Portugal recibe su homenaje en la 63ª edición de la Seminci

Los integrantes de la mesa redonda en torno al cine portugués. / Gabriel Villamil

Una mesa redonda y una clase magistral subrayan la probada valía de un país sin industria pero con tradición de cine autoral

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Pasado ya el ecuador de la 63ª edición del Festival de Cine de Valladolid, justo era dedicar, al fin, un día al país invitado de la presente edición Portugal. Una clase magistral, la última de la Semana en el Aula Mergelina protagonizada por el presidente del Jurado Internacional, productor y director Miguel Gomes, y una mesa redonda en el Salón de los Espejos del Teatro Calderón protagonizada por diferentes representantes de varios sectores de la cinematografía lusa (tanto de la esfera artística como de la económica o la cultural), supusieron los platos fuertes de la jornada de este jueves 25 de octubre de 2018; en dos actos moderados por José Cabrera, responsable de Coordinación y Gestión de Películas en el Festival.

Por lo que se refiere a la mesa redonda; José Vieira Mendes, autor del libro que edita la Seminci 'Cine portugués del siglo XXI', comenzó haciendo una pequeña semblanza de lo que está sucediendo en el séptimo arte luso: «Soy optimista, pese a la crisis hay muchos directores jóvenes rodando por las calles, aprovechando las nuevas tecnologías, y los premios nos hacen quedar ante Europa como un país en crecimiento».

Por su parte, Javier Rioyo, director del Instituto Cervantes en Lisboa, señaló cómo «el cine portugués sabe dar lecciones de reflejar la realidad del país, pese a sus problemas industriales serios o sus limitaciones mayores». También señaló lo interesante de ciertas películas contra la dictadura y largometrajes de autor más actuales, así como la presteza con la que hay que acudir a las salas dado el brevísimo tiempo que un filme portugués puede pasar en cartelera: «Llegar a verlos puede ser una gran suerte».

Mónica Santos, codirectora del cortometraje de animación 'Entre sombras', explicó que para la financiacion todo artista depende del Estado o de las coproducciones. Miguel Dias, responsable del Festival Curtas Vila do Conde, no quiso dejar de restar importancia al soporte financiero: «Es importante que todo el mundo pueda hacer su trabajo, se puede tener una energía e ideas para la ópera prima pero no se puede hacer nada sin dinero». Pese a todo, reivindicó Dias la producción fílmica que se cultiva en su país, sobre todo a niveles de calidad autoral y artística: «Hoy creo que el cine portugués se encuentra en una encrucijada de influencias de todo el mundo, al menos el cine que importa».

Pedro Berhan, exdirector del Instituto de Cinema Audovisual y actual consejero de cultura en la Embajada de Portugal, trató de arrojar una mirada más luminosa: «Creo que la salud del cine en Portugal va francamente bien, por el talento de sus directores y técnicos, que hacen un trabajo extraordinario para dar a conocer nuestro cine». Considera, no obstante, que las cosas podrían ir mejor: «No hay política cultural en Portugal, como no la hay en España: construimos día a día pero no hay objetivos: eso es algo que debe cambiar», sentenció.

Autor y financiación

En la clase magistral que se desarrolló a lo largo de la mañana en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid, Miguel Gomes defendió la tradición de cine de autor que ostenta Portugal. El productor y cineasta apuntó a las limitaciones que impiden a Portugal consolidar debidamente, al menos en lo que a los recursos económicos se refiere, una industria cinematográfica de probada solvencia: «Como carecemos de un potencial comercial, a la televisión de aquí no le importa el cine, de esta manera se financia siguiendo el criterio de que, aquel al que se aporta dinero, que al menos arroje una visión personal». Gomes encuentra, así, un inesperado lado positivo a esa asfixia pecuniaria:«Los autores cuentan con la posibilidad de filmar sus historias porque no existe una presión de financiación».

Gomes pasó revista a su carrera desde la salida de la Escuela de Cine de Lisboa pasando por la etapa como crítico y llegando, finalmente, a dirigir cortos primero y largometrajes después. Junto a Cabrera reflexionó sobre el crítico devenido en cineasta o su propia trayectoria fílmica, desde 'Aquel querido mes de agosto' hasta 'Tabú' y su trilogía de 'Las mil y una noches' adaptadas a un Portugal contemporáneo.

Con respecto al cine político, el director emitió una serie de juicios análogos a los que, en jornada previa, emitió Icíar Bollaín:«Todas las películas son políticas», si bien a Gomes no le interesa «el punto de vista militante, pues el espectador ha de ser responsable de conformar su propia visión del mundo, y el cineasta no es nadie para imponer, con demagogia, la suya personal». Ese proceder resulta, para él, más propio de los modos de un predicador:«No puedo tener la pretensión de indicar un camino que ni yo mismo conozco».