Pablo López emociona en el Pisuerga

Pablo López, durante el concierto. /Ricardo Otazo
Pablo López, durante el concierto. / Ricardo Otazo

Interpretó ante 3.000 personas los temas de su disco 'Camino, fuego y libertad', así como los más emblemáticos de su carrera

PAULA CARRIBAValladolid

Y, como era de esperar, triunfó. Con una puntualidad rigurosa, las características luces cálidas sobre fondo negro que alumbran el escenario de la gira Tour Santa Libertad de Pablo López y las notas de su primera canción del concierto, 'El camino', de su último trabajo, 'Camino, fuego y libertad', inundaron cada rincón del polideportivo Pisuerga.

Su inseparable piano le esperaba, en el lugar de siempre, para experimentar esa simbiosis de ambos, entre las falanges del artista y las teclas del instrumento que, hoy por hoy, le han llevado a estar en lo más alto del panorama musical nacional.

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Desde el mismísimo comienzo, el público asistente, unas 3.000 personas, demostró a López que sabe corear sus canciones. ¡Y vaya que si saben! Estaban preparados para disfrutar de esa noche con él y con sus inseparables amigos y compañeros Matías Eisen, al bajo, y Félix y Kim Fanlo, batería y guitarra, respectivamente. Todos, público y artistas, unidos en un único sonido: las canciones de un nacido en Fuengirola, de 34 años que, con el recorrido de su camino, en compañía de su fuego particular y su grito inigualable a la libertad, consiguieron traspasar los corazones de miles de personas en Valladolid.

Porque Pablo López no estaba solo. Además de todo el elenco de profesionales que le acompañaba fuera del escenario, junto a él, Eisen y los Fanlo, también se dejaron la piel pero, sobre todo, disfrutaron de la noche.

Temas de este último trabajo, 'El niño', 'El incendio', 'El teléfono' o 'La libertad'; y canciones de los anteriores, 'Hijos del verbo amar', 'El mundo', 'Lo saben mis zapatos' o 'Tu enemigo'. Cualquier letra tuvo el acompañamiento del público. Pero la quinta canción, la que a tantas almas ha cautivado desde que la presentó, 'El patio', hizo que el polideportivo enmudeciera, paradójicamente, con la emoción que salía a borbotones de las gargantas de los asistentes.

Sea como fuere, Pablo López no solo cantó e interpretó sus temas. Hizo sonreír y reír al público cuando se dirigía a él. Con ese desparpajo introvertido/extrovertido que le caracteriza. Diciendo las cosas, tal cual las siente e incluso respondiendo a alguna palabra más alta que otra entre el público, como ya hizo en su anterior concierto celebrado en abril, en el Auditorio Miguel Delibes.

Un público de todas las edades, jóvenes, mediana edad y mayores que consumen su música y sus letras y que no dudaron en aplaudir con un simple gesto de la mano derecha de un Pablo López, sentado al piano, con el que parece que sabe expresar a la perfección no sólo lo que él lleva dentro sino lo que muchos han experimentado de alguna forma en su vida.

Él, como siempre que acude a Valladolid, embriagado por la emoción, se entregó en cada nota, en cada golpe sobre su piano, en cada pulso sobre las teclas, en cada acorde y en cada letra. Y es que, ya lo ha confesado: siempre le ocurre algo cuando sus conciertos le traen hasta aquí. Nos queda la duda de lo que le habrá sucedido en esta ocasión durante su viaje en nuestra ciudad.

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