Pablo López: «El piano es el que pone la primera semilla en mis canciones»

El cantante Pablo López. /Luis Ángel Gómez
El cantante Pablo López. / Luis Ángel Gómez

El artista presenta este sábado su último trabajo discográfico en el Polideportivo Pisuerga

PAULA CARRIBA ALONSOValladolid

Nacido en Fuengirola hace 34 años, aunque seguro que lo anhelaba, jamás pensó llegar hasta donde su 'Camino, fuego y libertad' le ha conducido. De los 62 conciertos ofrecidos durante esta gira ha alcanzado la friolera cifra de 56 con toda la taquilla vendida. Pablo López llega este sábado a Valladolid, por segunda vez este año de la mano de Pandora Producciones, habiendo logrado en su primera visita un lleno absoluto en el Centro Miguel Delibes. Esta noche estará en el Polideportivo Pisuerga con una previsión de venta de entradas muy similar a la cosechada en abril. Acompañado de sus mejores amigos en el escenario y fuera de él, a los que denomina La Paz (Félix Fanlo), El Futuro (Kim Fanlo), El Gurú (Matías Eisen) y El Inevitable (su inseparable hermano Luis), entre otros, volverán a provocar al público para que cante con ellos todo el repertorio.

–¿Cómo comienza el proceso creador de sus temas?

–El momento en el que se comienza a componer una canción siempre empieza con el piano. El piano es el que manda. Es el dictador de todo lo que va a pasar después, de todos los tiempos. Es el que pone la primera semilla. Por eso siempre digo que soy más músico que letrista.

–En algunas ocasiones ha dicho que los malos momentos son los más favorecedores para la creación de temas y lleva ya unos cuantos.

–No me refería a malos momentos. Fue en alusión a este último trabajo de 'Camino, fuego y libertad', en un periodo de transición, de catarsis,… Y en ese caso, se puede considerar que es lo que me iba ayudando, era lo que, quizá, me sacaba de una línea más alterada.

–Sus letras comienzan a tener tintes de denuncia.

–Es que ya no puedo hacerlo de otra forma. Soy una persona que no puede evitar ser permeable absolutamente a todo lo que le pasa alrededor. Y lo que escribo es lo que soy. Si estoy cabreado por una mentira y lo puedo soltar en ese momento, pues lo digo.

–¿Ser un alma libre es un problema para la discográfica?

–No, la verdad es que donde estoy es una de las cosas más importantes que tengo. Ellos ya directamente ni me preguntan. Lo bueno es que tengo un equipo con el que contrasto; sobre todo me escuchan, simplemente, y qué bonito es.

–Siempre comenta que es introvertido y vergonzoso, ¿no es incompatible con su profesión?

–En absoluto. Los que hacemos este tipo de música o tenemos esta forma de escribir canciones somos bastante parecidos, con un mundo interior muy amplio en el que si abres la puerta hay hasta eco. Pero eso hace que una gran parte de uno mismo esté bajo la capa de la timidez y la introversión. Esto no quita que podamos tener muy buenas relaciones personales con el resto de gente y tengamos la capacidad de ponernos delante de tanto público. Piensa que, cuando estoy encima del escenario, es cuando estoy en mi máxima intimidad. Parece una paradoja, pero no. Por eso yo me subo hasta mi taza.

–¿Qué es lo que más le gusta de este mundo de la música y lo que menos?

–Para mí el mundo es la música. Pero si te refieres a lo que se mueve alrededor de él, lo mejor es poder andar con tus mejores amigos, por ahí, viajando, dando conciertos, estar en el estudio... En definitiva, hacer lo que más te gusta, y poder abusar de la música, a diario. Lo que menos, los prejuicios de la gente que pueden llegar a hacerte daño. Que te digan que tenemos que ser de una manera o de otra... Yo soy un niño que toca y ya está.

–¿En qué invierte su tiempo libre?

–En el trabajo más difícil que hay, que es hacer otras cosas que no estén relacionadas con la música.

–¿Cuál ha sido el último concierto al que ha asistido como espectador?

–He ido a ver a Roger Hodgson, líder de Supertramp que es, como mucha gente sabe, uno de los referentes más grandes en mi vida. Tuve la coincidencia divina de que en el festival en el que quise tocar toda mi vida, el Cap Roig, en Gerona, los días previos a mis conciertos, actuó él. Mi hermano y yo disfrutamos de su actuación, hablamos con él,… fue maravilloso.

–¿A qué artistas podemos encontramos en sus listas de reproducción?

–Daft Punk, espera que miro la playlist, que tengo un crisol,… Love of Lesbian, Vetusta Morla, Frank Sinatra, Michael Jackson, Robe Iniesta, Leonard Cohen, Tabletom –que es un grupo histórico malagueño–, David Bowie, Diana Krall, The Beatles, Hans Zimmer, evidentemente, Izal, Alejandro Sanz por un tubo, Pink Floyd…

–¿Hay silencio en su vida?

–Procuro que no, porque me parece el más asqueroso de los ruidos.

–¿Algún ritual antes de comenzar sus conciertos?

–Abrazar y estar rodeado de mucha gente.

–En su concierto de abril afirmó que Valladolid es un lugar especial para usted. ¿Es eso realmente cierto o sólo quería ganarse al público?

–No estoy en contra de la costumbre de agasajar al público y hay veces que se puede llegar a hacer, incluso, porque uno está emocionado, pero no fue mi caso. Valladolid es especial para mí por varias razones. Es una ciudad en la que, cada vez que voy, me ocurre algo especial. Uno de los primeros premios que recibí fue en Valladolid. Parte de los López, dos de mis primos, se mudaron aquí y he empezado a verlos otra vez gracias a los conciertos. Pero la razón principal por la que esta ciudad es especial para mí es porque el 7 de septiembre de 2015 fue el día en el que di el primer concierto de mi gira anterior, en la Plaza Mayor durante las fiestas. Se sumaban muchos factores: era un gratuito y yo no suelo hacer este tipo de conciertos, principalmente, por mi miedo escénico. Estaba acojonado. Cuando paso miedo por lo que más me importa en este mundo, que es tocar, se me queda clavado en la mente. Yo estaba en el hotel y no quería ir a tocar. Pensaba que no iba a ir nadie. Luego, la plaza se llenó. El público se portó impresionante. Canté por primera vez 'Tu enemigo', no la conocía nadie y yo la estaba cantando allí. ¡Imagínate si no tengo nexos y cordones umbilicales suficientes para estar unido a Valladolid!

–Se le ha visto emocionado en muchas ocasiones cuando interpretas la conocida canción de El Patio, pero en el concierto de abril tuvo que salir del escenario.

–La canción de El Patio la uso como un elemento para desahogarme, para intentar responder a lo que no tiene respuesta. Esos días de abril no fueron muy buenos. Aguanté toda la semana, pero con toda la mezcla de sentimientos allí en Valladolid, exploté. Pedí perdón varias veces al público. Sé que la emoción apremia, pero la he estado usando de una manera salvaje. Tenía tocado el corazón, más de la cuenta.

–Se ha declarado un amante del buen vino y en concreto del blanco ¿cuál de todos los que existen en Castilla y León le tiene más enamorado?

–A pesar de que me encantan varios vinos de esta tierra y no me gustaría dejar ninguno fuera, ahora mismo, estoy enamorado del de Tomás Postigo. Se ha hecho un vinazo.

–De cada lugar al que acude guardará muchos recuerdos, ¿cuáles se lleva de Valladolid?

–Muchos, pero me quedo con el público. Canta las canciones de una manera… Las cantan en todas partes bien, pero en Valladolid cantan fuerte. Estoy deseando que llegue el momento del concierto como agua en mayo.