Mujeres que salvan películas

Arriba Juliette Binoche y Penélope Cruz. Abajo, Inma Cuesta y Natalia de Molina./
Arriba Juliette Binoche y Penélope Cruz. Abajo, Inma Cuesta y Natalia de Molina.

Juliette Binoche, Penélope Cruz, Inma Cuesta y Natalia de Molina aportan algo más que magníficas interpretaciones a los filmes por los que optan al Goya a la mejor actriz protagonista

JAVIER AGUIAR

Como en una partida de mus, dos actrices jóvenes y dos veteranas se jugarán el próximo sábado quién se lleva el premio gordo de la interpretación femenina. Difícil decisión la del jurado de esta XXX edición porque las cuatro, cada una en su estilo, han regalado a sus directores y a sus públicos grandes trabajos. Dos de ellas (Penélope Cruz y Natalia de Molina) prácticamente han salvado películas que no han recibido los favores de la crítica, mientras que las otras dos (Juliette Binoche e Inma Cuesta) han dado brillo e impulso a los títulos que defienden mejor acompañadas que sus compañeras de profesión.

Aunque las quinielas parecen inclinarse por Natalia de Molina, un valor en alza que ya guarda una Biznaga por este papel y un Goya de 2013, por galones y por cercanía es obligado empezar por la Binoche, que paseó su magnetismo por Valladolid antes de recibir la Espiga de Honor de la última Seminci y que protagoniza la película que clausuró la Semana en su sesenta aniversario, Nadie quiere la noche.

La actriz francesa da vida a Josephine Peary, mujer de la alta sociedad estadounidense y esposa de Robert E. Peary, el célebre aventurero decidido a convertirse en el conquistador del Polo Norte. En 1908, y pese a todas las recomendaciones en contra, decide reunirse con su marido y compartir con él la gloria del descubrimiento. Al final termina uniéndose a una mujer inuit en su lucha por la supervivencia, en un viaje que cambiará para siempre sus rígidas ideas sobre la vida y el mundo que le rodea.

Esta Binoche cercana a la cincuentena es el alma del undécimo largometraje de ficción de Isabel Coixet, una notable película que ha dejado algo fría a la crítica, quizá por el gélido paisaje en el que se desenvuelve. Su mirada y su presencia, fundidas en una naturaleza deslumbrante, son el eje de un filme en el que cuesta encontrar las señas de identidad de su directora. El suyo sería un Goya más que merecido y que, de paso, daría prestigio a unos premios algo huérfanos de glamour.

Otra consagrada que vuelve al hogar si alguna vez se fue después de haberse ganado los favores de la autoproclamada Meca del cine, como para desmentir la especie de que las actrices no encuentran papeles dignos a partir de los 40, es Penélope Cruz. La musa almodovariana se quita los brillos de Hollywood para meterse en la piel de una maestra en paro que sufre un cáncer de mama, pero que reacciona con una inusitada vitalidad para salir, y sacar a los su familia, de la espiral depresiva.

Ma Ma, el último largometraje de Julio Medem, ha sido cuestionado por su almibarado tratamiento de una historia al parecer no apta para diabéticos. Sin embargo también ha habido unanimidad en los juicios que defienden a Pe como la mayor aportación de la película, a la que para unos salva y, para otros, está cerca de alcanzar semejante milagro. La magia de este talento interpretativo, a cuya mayor gloria se entrega el filme, no ha perdido fuerza con los años y, por el contrario, ha ganado en registros, en presencia y en sobriedad. Ganadora de casi todo, incluidos un Oscar y tres Goya, siempre ha estado unida a unos premios que la deben reconocimiento y, además, agradecimiento.

Inma Cuesta es el rostro visible del salto a la pantalla grande de una obra de García Lorca, Bodas de Sangre, transformada en La novia, el segundo título de la realizadora Paula Ortiz (con el primero, De tu ventana a la mía se llevó el Premio Pilar Miró en la Seminci en 2011).

Ganadora de un Goya a la Mejor actriz por 3 bodas de más y bregada en exitosas series televisivas es el rostro femenino más reconocible de Aguila Roja, papel que le supuso otro Goya esta actriz valenciana criada en Jaen ha trabajado a las órdenes de algunos de los mejores directores españoles y lo hará este año a las de Pedro Almodóvar.

Es la protagonista indiscutible del filme que más nominaciones acumula para los galardones del cine español (doce) y triunfador en los recien celebrados Premios Feroz, con seis distinciones una, a la mejor actriz, para ella y sale más que airosa de ese torbellino de pasiones desplegado por el autor granadino.

Y, para el final, la señalada para el éxito. La más joven y primeriza del cuarteto, aunque también adorna sus estanterías con un cabezón, ganado en 2014 por su papel principal en Vivir es fácil con los ojos cerrados. Natalia de Molina da vida en Techo y comida a una madre soltera y parada que lucha contra todo para sobrevivir junto a su hijo. Una tragedia menos legendaria pero mucho más real y cercana a la que esta artista se enfrenta con una entrega y una autenticidad impresionantes en un papel de un dramatismo que sobrepasa la pantalla.

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