«Sin una revolución interior, todo seguirá igual»

Miguel Romero, Francisco Gomis, Alicia Santonja, Adán Aliaga, David Valero, equipo de 'El arca de Noé' G. Villamil /
Miguel Romero, Francisco Gomis, Alicia Santonja, Adán Aliaga, David Valero, equipo de 'El arca de Noé' G. Villamil

Adán Aliaga y su equipo, la única representación española en la Sección Oficial de la Seminci, despiertan fiilias y fobias con 'El arca de Noé'

VIRGINIA T. FERNÁNDEZ VALLADOLID

Tres personajes en busca de un Santo Grial». Así se refiere Adán Aliaga a los tres personajes que protagonizan El arca de Noé, la tercera película que el realizador alicantino presenta en la Seminci y la única representación española en la Sección Oficial este año. Con Estigmas obtuvo en 2009 el premio Pilar Miró al Mejor Director. Ayer presentó en Valladolid una apuesta también «arriesgada», hecha a cuatro manos con el también alicantino David Valero (Los increíbles, 2012). La criatura nació sin pretensión de circular siquiera por el circuito de festivales. «La hicimos solo para nosotros, pero luego fue creciendo», decía ayer Adán Aliaga a los periodistas. «La única premisa era divertirnos», corroboraba Valero. Rodaron entre amigos, aseguraron los directores en la rueda de prensa, a la que acudieron también Francisco Gomis, Miguel Romero y Alicia Santonja, actores de la película. En el encuentro con la prensa salió muchas veces la palabra crisis. Porque el filme habla de la dos crisis, la de fuera y la de la dentro: «La película surgió en un momento de crisis personal por nuestra situación. Queríamos hacer algo muy libre, guiado por el instinto y por la intuición, trabajando con la gente que teníamos más cerca», contó Aliaga.

El Grial que anhelan encontrar sus personajes duerme en otra dimensión, en un lugar fuera del mundo al que escapar de la desolación provocada por el deterioro del sistema. Y a esa dimensión se llega construyendo una máquina del tiempo, una particular arca de Noé en la que solo caben un lobo (Gomis, tan místico en persona como en la película), un oso (Romero)y una avestruz (Alicia Santonja).

El equipo de El arca de Noé destaca su «carácter metafórico», aunque los actores hablaron desde su experiencia de rodaje porque aun no la habían visto terminada. El viaje que persiguen los personajes de la película, «desarraigados pero protagonistas de una historia casera pero mágica», representa en realidad la necesidad de una «revolución interior»:«Si no existe un cambio interior, no importa dónde vayas, si tú no cambias, todo seguirá igual», decía Valero, quien define el tono del filme como «apocalíptico pero cercano». En el fondo de todo, hay algo de escepticismo en lo que se refiere a qué será de la humanidad tras la debacle mundial:«Sí, somos pesimistas en cuanto al futuro», reflexiona Aliaga. «Estamos en un bucle del que no podemos salir, por muchas máquinas o artefactos que construyamos», añade. «No hay nada que hacer si no cambiamos desde nuestro interior», insiste. Un ápice de esperanza encuentra el cineasta en «el retrato de la amistad de dos locos buscando unos ideales que me parecen entrañables. Hemos intentado que esa locura traspasara la pantalla y llegara al espectador», apostilla.

La película es el resultado de «un proceso muy largo de maduración» a partir de una «masa ingente y amorfa de material» que culminó primero en doce horas de montaje, antes de acabar de «pulir el diamante en bruto que pensábamos que existía en su interior», según Aliaga, quien siempre pensó «en una película hipnótica y poética» surgida de cierta improvisación:«No recuerdo haber dado un guion escrito a los actores».

Cuando se le piden a los realizadores detalles sobre la estética, Valero dice haberse sentido influido por el género documental, que ha cultivado en el pasado. «Tardamos un poco en encontrar el tono», reconoce. La escasez de diálogos y la voz en off en francés fue un recurso para «que el espectador entrara en otro universo. Podía haber sido una voz en turco o en cualquier otro idioma. Inducimos al público a que haga ese viaje y el francés nos parecía la lengua más adecuada para ello. Es una cuestión de estética, una sensación que el inglés o el español no da», explica Aliaga.

Sobre la interpretación, «la elección de los actores no es azarosa». Francisco Gomis cura a las personas también en la vida real. Miguel Romero hace esculturas y construye máquinas. En Alicia, la avestruz (no supieron explicar muy bien el porqué de la elección de cada animal, a excepción de Gomis, que dijo haberlo visionado en un sueño premonitorio), buscaban un físico y una forma de moverse muy especial. «La vida real de los actores es lo que hace que la película avance», sostienen.

Filias y fobias

El equipo de El arca de Noé viene preparado para que su filme despierte filias y fobias. En el pase de prensa se llevaron pateos y algún aplauso. Al menos a Aliaga no parece importarle ni la reacción del público ni la de la crítica. «Hay muchas capas de lectura en la película, el background de cada uno hará que lo interprete de un modo u otro. Será el público quien acabe de dibujarla en su mente».

Confirma Aliaga que no hace cine para ser complaciente:«Nos preocuparía mucho que gustara a todo el mundo».

 

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