Para sentir la ópera

Un piano tocado por Mozart./Paco Campos (Efe)
Un piano tocado por Mozart. / Paco Campos (Efe)

Una exposición recorre los últimos 400 años de Europa a través de ocho piezas de bel canto de otras tantas ciudades

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Basta con colocarse los auriculares y dejarse llevar por una experiencia rica y audaz. Porque 'Ópera, pasión, poder y política', la muestra que hasta el próximo 11 de agosto permanecerá abierta al público en el CaixaForum de Madrid, no es una exposición al uso sino que traza un recorrido por la Europa de los últimos 400 años a través del bel canto. Y lo hace de forma atípica: al ritmo que marca la música que el visitante lleva en sus oídos y que se acompasa, por obra y magia de la tecnología wifi, a la cadencia con la que uno recorre las distintas estancias.

Concebida por el Victoria and Albert Museum, la exposición se detiene en ocho ciudades, ocho compositores y ocho estrenos de forma cronológica, descubriendo cómo los factores sociales, políticos, culturales y económicos interactúan con grandes momentos en la historia de este género total, en el que se fusionan todas las artes. Comienza con la decadente Venecia que asistió al estreno de la 'La coronación de Poppea', de Claudio Monteverdi, en 1642, y acaba en Leningrado, con la puesta de largo de 'Lady Macbeth del distrito de Mtsensk' (1934), de Dmitri Shostakóvich. Antes pasa por Londres con 'Rinaldo' (1711), de Georg Friedrich Händel, donde se detiene brevemente en el fenómeno de los castrati –«las primeras estrellas del pop», dice la comisaria de la exposicion, Kate Bailey–; el mundo ilustrado de Viena y 'Las bodas de Fígaro' (1786), de Mozart; Milán y 'Nabucco' (1842), de Verdi; París y 'Tannhäuser' (1861), de Wagner; Barcelona y 'Pepita Jiménez' (1896), de Isaac Albéniz, y Dresde y 'Salomé' (1905), de Strauss.

Dice Bailey que la intención de la muestra es «transportar al visitante a aquellas sociedades» y «arrojar luz desde el Renacimiento hasta el presente en un viaje inmersivo». El objetivo se cumple. Así, cuando uno irrumpe en Milán y en el estreno de 'Nabucco', casi puede sentirse en el corazón del coro. La también productora en el Departamento de Teatro y Artes Escénicas del V&A dice que para lograr tal efecto todos los miembros de un coro «grabaron de forma individual» uno de los pasajes más conocidos de la obra, de tal forma que «uno puede sentir la poderosa fuerza de la ópera».

Y mientras la música y los comentarios que Josep Pons, director de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo, ha grabado para la ocasión envuelven al visitante, éste se puede recrear con los más de 300 objetos originales, procedentes de más de treinta instituciones, que la muestra pone a su alcance. Hay de todo. Desde un piano de caoba a cuyas teclas estuvo el genial Mozart, propiedad del Museo de la Música Nacional checo, hasta la partitura original del 'Nabucco' de Verdi, pasando por el retrato de Monteverdi que elaboró Bernardo Strozzi y que preside la primera galería del recorrido.

Un clavicémbalo primorosamente decorado con motivos de Venus y Cupido, varios instrumentos de cuerda y viento, carteles propagandísticos, planos, grabados, pinturas, objetos propios de la escenografía del momento, que bien pueden servir para hacerse una idea del contexto social de cada época, o el hermoso vestuario barroco que reposa en la sección de Londres –«son tan frágiles que han estado guardados en unas cajas hasta ahora», explica Bailey–son solo algunos de los cientos de elementos disponibles en la muestra.

Un compendio al que se añade una nota más con respecto a la exhibición que ya se pudo ver en Londres en 2017 y 2018. Y es que la exposición se ha ampliado con la inclusión de 'Pepita Jiménez', de Albéniz. «Hemos podido adaptar la muestra a nuestra identidad nacional con un compositor español. Queríamos reflejar la especial contribución al mundo de la ópera del Gran Teatro del Liceo, que cumple ahora veinte años desde su reconstrucción tras el incendio de 1994», explica Elisa Durán, directora general adjunta de la Fundación Bancaria la Caixa. Objetos personales del compositor, así como un retrato de Ramón Casas, aguardan en esta estancia dedicada no solo al maestro sino a la efervescente Barcelona de finales del XIX, en plena expansión e inmersa en una lucha de clases que daría lugar a toda una serie de cambios sociales, y a un espacio escénico cuya fundación está íntimamente ligada a la burguesía.

«Muchas personas creen que la ópera no está al alcance del público general. Nuestro objetivo es romper esa barrera invisible y lograr que el género lírico llegue a la gente», sostiene Durán. A ojos del director del Liceo, Valentí Oviedo, la exposición va camino de lograrlo.