Serrat cautiva a sus fieles en el Miguel Delibes

Serrat interpreta uno de sus temas durante el concierto. /Ricardo Otazo
Serrat interpreta uno de sus temas durante el concierto. / Ricardo Otazo

El cantautor abarrotó el auditorio con los temas más clásicos de su carrera musical

SAMUEL REGUEIRAValladolid

Este mes de diciembre serán 75 las primaveras que verá Joan Manuel Serrat; un artista que, pese a lo que dice en varias entrevistas, goza de tan buena salud pese al paso del tiempo como su legado musical. Y llegó anoche el cantautor al Auditorio Miguel Delibes, que registró un lleno absoluto con sus fieles, dispuesto a echarle un pulso al tiempo mismo, con un espectáculo ininterrumpido de más de dos horas en las que no faltaron ninguno de sus temas clásicos más emblemáticos, una visita a Valladolid de inmejorable sabor de boca para sus incondicionales que se integra dentro de la gira 'Mediterráneo Da Capo'.

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El concierto empezó, como no podía ser de otra forma, con 'Mediterráneo', pieza que bien sirve para denunciar la situación de desamparo de los inmigrantes que claman ante una Europa ineficiente, bien para articular una concordia más que necesaria en una sociedad española cada vez más polarizada en sus ámbitos públicos, políticos y socioculturales. Y es que todavía no ha nacido, en el Mediterráneo, persona española que no disfrute, tararee o vagamente conozca la letra de una canción que hace más por la armonía, tanto musical como nacional, que el himno del país.

Tras 'Qué va a ser de ti', vagabundeó en su barquito de papel hasta aquel pueblo blanco donde «por no pasar, ni pasó la guerra», y entonó al 'Tío Alberto'; que posteriormente dio paso tanto a 'La mujer que yo quiero' como a la más bella historia de amor que tuvo y tendrá, 'Lucía'. Con el poema de León Felipe 'Vencidos', su también exitosa 'Aquellas pequeñas cosas', 'Caminante no hay camino' y, de nuevo, 'Mediterráneo', terminó Serrat de pasar revista a aquel álbum de 1971 que revolucionó la historia musical de España, y que rememorado hoy supone un viaje catártico a un pasado individual y a la vez colectivo, tanto para su creador como para sus escuchantes.

Terminó el viaje, pero no el concierto. Porque Joan Manuel Serrat continuó obsequiando al público con éxitos, propios y ajenos, donde no faltaron la tierna 'Penélope' o el himno 'Para la libertad', así como versiones de 'La mer', de Charles Trenet, y 'Tatuaje', de Concha Piquer, o de su propio tema 'La lluna', aquí cantado en castellano. Anoche Serrat se esforzó, hasta conseguirlo, que el sábado pudiera ser un gran día.

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