' se pregunta por la medida del éxito. «Si solo es el dinero, esta película mía no recaudó mucho. La vio poca gente. Sin embargo, entre esa poca gente estaba un proxeneta que se dio cuenta de lo que hacía tras visionar el filme. Su testimonio ha sido muy valioso para este último documental, 'Serás hombre', que nos habla del machismo y de una prostitución más sórdida y verdadera de lo que nos cuenta Hollywood». También desde joven asiste Javier Castán, director de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid desde 2011. «Voy al cine sin demasiada información, quiero que me sorprendan. Y eso me gusta de la Seminci, que me suele sorprender. En estos diez años se ha mantenido la sorpresa».

Las master-class de invitados de la Seminci en la UVA «son siempre un éxito, se queda gente fuera. Son personajes que dan mucho juego porque ayudan a conocer el cine fuera del cine». Ha visto cómo descienden las matrículas en los cursos de la Cátedra, «hay menos interés, se ha pasado de cientos a una treintena». Celebra las propuestas orientadas a la formación de nuevos públicos aunque la mayor reticencia la ve en los centros educativos, «hay que hacer valer el poder educativo del cine».

Amantes del cine, curiosos y profesionales están invitados a comprobarlo en las salas del 20 al 27.

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