Noticias de «kesos» en el siglo X

De fondo, documento de la Nodicia de Kesos. /Biblioteca digital leonesa Saber.es
De fondo, documento de la Nodicia de Kesos. / Biblioteca digital leonesa Saber.es

Un inventario de los quesos consumidos por un monasterio leonés es uno de los documentos más antiguos escritos en lengua romance

Ana Vega Pérez de Arlucea
ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEAMadrid

«En la viña nueva cerca de San Justo, cinco quesos. En la del abad, dos quesos; en la que plantaron este año cuatro; en el Castillo otro, en la viña mayor dos quesos…» Así contaba Jimeno los quesos que había gastado el monasterio a lo largo del año, una tarea sencilla que no habría pasado a la historia de no ser porque al fraile se le ocurrió escribir la cuenta en el reverso de un documento importante (una donación de bienes) que con el tiempo acabó en el archivo de la catedral de León.

Así a priori, que fray Jimeno apuntara un queso de más o de menos les puede importar a ustedes un pepino, pero verán, es importante por dos razones. La primera, que este escrito es uno de los más antiguos existentes en lengua romance. La segunda, estrictamente personal pero qué más da, es que el monasterio de San Justo y San Pastor de Rozuela, donde se escribió este papelito, está a tiro de piedra de mi pueblo entre Vega de Infanzones y Ardón, al sur de la ciudad de León. No me digan que no es pinturero fardar de que la estirpe de uno proviene del lugar en el que se escribieron algunas de las primeras frases claramente diferenciadas del latín en la Península Ibérica.

Obviando el debate estéril acerca de si el texto de Rozuela es la base del castellano o del leonés, sí que puedo asegurarles que los expertos lo catalogan como uno de los testimonios más relevantes del paso del latín vulgar a las lenguas romances, una especie de primer eslabón en la evolución de los distintos idiomas que nacerían en nuestro país. Como tal, dista muchísimo de lo que nosotros podríamos leer y entender a primera vista. En realidad lo que pone en esas dos columnas escritas en el manuscrito 852v del archivo catedralicio es más o menos esto: «Nodicia de kesos que espisit frater Semeno: In Labore de fratres In ilo bacelare de cirka Sancte Iuste, kesos U; In ilo alio de apate, II kesos; en que puseron ogano, kesos IIII; In ilo de Kastrelo, I; In ila uinia maiore, II; que lebaron en fosado, II, ad ila tore; que baron a Cegia, II, quando la taliaron ila mesa; II lebaron Leione; II …(ininteligible)… Uane Ece; alio ke leba de sopbrino de Gomi de …; IIII que espiseron quando llo rege uenit ad Rocola; I qua Salbatore ibi uenit.»

Es decir, noticia o relación de los quesos que gastó el hermano Jimeno (Semeno). En el trabajo de los frailes en el bacillar (viña nueva) donde San Justo, cinco; en el del abad, dos; en el que pusieron hogaño cuatro, en el de Castrillo uno, en la viña mayor dos, que llevaron en fonsado (fonsar, hacer fosos o enterrar) a la torre, dos; que llevaron a Cea cuando cortaron la mesa, dos; dos que llevaron a León … otro que lleva el sobrino de Gomi … cuatro que gastaron cuando el rey vino a Rozuela y uno cuando vino Salvador aquí. Están pensando ustedes que se parece como un huevo a una castaña, sí, pero lo fundamental es que el amigo Jimeno escribió este texto marcando diferencias sustanciales respecto al latín, como la distinción entre el sonido c y k , el uso de preposiciones en vez de declinaciones, la presencia de artículos y de formas verbales propias del romance (puseron, lebaron, taliaron).

El inventario de Jimeno está fechado en torno a 974 porque fue en esa fecha cuando el rey Ramiro III visitó el monasterio de Rozuela. Ligeramente anterior pues a las glosas emilianenses y silenses. Pero de todo esto, ¿no les parece fantástico que tamaña prueba documental esté dedicada a llevar las cuentas de la despensa? ¿Y que el queso haya acabado siendo protagonista de los orígenes de nuestro idioma? Otro día hablaremos de cómo podrían haber sido y sabido los famosos kesos de Rozuela. De mientras pásense por León si lo tienen cerca, que está de fiestas por San Froilán, luce capitalidad gastronómica y nunca es mla día para comer morcilla.

 

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