Día de la Música: Nada que celebrar para cien baterías de Valladolid

Concierto con motivo del Día de la Música en Valladolid. / Rodrigo Jiménez

El colectivo Baterías Ouyear critica las condiciones precarias en las que vive el sector, la falta de apoyo y de espacios para actuar, y los obstáculos que tienen para tocar en la calle

El Norte
EL NORTEValladolid

La Fiesta de la Música encontró en su origen dos razones de ser: por un lado se daba la oportunidad a los músicos aficionados para que salieran a la calles y mostraran todo su talento, y por otro se organizaban conciertos gratuitos para que el público en general -principalmente aquellos que no pueden acceder el resto del año a conciertos privados- presenciara en directo a sus artistas preferidos sin importar el estilo ni origen. Bajo estas dos premisas se viene celebrando el Día de la Música en 120 países y más de 700 ciudades, una fecha que se hace coincidir con el solsticio de verano y a la que se ha sumado Valladolid en sus tres últimas ediciones.

En esta ocasión son más de 120 bandas las que se reparten por 24 escenarios de la ciudad, 12 de ellos dedicados a los grupos locales, en una celebración que no ha satisfecho a todos por igual. En el caso del colectivo Baterías Ouyear, el Día de la Música tiene muy poco de fiesta y mucho de trámite vacío de contenido. Así lo han plasmado en un manifiesto, en el que se lamentan que no se promuevan espacios ni se apoye su creación, «cuando es esencial disponer de espacios físicos adecuados para el desarrollo de actividades musicales multidisciplinares con el fin de evitar su dependencia de intereses particulares o la sumisión a los dictados del mercado, que impone la rentabilidad comercial como único objetivo y las grandes empresas discográficas como principales beneficiarias del trabajo musical, relegando así a un segundo plano la calidad y diversidad musical».

El manifiesto, firmado por cien baterías de Valladolid, incide en las indignas condiciones en las que se encuentra el sector musical. «Estamos sometidos a unas condiciones de gran precariedad, rodeados de dificultades para acceder a un mercado laboral sin cobertura alguna» y con problemas para tocar en la calle, según apuntan. «Además, los conciertos que no entran en los grandes circuitos comerciales están en manos de la arbitrariedad característica de este sector, lo cual nos coloca en una situación de indefensión legal frente a los intereses económicos de quienes verdaderamente se apropian de su trabajo: hosteleros, discográficas, representantes e incluso algunas instituciones que colaboran con empresas privadas en las concesiones de la gestión pública de escuelas, locales, espacios musicales para su formación, desarrollo y promoción, saltándose los procedimientos establecidos para ello».

En su escrito, este colectivo va un poco más lejos y apunta a la «desregulación de un sector laboral que agrava unas condiciones de vida muy precarias que toman siempre como punto de partida la falta de reconocimiento laboral de esta profesión, la negación de su esfuerzo y la formación previa de las y los trabajadores de la música», suscriben, lamentando que «el valor social que genera la música para el desarrollo intelectual y comunitario de la sociedad» no redunde en quienes desempeñan este trabajo. «En esta coyuntura actual es cada vez más difícil para los músicos vivir de su profesión. Su dignidad no se logra improvisando normativas puntuales que saltan a escena, curiosamente, al calor de campañas electorales», sostienen.

Crítica a la gestión municipal

Las quejas del colectivo Baterías Ouyear apuntan también a las instituciones, en este caso al Ayuntamiento de Valladolid, «que participa de esta falta de apoyo como ya ha demostrado al no modificar o aplicar normativas que permitirían disfrutar en esta ciudad de escuelas de música verdaderamente municipales», señalan, al mismo tiempo que reiteran «la ausencia de compromiso político real a la hora de poder disponer de locales de ensayo públicos que motiven la formación de nuevos grupos y la implicación de la gente más joven; de poder acceder a ayudas para la compra de instrumentos y materiales, y de la organizar conciertos en condiciones de igualdad».

El manifiesto concluye con una llamada a la reflexión: «Somos muchos y muchas las músicas que vivimos sin apenas derechos laborales, y con esta iniciativa colectiva y plural pretendemos generar la necesaria reflexión, autocrítica y cuestionamiento de una realidad laboral, cultural, social y política que afecta a nuestras vidas. Como especialistas del ritmo sufrimos una mayor hostilidad del mercado y de la propia profesión y creemos que afrontar nuestros problemas significa empezar por radiografiar nuestra situación desde su fondo más allá de reivindicaciones puntuales sin futuro».

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